Siempre!

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Aquí te espero… Como siempre 

 

No soy de las que usualmente se maneja con los “Siempre“, pero mi amor en esta hora, no conoce otra palabra.

Aquí estoy, como siempre… Junto a mi faro, como siempre… Y tú no estás,               .

Mi amor te espera, como yo… Siempre

 

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¡La espera de mi alma!

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Mi alma te busca, no cesa. Como loca sin razón, te añora.

Subo a lo más alto, buscando tu rastro y aunque no te veo, te presiento.

Tu olvido no me alcanza, no lo quiero. Me quedo en mi alma… Ahí contigo.

Lo absurdo de esta espera, me recuerda que la lógica no existe para el que ama.

Tu corazón distante, me recuerda… Mi alma abraza la tuya y se enciende la llama.

No sé de tiempo, solo de lo que siento, te espero.  Tú sabrás de posibles encuentros.

Tus pasos llegaran algún momento, al rincón de mis deseos, nos veremos.

 

Desde el Faro, Gracias!

Gracias!

Mi territorio expuesto,
Lo hiciste tuyo,
Inundaste todo con
Tus huellas
Tu bandera blandió
Cuál dulce espada,
Delimitando tus límites
Y fronteras.

Como quien va a la guerra
Te enfrentaste
Con el miedo al dolor,
A la derrota
Como fuerte soldado
Avanzaste,
Paso a paso,
Como un gigante obtuviste
La corona.

Hoy son todos tuyos
Mis terrenos,
Los que se ven tangibles,
Los etéreos,
Aquellos que a nadie
Nunca dije
Esos que están entre el amor,
La fantasía
Y hasta los sueños.

Ya no hay caminos a los
Que no me atreva,
Recorrer de tu mano
Aunque me asuste,
Podrían conducirnos al
Abismo,
Caer a lo profundo,
A lo que arde
Aunque también podríamos
Ir juntos a la fuente
Esa que llena y sacia,
Del amor inagotable.

Por eso y más,
Quiero darte la gracias
Por subir conmigo
En mi locura,
Cada espacio de mí
Tiene tu sello,
Cada noche deseo,
Sin que llegue la aurora,
Que entraras nuevamente
Y fueras mío,
Y así poder vivir
Sólo este ahora,
Que me hace vivir
Agradecida y
Sin olvido.

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Subamos al Faro… volverás? II

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Al abrir los ojos yo estaba en la cama de la habitación que tanto Marco como Natalia me habían preparado para las veces que no podía irme, y esa vez realmente así era una de esas.  A pesar de lo nublado que estaban mis ojos o más bien mi mente,  la ví a ella sonreír allí, cerca de mí.
– Natalia… yo… ¡me duele.!!! Y mis lágrimas comenzaron a salir a borbotones otra vez.
– Calma niña, calma, todo va a estar bien. Con su mano en la mía,  dulcemente como una madre, intentaba por todos los medios de consolarme y animarme.
– ¿ Cuánto tiempo llevo aquí?… ¿y él? Ayyyy…. y el llanto me ahogó nuevamente por completo.
– Descansa Esperanza, descansa.  Volví a dormir, algo me habia dado Natalia en el agua que me bebí por su insistencia, algo para que descansara… pero sin él… no había descanso alguno para mí.  Simplemente me sentí caer cada vez más en el pozo profundo del dolor.  Él no estaba, y mi mente, mi cuerpo, mi piel solo sabían preguntarme ¿donde está?  Y ante la falta de respuesta, un estado de inconsciencia era el mecanismo de defensa que mi organismo habia determinado usar.  ¿Cuánto tiempo pasó? Dicen que mucho más del que era prudente… pero saberle lejos de mí,  de mi alma era simplemente insoportable… una eternidad en el infierno.

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Cuando volví en sí otra vez, tanto Marco como Natalia estaban a mi lado, y la expresión de ambos era de gran  preocupación.
– ¡Gracias a Dios que reaccionaste! Casi entre lágrimas y risas los dos ancianos se miraban y tocaban mis manos.
– ¡Vamos niña linda!… Debes sobre ponerte. -Vamos, es hora de continuar.  ¿Porqué no subes  al Faro, allí siempre te animas, te encuentras, eres otra al volver.
Pero al pensar en el Faro y todo lo vivido allí…  el amor, la pasión, la entrega, su compañía, todo… se me vino encima y el dolor desgarradoramente hizo su peor aparición. Las lágrimas no podían salir… era cono si el dolor al no encontrar escape se concentrara en toda la esencia de mi ser. En realidad, nunca habia experimentado sufrimiento igual… era la muerte de una forma intensa y muy lenta. Y sólo alcancé a decir:
– No podré estar más allí… no creo que pueda…
– Si podrás, vamos niña, si podrás. Natalia hacia su mejor esfuerzo por animarme y que de alguna manera me entusiasmara como siempre en hacer la subida.  Pero todo era inútil.
Pasaron algunos días y continúe igual, no quería ni siquiera pararme de la cama.  Yo no volví a salir de aquella habitación, comía lo poco que Natalia conseguía obligarme a hacerlo… no supe del mundo, no supe de él, ya nada me interesaba…
Y un buen día vinieron a verme, tocaron y entraron en la habitación ambos, temprano antes de salir a hacer sus vueltas,  y decidieron correr las cortinas (en contra de mi voluntad) me sacaron prácticamente cargada de la cama y ella con la bondad de una madre,  me persuadió para que me diera una ducha fría,  a ver si mi circulación y el ánimo se restauraban. Accedí porque no tenía fuerza para contrariar a nadie.  Al marcharse ellos, yo me quedé en el baño, secando mis cabellos. Realmente el agua fría me habia sentado bien. Mi cuerpo de alguna manera se había restablecido, pero mi ánimo no, y era eso lo que realmente les preocupaba. 
Escuchaba decir a Natalia con recurrencia que: “Si no nos sacudimos la tristeza, ella nos puede matar“, por eso no me dejaban a merced de mi gran tristeza y siempre estaban por allí.  Se despidieron de mí, a través de la puerta del baño y  dejaron, adrede,  la ventana abierta y yo al salir del baño a medio vestir, sentí como el viento entraba por ella, casi sacudiéndome o empujándome. Quise acostarme nuevamente y el viento no me dejó….  decidida me paré a cerrar la ventana, pero el viento me hizo como volver en sí, me recordó como soplaba cuando estuvimos en la linterna, como lo sentí  cuando caminamos a la orilla del mar…  Su fuerza y casi su voz me impulsaba a salir de allí, así que sólo me deje llevar. 
Salí de la casa de Marco y Natalia,  y en la medida que sentía el viento y miraba aquel dia tan hermoso y el azul tan intenso,  simplemente mi corazón dio un salto; caminé hasta la entrada del Faro y al llegar allí inevitablemente mis ojos se inundaron de lágrimas. Una vez más el viento me empujó y entré. Todo estaba apagado.
Encendí la luz de la planta baja, no la azul, no quería recordar los colores… y todo lo que implicaban en cuanto a los sentimientos para mí… debia ir con precaución;  ya que a pesar del tiempo transcurrido mi amor estaba intacto y mi alma desecha por no tenerlo. De pronto comencé a escuchar una canción conocida, que venía desde la parte más alta del faro y caía como una lluvia de sutiles melodías. 
Esto me sorprendió, ya que yo había pensado en algún momento colocar música en el lugar (de hecho traía conmigo generalmente audífonos para escuchar música) , pero eso era uno de los proyectos que aún no había terminado. Pensé que podía ser el señor Marco,  así que simplemente me senté en el primer escalón.  Empecé a oír pasos que descendían y preferí quedarme allí, inmóvil.  Para mí,  no había otra posibilidad además de que Marco fuera quien estuviera bajando, ya que con regularidad él debía revisar el Faro y además estaba pendiente por si yo estaba por alguno de sus rincones…
Los pasos se iban escuchando cada vez más cerca y al cabo de unos minutos los sentí tan solo en el piso anterior. Yo seguí allí sentada, sin voltear, pretendiendo que aquel Faro simplemente me tragara. Los recuerdos del amor, me empezaban a sepultar… hasta que así,  sin más,  escuché una voz que dijo:
-Pensé que cuando estuvieras aquí, subirías enérgicamente, anhelando lo que te esperaba en el último piso…
Esa voz… no era la del señor Marco… por unos segundos pensé ¿acaso me estoy volviendo loca? ¿Era él, era su voz? Giré mi cabeza y lo ví… bajando por la última escalera del piso zul, hasta llegar a donde yo estaba simplemente tirada en un escalón.

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-¿Eres tú? (Mi voz era temblorosa)
– ¡Claro, soy yo..! ¿quien si no yo..? Y tu voz lleno todo el lugar. Viéndote,  ahí tan cerca… eres tú,  es tu sonrisa!  no pude más que quedarme pasmada.
– Pensé… que era… el señor Marco, … este es su Faro.
– Este es “nuestro” Faro, Esperanza. Bajas hasta donde estoy yo y procedes a agacharte dándome el frente hasta quedar a mi mismo nivel.
– Estaba preocupado por tí, era como que no querías reaccionar… mejor dicho estábamos preocupados, porque Marco y Natalia también lo han estado.
– No sabía que estabas aquí, que habías vuelto… no pensé que te vería otra vez.  Tomas mi cara en tus manos y me miras fijamente a los ojos… mis lágrimas empiezan a caer. Sólo te alcanzo a decir:
– Perdóname si esa es la razón que te ha hecho volver… porque quizás supiste que estaba algo indispuesta y eso… No puedo articular más,  el llanto no me deja casi ni hablar. – Yo… no quería que volvieras así, por esa razón, yo quería… que estuvieras bien, que no te sintieras presionado por nada…
– ¡Esperanza shhhh… mirame! Tus dedos sobre mis labios intentan que no hable más.
– Es que yo…
– ¡Esperanza, por favor..! ¡Escúchame..! Sostienes mi cara e insistes en que te mire. Mis lágrimas corren silenciosas…
– Cuando te dejé en la playa, iba destrozado.  No entendía como eras capaz de dejar que me fuera, por momentos llegue a pensar que no me amabas y eso me dolía demasiado, sentí rabia y desolación de solo imaginar que lo que vivimos aquí y allá no fue suficiente para que no me dejaras ir o que no te importara. – Pero antes de montarme en mi carro, ví la casa del señor Marco y decidí entrar… ya que a pesar de atormentarme con esos pensamientos, también recordaba lo sensible que eres y como sientes… y si yo estaba en lo cierto… me parecía que dejarte allí sola era como  dejarte a merced del dolor, del sufrimiento,  de la muerte de algún modo…
– Y fue exactamente así… te fuiste y sentí que me rompí en muchos pedazos. Esperaba que reaccionaras y no te fueras (pero por tu voluntad) y al entender que eso no ocurriría mi desolación fue tal, que ni siquiera pude moverme más de allí. Yo ya no…
– ¡Óyeme..! por favor, respira… ten calma… quiero por lo que tú más quieras, que me prestes atención.  Me levantas y estamos ya de pie en la planta principal, uno frente al otro.
Yo, como no sabiendo hacer otra cosa, simplemente voy dando pequeños pasos hasta tí, me acerco toda… tu me abrazas y cierro los ojos, creo que ya no puedo más, mi vida es ahí… en tí. Te separas un poco e insistes una vez más en que preste atención a tus palabras.
– Escúchame,  Esperanza.  Cuando me fui, hubo momentos en que pensé que no volvería jamás a este lugar,  ni a tí.  Esperaba que tu corrieras tras de mí, o que al menos gritaras “No te vayas”, y nada de eso sucedió… salí de este lugar y me alejé muy rápido, a toda velocidad, lo más que pude… pero ¿sabes? Fue algo muy doloroso.
– Llegué al que pensé era mi lugar, mi mundo… creyendo que allí iba a estar mejor, que hasta ahí no me alcanzaría todo esto vivido contigo,  y que tú y todo lo que siento se quedaría aquí. -¡Pero que va… no fue así..!  no hubo un segundo lejos de ti, que no te pensara, que no te sintiera.
-Tú estás en mí.  (Y ahora somos dos los que lloramos). Continuas hablando y yo sólo te observo.
-La vida Esperanza, por ese tipo de cosas que no alcanzamos a entender, nos permitió encontrarnos ahora, en este tiempo, no antes, no después, y este, nuestro “ahora” nos pertenece… y no se que va a pasar y aunque también los dos sabemos todo lo que se interpone entre  tu y yo, tenemos esto, y este Faro que es “nuestro“. Este lugar ha servido para marcar la luz hacia lo que sentimos, por tanto no lo vamos a perder.
-Escúchame bien…
Yo simplemente asiento con mi cabeza y te miro en señal de prestarte toda mi atención.
– Habrá momentos en los cuales no estaremos aquí, por razones tuyas, por razones mías, pero eso no significa que no estamos juntos, porque nuestra alma y corazón si lo  estarán. Lo más importante es que podemos hacer todo lo posible para volver aquí todas las veces que queramos, porque yo quiero volver una y otra vez y quiero tenerte una y todas las veces.
-El mundo se quedará allá afuera, con sus contradicciones, obstáculos, imposibles y sólo costumbres, aquí estamos tú y yo… si ambos queremos, claro. ¿Estás entendiendo y de acuerdo con esto que te estoy diciendo o pidiendo?  Sigo en silencio y el amor se me sale por los poros. Me ha inunda tu voz, me penetra los sentidos. Y sigues diciendo,  lo que no te habías atrevido a expresar hasta ahora:
– Yo, mientras sufría lejos de tí, llegué a pensar que si tu estabas sintiendo este mismo dolor o quizás peor, dada tu sensibilidad,  debía ser terrible y yo no quería eso para ti; por eso volví… lo hice ese mismo día cuando te dejé, pero tu estabas dormida y así has pasado un tiempo… como sin querer volver… encerrada sin hablar.
– Querido… yo no sabía que habías vuelto.
– Marco me dijo que no te diría nada hasta verte recuperada, al principio tenía algo de recelo,  al ver lo mal que estabas “por mi causa“.
– ¡No! Yo no puedo culparte a ti de nada y… no me  fui tras de tí porque no quería imponerte lo que yo siento… yo no soy así
– No lo sientes tú sola, yo también lo siento y no siento que me hayas impuesto nada.
– Tenía que dejar que tu corazón te guiara… y cuando te perdí de vista, sentí que lo que habías encontrado en tu corazón era sólo el deseo de alejarte de mí, y eso simplemente me destruyó… no podía pensar en subir al faro, “nuestro Faro” nuevamente, sumergida en un dolor tan grande y que se iba a incrementar con los recuerdos que los dos hemos dejado aquí… sólo pensé que ya no querías estar conmigo, y esa sola idea …  (ya no puedo hablar más, el llanto me corta la palabras, no saberte conmigo es demasiado terrible)
–  Shhhhh,  shhhh….Ya no tienes que llorar más por eso… y me vas acariciando toda mientras hablas
–  ¿Escuchaste todo lo que te dije?
–  Sí.
–  ¿Y qué me dices?
Me pierdo en tus ojos.. estás allí… se que habrá momentos en los que no será así, pero has dicho que tu amor estará conmigo, que me pensarás, tanto como yo te pienso a tí.
– ¿Porqué el silencio, Esperanza? Dime algo, que me consume el tan sólo pensar que me podrías decir que no. — Dime algo…
– Ya te lo he dicho antes…
– ¿Qué me has dicho? No dejemos nada por sobre entendido… yo te estoy hablando con claridad,  con lo que siento.
– Allá arriba, también cuando bajábamos, cuando estuvimos en el agua… te dije que…
-Hace ya un tiempo me rendí, ante lo que siento por ti, yo no me hago de rogar, tu estas en mi vida, eres dueño de lo que siento… Este es nuestro lugar, “nuestro mundo especial” y nosotros somos los que estableceremos los límites para dar rienda suelta al sueño de nuestro amor.
Yo soy para ti…

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Un beso profundo sella este pacto. Mientras me sostienes por la cintura abrazada, muy pegada a tí preguntas pícaramente:
– ¿Ahora si te animarás a subir… no? sabiendo lo que te espera allá arriba.
-Hmmm hay algo que no entiendo.. y no sé… me pone como triste…
-¿Qué será? Dices impaciente.
– Que pareciera que  sólo allá arriba… puede suceder lo que estoy pensando… jajaja digo esto y quiero echar a correr escaleras arriba.
– Eres tremenda, Esperanza… así me gustas, ocurrente,  atrevida, expresando lo que sientes. .. y ¿sabes que? ¡tienes razón! no tenemos porqué esperar  a llegar allá arriba… déjame alcanzarte y lo verás, o mejor dicho, lo sentirás.

Y así corremos por estos pisos y el Faro va encendiendo sus luces. Antes era un lugar donde sólo la linterna encendía de noche, ahora los transeúntes, los cuales ya no tienen el paso permitido a su interior (por una remodelación que se ha  tornado permanente)  observan destellos de luces de colores salir por sus ventanas muy a menudo.  Nadie sabe lo que ahí ocurre, pero hay dos que si saben lo que significa subir, o mejor dicho, sentir. Y esos somos… tu y yo.
La música nos invade y al compás del amor, van surgiendo nuevas formas de amarnos y los colores nos acompañan. Subimos una y otra vez…

Este es nuestro lugar,
El lugar del amor…
No hablo de paredes
Sino del corazón.
A donde voy te llevo
En mi mente
Muy adentro
Basta decir tu nombre
Basta mirar el cielo
Para sentir en mi cuerpo
El roce se tus dedos.
Este Faro y su luz
Nos abrieron el paso,
Nos permitió sentir,
Expresarlo
Y amarnos…
Qué más puedo pedir
¿Qué ya no me hayas dado?
Amor,
Pasión,
Entrega
A montón,
En tus manos.
Desde aqui estaré
Siempre por tí esperando.
Aunque a otro lugar vaya
Sentiré que voy subiendo
Contigo,
Mi amor
Mi Cielo,
Y tú me estarás amando.
Nada hay fuera de ti
Que me permita sentir
De esta forma tan real
Aun sin poderlo explicar.
Siénteme igual
Tú también,
Ya mis huellas
están en tí,
Mi amor es un manantial
Donde las gotas
Fluyen de mí,
para saciar tu sed
Para darte placer,
Para que sientas al fin
Lo que este amor, así.

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No hay un día en que lo que siento, no me lleve a Subir al Faro… ese, el “nuestro”.

Subamos al Faro… El descenso I

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Hemos empezado el descenso… con algo de nostalgia, abandonamos la linterna.  El cielo sigue imponente en un azul intenso, casi de llanto. Nos miramos a los ojos, como recordándonos con nuestras miradas todo lo que el amor hizo con nosotros en este especial lugar.  De sólo pensarlo una fuerte ráfaga de emoción nos recorre por completo a ambos… vamos abrazados, algo silenciosos.  Llegamos a los ocho escalones del descenso y desembocamos en el piso anterior, el del amor, de la emoción, del deseo, de la pasión…

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Quiero seguir pero tu mano en mi cintura me retiene. Siento tu mano recorrer con suavidad mi rostro e igualmente yo acarició el tuyo… mis lágrimas no se hacen esperar. Paso mi mano por tu frente, por tus mejillas, tocó tus labios y es el mismo temblor que hay en los míos. Te doy besos… por tu cabeza, por tus ojos, por tus labios y las únicas palabras que puedo decir entre uno y otro son: “Te Amo tanto”. Tocó tu cuello, mis manos están sobre tu pecho, al igual que mis brazos que descansan en ti.  Mientras tú, tienes mi cintura y con tu brazo me rodeas toda.
Miras hacia donde está colgada en un rollo la alfombra y los cojines que casi no se observan para quien no sabe que están allí, y sólo alcanzas a decir:
-Esto me fascina… tú me fascinas. -Te agradezco tanto el que me hayas traído hasta aquí, mi vida ha renacido contigo, Esperanza, así como tú nombre, ha sido lo que ha pasado conmigo.  –Simplemente me siento vivo.
– A mí me encanta saberte aquí… tu has sido el regalo de mis días. Es que aún creo que puedo despertar en casa del señor Marco y descubrir que sólo soñaba… y si fuera así, te seguro que no quiero despertar.
Me besas con fuerza.
– Si fuera un sueño, no podrías sentir esto… ¿ya estás convencida que es real?
– Hay sueños que son intensos… yo se porqué te lo digo.
– Y es que acaso ¿ya tu soñabas conmigo?
– Si soñaba, pero lo vivido contigo aquí, ha superado cualquier sueño que he tenido hasta ahora. Esto es simplemente fuerte, avasallante… increíble.

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– Bueno, no me has contado esos sueños… me gustaría saber si me falta algo por hacer.   Me llevas pasó a paso hasta donde está la alfombra. Con una mano me sujetas y tiras de la cinta que la sostiene y en pocos segundos nuestro nido de amor está listo nuevamente.
– Eres todo un experto ya… como que no he sido mala enseñándote todas las bondades de este Faro, ¿cierto?
– Para nada… ¡eres de lo mejor! Contigo voy aprendiendo en cada paso que das.  Aprendo sobre sentir, sobre amar, sobre entregar.
– Y yo también  he aprendido…
– ¿Sí? Cuéntame a ver… dices y  nuestras ropas están fuera ya.
He aprendido a rendirme frente a tí, a no luchar contra lo que siento, sino a estar dispuesta a entregarte lo que soy sin medidas cuando quieras….
– Esperanza… yo, quisiera decirte…
Ahora soy yo quien impide que sigas hablando, soy yo quien te besa y sólo dice: Déjate amar… y con la fuerza de saber que está puede ser nuestra última vez, me entrego y empezamos  a dejar que el amor haga como quiera.
– Wow, una vez más me sorprendes. Me dejas sin palabras y sintiendo mucho.
– Pero… ¿te sientes bien? Pregunto.
– ¡Mejor imposible!
– Qué bueno Cielo, es lo único que quiero… que estés y te sientas bien.
– Como no he de estarlo si estiro mi mano y puedo tocarte… y tú como te sientes?
-Yo solo siento, intenso y fuerte,  como hace apenas unos minutos… como ahora nuevamente.
-Esperanza… esto que sentimos es algo que me inunda los sentidos y el alma… es el camino inescrutable del amor. -Me atrevería a decir,  mirándote así tan cerca,  entre mis brazos que esto aún no ha terminado … hace un instante sentí tal vehemencia en tu entrega que había hasta desespero de tu parte… o me equivoco.
Me aprieto a tu cuerpo y en un susurro alcanzo a decirte:
-Es sólo que no quiero olvidar esto…
-Yo no quiero que lo olvides… quiero estar contigo y amarte siempre .
Nos quedamos uno abrazado al otro, atesorando este momento y todos los que hemos vivido y sentido en este Faro.
– Ha sido maravilloso, dices.
– Sí, realmente maravilloso. Seguimos abrazados y siento tus besos tiernos por mi cara, y yo que estoy tan pegada a tí, beso tu cuello. Es rica esta clase de paz.
– Sé que ahora me recordarás que debemos bajar.
– ¿Cómo lo sabes? ¡ah ya olvidaba que de algún modo, lees mis pensamientos, jajaja!
– Algo así… jajajaj
– Y sí, podemos seguir bajando…
– Entonces sigamos, el mar nos espera.
– ¿Y porqué ahora si estás dispuesto y animado a bajar?
– Por que acabo de comprobar una vez más, que tu eres mía. Este Faro soy yo, y tú no irás a ningún lado sin mí. Simple. Lo dices con una seguridad que me deja pasmada. Y realmente es como dices, te pertenezco, aunque no seas mío… o si lo eres, de algún modo, si lo eres.
– ¿Y que te hacía dudarlo antes?
– Hubo momentos que pensé me dejarías aquí, sólo, como en uno de los piso, ¿Recuerdas?
– Allí te dije, que no me fui, simplemente tú no me veías.  Pero luego tú volviste y yo te esperaba.
– Cierto, tienes razón.
– Entonces no se diga más, sigamos en bajada.
Recogimos todo, una vez más, en medio de una complicidad tácita y llenos de la energía del amor, continuamos el descenso.
– Cuidado al cruzar el bosque, no te me vayas a perder jajaja. Dices eso, mientras pasamos por el piso verde, en el que hay árboles pintados por todos lados. -¡La verdad es que esto me parece genial! Casi se puede sentir que estamos en medio del bosque, sentados  a la sombra de un gran árbol, disfrutando de su utilidad. A propósito, no quiero que abraces más al árbol que está camino a este lugar, mejor abrázame a mí… te parece.
– De acuerdo. Digo esto y pienso en ¿que haré cuando no estés..?
– Siempre es más fácil bajar que subir, ¿no? Dices.
– Eso parece…
– ¿Porqué lo dices?
– No resulta tan fácil bajar para mí.
Tu mano me sostiene y detienes el paso. Llevas  mi mano que reposa sobre tu hombro derecho y con sólo al detenerte y girar me tienes de frente una vez más, yo un escalón más arriba.
– ¿Por qué no resulta fácil para tí el bajar esta vez? ¿Qué te preocupa, dímelo?
– Sé que al bajar, tú te irás.
– Esperanza yo…
– No digas nada más, continuemos el descenso.
Ya entramos y vamos pasando por el piso de tonos violetas, donde vimos a la luna…
– Como cuando vimos  a tu amiga Luna desde aquí,y me enseñaste que otros pueden desconocernos por completo así estén a nuestro lado recurrentemente; te pido que no quieras “desconocer” lo que yo siento por tí, lo que nos une.
– Tranquilo Cielo, no es un reproche y mis ojos te ven llenos de amor. – Es sólo que no es sencillo para mí, a veces sentir tanto…. no desestimo nada, ¡yo te he sentido…conmigo!
– Entonces sigamos.
– Sí ya pasamos al piso amarillo, al del atrevimiento… atrevimiento este, de haberte invitado a venir y atrevimiento aún más lo que te pedí cuando estábamos allá más arriba.
– Pues, brindo y celebró cada uno de esos atrevimientos.  Así como el Sol no se ha rendido, tu tampoco y eso me gusta.
Ahora el descenso es como más rápido, el ir recordando lo que vimos y hablamos en cada uno de los pisos y sus colores nos llena de una maravillosa sensación.
– Y ya estamos en el naranja… la verdad es que tú le buscaste y encontraste  significado a todo, a  los atardeceres y hasta las frutas, como la naranja de la cual me hablaste, e igual han cambiado en su significado para mí… ahora todo tiene sentido, color y propósito. Aunque también recuerdo que viniendo a este piso, fue que me dejaste solo.
– No vuelvas con eso querido… ya sabes que no te dejé en ningún momento, sólo permití que te fueras a hacer lo tuyo.
– “Lo mío” era aquí, contigo, lo que pasa es que tú no estabas segura de eso.
Dices eso, y mi corazón se detiene… tu consigues agitarme de cualquier forma.
– Que bueno es escucharte decir eso… (sin embargo tiemblo, no puedo evitar sentir algo de temor)
– Y ahora… debemos pasar rápido por este otro piso, el de las dudas, este verde con algo de azul en el que se han mezclado las preguntas, con la incertidumbre. – Ven pasemos esto rápido, no quiero dejarte chance para que los “y si” ocupen tu mente.  En tú cabecita quiero estar yo y nada más, no te quiero atormentada por las dudas, te quiero confiada y sonriente al recordar lo que sientes.
– De acuerdo. Al decir eso ya no es sólo mi mano la que reposa en tu hombro, ahora soy yo quien cuelga de tu espalda y terminamos de bajar este piso, hasta el último así.  Tu me sostienes de las piernas y yo voy colgando, abrazada a tu cuello y espalda.
– Si me sigues apretando así, no respondo… y una carcajada sale y terminamos de llegar al último piso, el de la acción.
– Desde ahora, cada vez que estés aquí, te van a dar ganas de correr y subir, de llegar arriba para sentir, ahora no hay vacilaciones, sólo tendrás ganas de seguir.
– Claro, si ya sé lo que me espera, no tardaré mucho y subiré lo más pronto que me den mis fuerzas…
– ¿Ves? Logramos bajar rápido.
Ya estamos en la entrada y  vamos a salir al exterior, para caminar hasta la playa. Tu mano no me suelta y me atrae más hasta tí. Un beso no se hace esperar.
– ¿Realmente quieres ir a allá afuera?
– Sí, vamos.
– Y si hay gente por ahí. ¿Qué día es hoy?
– Hoy es nuestro HOY… lo he reservado para nosotros. ¿pensabas que tu solamente podías preparar algo mágico? Pues ya verás. ¡Vamos!
Salimos fuera del Faro y se vé aun más alto desde afuera… el día está radiante, bello, el aire que se respira es fresco, la brisa se siente suave y refrescante.
– Caminemos hasta el mar, ven.
Nuestras manos van juntas, así como nuestra alma y corazón se siguen moviendo al mismo compás.

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– ¡Qué hermoso esta el día! Estoy tan emocionada que podría llorar.
– No, esta vez no llores, sólo dale permiso a la risa hoy.
Llegamos a la orilla del mar, sus olas son bellas, el agua es como el espejo del cielo y el sonido del agua como una constante melodía. No hay nadie por ningún lado…
– ¿Porqué esto estará tan sólo? Nunca había visto el lugar así.
– Lo mande a preparar sólo para nosotros. Y tu risa contagiosa se deja escuchar y también río contigo.
Vamos caminando juntos por la orilla, las olas vienen y van, mojándonos de algún modo.
– ¿Alguno de tus sueños fue conmigo aquí?
Me quedo mirándote sintiéndome descubierta. Si no fuera por el color de mi piel, podrías ver el sonrojo en mis mejillas… pero me arriesgo y digo: -Si, de mis mejores sueños contigo…
– Entonces no se diga más, vamos…
– ¿Vamos? ¿al agua?
– Sí, vamos.
Entras al agua sin más.
– Ven, te estoy esperando. Hago una negación con mi cabeza y tú empiezas a salir del agua… llegas hasta donde estoy y me persuades de entrar al agua.
– Ahora sí, estamos listo. Siente el agua acariciándote la piel…a hora soy yo quien te dice como cuando estábamos allá arriba, mira el cielo y siénteme.
– ¿Qué sientes? Preguntas.
Casi no puedo hablar, son demasiadas las sensaciones que me embargan, el azul del cielo y el mar es uno solo… es como si estuviéramos en un campo de flores azules y una melodía fantástica se dejará escuchar. Es simplemente mágico.
Ahora nos sumergimos ambos bajo el agua y empezamos a nadar hacia la orilla. Al llegar descansamos un poco debajo de una palmera. Ambos estamos jadeantes, lo que acaba de pasar en el agua, nos dejó exhaustos y sorprendidos.
– ¡Fue fantástico! te digo. -Esto resulta peligroso para mí.
– ¿Peligroso? Y eso ¿porqué?
– Porque eres “adictivo” para mí. Y eso me sorprende…
– Entonces disfrútame.
– ¿Y cuando no estés?
– Pero aquí estoy, este es nuestro ahora, no pienses en nada más. No quieras sufrir por adelantado.
– No es eso… es sólo que sé, que te debes ir.
– Y tú también tienes que irte de aquí, y eso no quita la belleza de lo que sentimos, de lo que hemos estado viviendo sobre todo sintiendo.
– Tienes razón…
Estamos los dos sentados viendo al mar. Yo de espaldas recostada sobre tu pecho, sintiendo tus brazos caer sobre los míos, acariciándome. Es un momento de calma, si se quiere de silencio, de almas que están conectadas. Pasan los minutos y luego nos vemos. Me pierdo en tu mirada, suspiro y cierro mis ojos sólo para pensar que estoy ahí, contigo.
– No quiero estar sin tí. Son pocas tus palabras pero las dejas oír con claridad.
– Yo tampoco quisiera estar sin ti, pero…
– No lo digas, no quiero saber de la vida y todo este cuento que ambos tenemos.
– Pues, de algún modo tengo que decirlo, Cielo. Tú y yo tenemos mundos que atender y yo sé que en cualquier instante te debes ir.
– No entiendo, ¿de dónde sacas fuerzas para decir eso? Yo no…
– No tengo ninguna fuerza. Pienso en mi vida sin tí, y el dolor es casi mortal, sin embargo no puedo pretender que te quedes aquí conmigo, eso se que no es posible.
– Y después del recorrido que hemos dado, ¿me vas a hablar de imposibles? Algo haremos.
– ¿Cuándo te vas? Esta era la pregunta a la que le temía desde que él vino. La acabo de hacer, y no tengo ningunas ganas de escuchar la respuesta, pero era necesario hacerla.
– Si insistes en ese absurdo, creo que el momento de irme, es ahora. Si mi amor no te es suficiente para estar segura, sino lo crees, ¿que más puedo hacer aquí?
Comienzas a levantarte y vas sacudiendo la arena de tu ropa, yo te miro y las lágrimas comienzan a resbalar por mis mejillas en silencio.
– ¿Y no vas a decir nada?
– ¿Qué podría decir?
– ¡Qué me amas, que no me vaya, que tu eres mía!
– Todo eso y más te he dicho, y no ahora, sino desde hace mucho tiempo. Ya lo sabes. Pero yo no soy quien debe insistir en que no sea así, es algo que debes decidir sin que te presione yo.
– ¿Presión? No me siento presionado, ¡me siento enamorado! Que son cosas distintas. ¿Y Tú no te irás?
– No soportaría el mundo real ahora, luego de todo esto. Yo no estoy preparada para estar fuera de aquí, al menos por un tiempo.
– Pues, si no me pides que me quede, me estarás pidiendo que me vaya.
– No puedo hacer eso.
– Pero ¿porque ahora te cuesta pedirme que no me vaya?
– Porque no quiero que digas que te quedaste, porque yo te lo pedí o porque sentías que te obligaba de algún modo.
Estoy parada a tu lado, mis ojos te buscan, los tuyos rehuyen. No entiendes el que no te presione… pero así soy yo…
De pronto me tomas por la cintura y me besas, con pasión y fuerza, hasta con amargura y yo me entrego en el beso…
– Adiós, dices y te veo marchar.  Te alejas y el dolor en mi va creciendo, desgarrador e implacable.  Es como morir despacio…
No se cuanto tiempo pasé allí, lloré y grite mi dolor, su ausencia, lo amargo de la vida que nos separa, el sentir mi cuerpo reclamándolo y que ahora no esté.  Creo que no podre soportar este dolor… ¡no podré! Casi inconsciente de tanto llorar, me quedé allí sin moverme, hasta que una mano en mi rostro me hizo reaccionar.
– Niña, niña… era el señor Marco, que una vez más vino en mi rescate. -Alguien me dijo que estabas aquí, mi niña, y me dijo además que te cuidara, el también iba como destrozado. De allí no recuerdo mucho más, me desmayé.

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Subamos al Faro #12… La linterna

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… – ¿En qué estás pensando? Dices mientras tú mano acaricia mi cabeza. Ella sobre tu pecho al igual que yo… sin decir nada…
-Pienso en tí… en lo mucho que agradezco el haber estado aquí, contigo…  Mi voz es apenas un hilo, hay demasiada emoción para que las palabras puedan salir. Continúa el temblor en nuestros cuerpos y podemos sentir todavía algunos corrientazos de amor que siguen haciendo aparición, luego de estar juntos todo este tiempo.  Sigo sin saber cuánto transcurrió y mientras más lo pienso, menos interés va teniendo para mí.  Lo único que sé es que abro mis ojos y estás allí y es más de lo que podía pedir.
-¿Y que es lo que piensas… de mí? Es un susurro tan suave tu voz, que de sólo oírla, cierro los ojos y me pierdo en ella.  Sólo te respiro, eso es suficiente.  Todo lo demás antes de este momento… las ausencias, los sinsabores, las dudas, todo eso es tan pequeño ante este segundo que va pasando contigo… Te aspiro… quiero llenar mis pulmones, mi ser de ti, para que estén igual que mi mente, en la que apareces por todos lados.
-Tantas cosas para llegar aquí… tanta distancia… ahora levanto mi cara hasta tu barbilla y me encuentro con tus ojos… profundos, con tantos mensajes allí adentro.
-Me importa este momento y lo que sentimos, lo demás fue sólo el camino… después de esto, encontrarte en cada parte de mí misma, será lo que tendré.
No se ni por qué voy a decir lo que diré, lo que si sé es que la realidad en algún momento se interpondrá y si no nos decidimos a seguir, simplemente nos quedaremos aquí.
-Creo que es tiempo de continuar.
– Tiempo… ¿cuál tiempo, a quien le importa ese fulano?
– Te invité a subir, y ya estamos casi en lo último, para eso debemos levantarnos y…  un beso corta toda palabra. Me dejas los labios libres dos segundos para decirme:
– No puedes liberarte de esto… eres mía y no hay más tiempo en este momento, sólo siénteme… no me resisto, voy tras él,  ya no es posible negarme, soy presa de sus antojos, me he rendido, porque ellos son los mismos antojos míos.
La calma va llegando luego de la estampida del fuego del deseo.
– Debemos seguir…
– ¿Ocurre algo? ¿hice algo mal?
– Para nada… tu eres lo mejor que me ha pasado.  Estás hecho a la medida para el orden de mi imperfección. -Eres único para mí.
– ¿Y porqué entonces quieres que sigamos? precisamente ahora que estamos tan bien…, esto es algo mágico que no quiero perder…
– Justamente por eso creo que necesitamos seguir. – Recuerdas cuando te dije, pisos atrás, que no dijeras palabras que te pudieran atar o que no pudieras  cumplir… pues vuelvo a recordarte eso.
– ¿Cómo puedes decir esto, luego de lo que ha pasado, de lo que acabamos de vivir juntos? Yo te sentí tan mía que…
– Y lo sé querido, todo lo que has dicho, lo siento tanto o más de lo que dices; sin embargo nos toca continuar.
– ¿Quieres que nos separemos?
– ¡No..! Y tampoco me olvido de tu vida o de la mía… quisiera… y aún así están ahí.
– ¿Entonces para que querías que viniera hasta aquí? Empiezas a separarte de mí, y la sola distancia entre nuestras pieles, me lástima. 
– Quería que vinieras para poder expresarte realmente lo que sentía… y creo que algo te lo he ido demostrado poco a poco hasta aquí, ¿no?
– Claro, por eso no entiendo ahora la idea de seguir. -¿Si ya sabemos lo que sentimos, eso es todo, no?
– Sabemos lo que sentimos… quizás si subimos hasta la linterna, podamos encontrar ¿qué hacer? con esto que sentimos, porque sí… si lo sentimos.
– ¡Ah ok! Entonces no es una despedida… y una sonrisa se deja ver ahora en tu rostro, mientras me atraes aún más hasta tí.
– Sigamos entonces, tan sólo esos ocho escalones y entramos a la linterna. Creo que te gustará lo que verás desde allí.
– Me convenciste, Esperanza… vamos… pero antes bésame de nuevo.  No me hago de rogar, no hay nada que me guste más que hacerlo, así que largo y profundo va el beso.
– Sabes a amor…
– Y ¿cómo es eso?
– Cada beso que me das, siento que te entregas toda y el amor sale a bailar entre tú y yo… a eso me sabes.
– Tú a mí, me sabes a cielo… porque lo contienes todo…
Abrazados llegamos hasta el primer escalón y queremos subir.
-Tu delante y yo detrás, digo mientras te hago la indicación con mi mano derecha para que te adelantes.
-Así no me gusta, respondes enojado como un crio.
– Así hemos subido los siete pisos que llevamos hasta ahora.
– ¿Porqué no hicimos esto desde el principio, porqué dejamos el amor para lo último?
El amor estuvo presente desde el inicio hasta ahora… aún antes de tú llegar, el amor estaba en mi… esperándote. -A lo mejor si hubiese pasado lo que ahora, en cualquiera de los pisos anteriores, no hubieras entendido algunas cosas que venían después. -Todo ha sucedido en el momento preciso ¿no crees?
–  Pensándolo bien, tienes razón todo ocurrió de manera perfecta, pero esta última parte, me tiene… alucinando!
–  Entonces sigamos…
–  En muy poco tiempo estaremos arriba. -La vista va a ser increíble…
–  La vista, la sensación, todo es increíble.
Empezamos el ascenso, tu mano me sostiene de forma decidida como quien no va a soltarme ya nunca. Yo te siento y tiemblo de saberte allí, y siento que me quiebro aún más de saber que en algún momento no estarás.
Subes un escalón y oigo un -“Te Amo”, volteas y me miras y yo asiento con mi cabeza, con mi cuerpo que palpita por tí, con mi ser.  Son ochos escalones y ochos Te Amo que se van quedando conmigo de manera inolvidable. Llegamos al fin, ya estamos en la linterna, la parte más alta del Faro. Aquí ya no hay paredes que nos cubran, sólo cristales que dejan pasar la luz y nos ofrecen la majestuosa vista del cielo fundiéndose en el mar, un solo azul, un infinito azul, un inolvidable espectáculo.
Me atraes hasta tí nuevamente y resbalo instintivamente hasta tus brazos, es como encontrar mi lugar al fin… allí en tus brazos, junto a ti.
-Te extrañaba, dices mientras tú boca busca la mía y el amor sucede otra vez.  Somos libres como este viento que ha empezado a entrar por un ventanal que abrimos.
-Aquí no hay paredes.
-Ya lo sé, estamos a la vista… el cielo y el mar son nuestros testigos de lo que el amor está haciendo en nosotros. -¿Y sabes qué? Esta sensación, me encanta.
-¿Quieres mirar? Y te enseño la ventana abierta.
Tomo tu mano y te dirijo al ventanal.
-Ven amor, quiero que desde aquí lo observes y sientas lo que me embarga cuando estoy aquí.
– Claro… faltaba esta parte por saber… ya que luego de llegar aquí tan alto ¿en que piensas? Me habías hecho olvidar que en cada piso hay una estación de lo que sientes.  – Cuéntame tú.
-Saca tu cabeza por aquí, abre tus brazos, siente la brisa, mira hacia arriba…. -Indescriptible ¿no? 

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-Desde aquí he escrito algunas de las cosas que te enviado por ahí. – Desde aquí he visto la distancia que nos separa…
-Nos separaba, interumpes.
– Desde aquí he llegado a comprender que lo único importante para mí, es amarte, sin pensar en más allá...
– Ha sido desde esta altura, que mis sueños contigo han tomado vuelo, que te he imaginado como el cielo, como este azul, que lo cubre todo y lo ocupa todo y eso me ha hecho sentir… totalmente llena de amor. – Es algo que no lo sé explicar técnicamente con palabras.

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– Ahora entiendo, desde aquí has determinado tu actitud para conmigo, tu forma de percibirme, de buscarme, de amarme.  Ambos estamos frente al ventanal, sintiendo la fuerza de la brisa y la potencia del azul de ese cielo que lo embarga todo.
Comienzas a acercarte más y más, continuando lo que habías empezado apenas llegamos a la linterna… – Abre tus brazos, me dices, siente despacio, el viento te embarga toda… siente su fuerza y su caricia.
– El cielo te va a amar…. completa… infinitamente…
Digo a tu oído en susurro, todas las expresiones de amor que hasta ahora sólo has visto por escrito, ahora son audibles desde mi alma hasta la tuya.
Me entrego, con la misma ansiedad de alguien que ha caminado mucho tiempo en el desierto y ahora bebe el agua más fresca del manantial más delicioso.  Los límites desaparecen y el amor una vez más hace como quiere con nosotros.
Me atrevo a decirte “Te Amo” con la fuerza de quien siente que la vida se queda en esa dos palabras. Recibo tu afirmación del sentimiento, una y otra vez. 
Luego de esta entrega sin igual,  la calma vuelve a reinar, la brisa esta ahora es suave y el cielo también sigue despejado y las nubes comienzan a aparecer. Es como si todo confluyera de manera perfecta en este momento. Besos suaves y abrazos tiernos nos mantienen juntos. Dormimos un poco. 

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Sigue pasando algo de tiempo, en susurro te pregunto:
– ¿Tienes sed? Me miras extrañado…
– ¿Que si quieres tomar algo?   – Es que luego que subimos hasta aquí, no hemos bebido nada y de eso hace ya bastante rato.
– A ver, tu que eres la que hace maravillas,  cuéntame ¿que tenemos por aquí?
– Allí, detrás de esa columna, hay un mueble, abre allí… vas a encontrar una pequeña nevera y algunos vivieres.  Despliega la tabla que va hacia arriba y coloca lo que quieras allí.
Te incorporas das los pasos y llegas al lugar indicado.
_ ¡Wow!  Esto no puede ser… tú no perdiste ningún detalle ¿verdad?
– Mi idea era que no… y sonrío sin poder evitarlo.
– Ya no preguntaré más como lo haces? Pero lo cierto es que… ¡lo haces!
– ¿Hago que?
– Que me sorprendas, me fascinas, me… dejas sin palabras…
– Entonces disfrútalo.  Voy hasta donde estás, te acarició con mi mirada.
– Todo está tan rico, la fruta, el jugo, esos pequeños bocadillos… ¿cómo sabías lo que me gustaba?
– Sólo te observo y lo demás va saliendo.
– ¿Tú eres real?
– Tan real como lo que siento….
– Quiero caminar contigo a la orilla del mar, y regalarte un día de esos que son un espectáculo también, allá abajo.
No lo puedo evitar, mis lágrimas comienzan a salir; me volteo, no quisiera que las vieras, pero ya es muy tarde, se dejaron capturar por tí.
– ¿ Porque lloras Esperanza?
– No estoy llorando… yo…
– Sí lo estás, yo vi las lágrimas antes de que se deslizaran por tu rostro. -Dime que ocurre, ven.
– ¿Sabes las implicaciones de ir hasta allá abajo y caminar por la playa?
– Claro que sí y me atrevo… -Yo también estando aquí, he visto al descubierto mis emociones, mis sentimientos y no puedo negar, aunque quisiera, todo lo que siento por tí, lo que significas para mí.
– Pues, yo… no quiero que te compliques por mí… la vida allá afuera, o allá abajo es totalmente diferente a lo que nos hemos permitido vivir aquí, y yo sé que no lo puedes cambiar, la vida es y va a seguir siendo así… y tú y yo en medio de ella.
– Vuelvo y te pregunto como en el piso de abajo ¿para qué traerme hasta aquí y luego dejarme con este sabor a incertidumbre, a pérdida que creo está por venir? Que no me gusta para nada… sólo me atrevo a decir que hay dolor de por medio…
– Invitarte a venir… era la única forma que tenía para expresarte y que percibieras un poco de lo que siento, de lo que a veces pienso, de lo que no te cuento en las letras que te envío. -Yo necesitaba decirlo, o más bien sentirlo contigo aquí. – ¿ha estado mal? ¡es posible! Pero es la forma que conozco de hacer lo que siento… quizás entonces, deba pedirte perdón por insistir en que vinieras. Siento que las fuerzas se me acaban, desde que comenzamos a subir, sabía que en algún momento él se iría y ahora voy pensando que see acerca el momento. Quizás parte de mí, no pensaba que llegaríamos hasta el final.  Imaginé algunas veces que sus ocupaciones lo harían irse y no regresar… que la vida de allá afuera le retendría y le haría olvidar el camino al Faro, pero no fue así… le he visto subir, sorprenderse, sentirse incómodo y hasta molestarse… y también he sentido su amor, su pasión, su entrega sin reservas. No se que hacer ante esto. Saber que el momento de separarnos se acerca, me acaba la vida, pero sabía que era el precio de acercarme y beber…

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– Está bien, bajaremos y caminaremos por la playa… si hay algo que he soñado contigo es que dejemos nuestras huellas por ahí, sobre esa arena.
– Así está mejor.. ¿Ves Esperanza? No hay motivos para llorar.
Te miro y el amor se me sale por los poros. Veo tu corazón y lo que sientes y veo además el camino que nos espera y su bifurcación, sin embargo lo que nos queda voy a vivirlo intensamente… no sé qué has decidido tú en tu mente o si te estás dejando llevar por el momento y lo que sientes.  En algún momento la realidad te llamará…
– ¿Empezamos a bajar?
– ¡Claro, el mar nos espera!
Mi sonrisa es tenue… mis lágrimas insisten en querer salir, yo no las dejo. Nuestras manos se unen nuevamente.. empezamos a bajar.

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