Desde el Faro

Sola en el Faro ¿Estás aquí..?

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– ¡Esperanza, Esperanza!
Oigo nuevamente esa voz, pero esta vez, que va, no voy a volverme a dejar engañar por el viento. Quizás aquí donde estoy, donde he gritado su nombre, frente a este mar, mi testigo el viento vuelve a jugarme nuevamente malas pasadas y escucho que me llama, sin ser cierto. Esta vez no caeré… no, otra vez.
– ¿Pero porqué no volteas, no me oyes, no dices nada?
– Si tan solo pudiera jugar a creer que esto que oigo en mi cabeza es cierto, que tú has vuelto a este lugar, que me buscas y te hago falta… Pero no, no pasaré por esto otra vez. Ya lo pase, y fue muy duro para mí entender que no era cierto… que no habías vuelto.
– Han sido muchos los días desde que nos vimos aquí, desde que subimos cada uno de esos pisos que desde hace un tiempo ya se volvieron a apagar. – Me dijiste que vendrías y aún no has vuelto. Las voces no callan mi corazón que incesante te busca, y una vez más bajo aquí.. Al mar, frente a su inmensidad a ver si un recuerdo tuyo se hace realidad, si apareces, llegando una vez más a tocar mi alma y también mi piel.
– Pero… ¿Porque no dices nada, Esperanza? Acaso te has vuelto sorda?
– Creo que ya es mucho para mí, voy a dejarme arrastrar un poco por mi deseo que estés y entablaré una conversación contigo…De esas que hago y en las que tú no estás.
– Para que quieres que te respondas, si tú no estás.
– ¿No estoy, no estoy? ¿Acaso no me ves? ¡Estoy aquí!!!
– Te he visto, si muchas veces, en mi cabeza, de todas las formas en las que nos hemos conocido y más… Claro que te he visto, pero sé que no estás, que es solo mi imaginación y la ganas de verte, pero no estás; ¡yo lo sé!
– No, no Esperanza… Soy yo… Estoy aquí. Volví a nuestro lugar, no lo estás imaginando.
Escéptica pero en el fondo con ganas de dar la vida, porque sea cierto, me volteo y te encuentro… te veo, una vez más.
-¿Y que haces aquí? (si fuera cierto que estás)
-¿Qué, que hago? Por supuesto que viene por ti, quería verte, tenerte cerca… sentirte.
-Realmente ahora si estoy pensando que todo esto no es cierto…. como dirías tú que me quieres ver y sentir y de la última vez que subimos juntos, ha pasado tanto tiempo. -Si tú de verdad estás aquí (que aún lo dudo) dime cuál es tu motivo real para estar aquí.
-Me conoces más de lo que piensa y más de lo que yo mismo quisiera. – Bueno, tienes algo de razón, vine… y es que estoy algo confundido. A veces yo tampoco sé, si lo que siento y lo que vivimos en el Faro (allá arriba) fue cierto o solo producto de mi gran imaginación.
-Fue cierto. Para mí, cada palabra, cada paso que dimos, aún aquí mismo en este mar… todo fue cierto, claro, cierto al menos para mí. Mi amor es cierto, lo que soy y lo que siento es lo más real que puede existir; no sé cómo ha sido para ti.
-Esperanza…
-¿porqué estás aquí? Y no sabes lo mal que la paso, cuando creo que quizás le este hablando solo a mi imaginación… y que tú tal como temo… noestés aquí.

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Desde el Faro, Gracias!

Gracias!

Mi territorio expuesto,
Lo hiciste tuyo,
Inundaste todo con
Tus huellas
Tu bandera blandió
Cuál dulce espada,
Delimitando tus límites
Y fronteras.

Como quien va a la guerra
Te enfrentaste
Con el miedo al dolor,
A la derrota
Como fuerte soldado
Avanzaste,
Paso a paso,
Como un gigante obtuviste
La corona.

Hoy son todos tuyos
Mis terrenos,
Los que se ven tangibles,
Los etéreos,
Aquellos que a nadie
Nunca dije
Esos que están entre el amor,
La fantasía
Y hasta los sueños.

Ya no hay caminos a los
Que no me atreva,
Recorrer de tu mano
Aunque me asuste,
Podrían conducirnos al
Abismo,
Caer a lo profundo,
A lo que arde
Aunque también podríamos
Ir juntos a la fuente
Esa que llena y sacia,
Del amor inagotable.

Por eso y más,
Quiero darte la gracias
Por subir conmigo
En mi locura,
Cada espacio de mí
Tiene tu sello,
Cada noche deseo,
Sin que llegue la aurora,
Que entraras nuevamente
Y fueras mío,
Y así poder vivir
Sólo este ahora,
Que me hace vivir
Agradecida y
Sin olvido.

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Subamos al Faro… volverás? II

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Al abrir los ojos yo estaba en la cama de la habitación que tanto Marco como Natalia me habían preparado para las veces que no podía irme, y esa vez realmente así era una de esas.  A pesar de lo nublado que estaban mis ojos o más bien mi mente,  la ví a ella sonreír allí, cerca de mí.
– Natalia… yo… ¡me duele.!!! Y mis lágrimas comenzaron a salir a borbotones otra vez.
– Calma niña, calma, todo va a estar bien. Con su mano en la mía,  dulcemente como una madre, intentaba por todos los medios de consolarme y animarme.
– ¿ Cuánto tiempo llevo aquí?… ¿y él? Ayyyy…. y el llanto me ahogó nuevamente por completo.
– Descansa Esperanza, descansa.  Volví a dormir, algo me habia dado Natalia en el agua que me bebí por su insistencia, algo para que descansara… pero sin él… no había descanso alguno para mí.  Simplemente me sentí caer cada vez más en el pozo profundo del dolor.  Él no estaba, y mi mente, mi cuerpo, mi piel solo sabían preguntarme ¿donde está?  Y ante la falta de respuesta, un estado de inconsciencia era el mecanismo de defensa que mi organismo habia determinado usar.  ¿Cuánto tiempo pasó? Dicen que mucho más del que era prudente… pero saberle lejos de mí,  de mi alma era simplemente insoportable… una eternidad en el infierno.

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Cuando volví en sí otra vez, tanto Marco como Natalia estaban a mi lado, y la expresión de ambos era de gran  preocupación.
– ¡Gracias a Dios que reaccionaste! Casi entre lágrimas y risas los dos ancianos se miraban y tocaban mis manos.
– ¡Vamos niña linda!… Debes sobre ponerte. -Vamos, es hora de continuar.  ¿Porqué no subes  al Faro, allí siempre te animas, te encuentras, eres otra al volver.
Pero al pensar en el Faro y todo lo vivido allí…  el amor, la pasión, la entrega, su compañía, todo… se me vino encima y el dolor desgarradoramente hizo su peor aparición. Las lágrimas no podían salir… era cono si el dolor al no encontrar escape se concentrara en toda la esencia de mi ser. En realidad, nunca habia experimentado sufrimiento igual… era la muerte de una forma intensa y muy lenta. Y sólo alcancé a decir:
– No podré estar más allí… no creo que pueda…
– Si podrás, vamos niña, si podrás. Natalia hacia su mejor esfuerzo por animarme y que de alguna manera me entusiasmara como siempre en hacer la subida.  Pero todo era inútil.
Pasaron algunos días y continúe igual, no quería ni siquiera pararme de la cama.  Yo no volví a salir de aquella habitación, comía lo poco que Natalia conseguía obligarme a hacerlo… no supe del mundo, no supe de él, ya nada me interesaba…
Y un buen día vinieron a verme, tocaron y entraron en la habitación ambos, temprano antes de salir a hacer sus vueltas,  y decidieron correr las cortinas (en contra de mi voluntad) me sacaron prácticamente cargada de la cama y ella con la bondad de una madre,  me persuadió para que me diera una ducha fría,  a ver si mi circulación y el ánimo se restauraban. Accedí porque no tenía fuerza para contrariar a nadie.  Al marcharse ellos, yo me quedé en el baño, secando mis cabellos. Realmente el agua fría me habia sentado bien. Mi cuerpo de alguna manera se había restablecido, pero mi ánimo no, y era eso lo que realmente les preocupaba. 
Escuchaba decir a Natalia con recurrencia que: “Si no nos sacudimos la tristeza, ella nos puede matar“, por eso no me dejaban a merced de mi gran tristeza y siempre estaban por allí.  Se despidieron de mí, a través de la puerta del baño y  dejaron, adrede,  la ventana abierta y yo al salir del baño a medio vestir, sentí como el viento entraba por ella, casi sacudiéndome o empujándome. Quise acostarme nuevamente y el viento no me dejó….  decidida me paré a cerrar la ventana, pero el viento me hizo como volver en sí, me recordó como soplaba cuando estuvimos en la linterna, como lo sentí  cuando caminamos a la orilla del mar…  Su fuerza y casi su voz me impulsaba a salir de allí, así que sólo me deje llevar. 
Salí de la casa de Marco y Natalia,  y en la medida que sentía el viento y miraba aquel dia tan hermoso y el azul tan intenso,  simplemente mi corazón dio un salto; caminé hasta la entrada del Faro y al llegar allí inevitablemente mis ojos se inundaron de lágrimas. Una vez más el viento me empujó y entré. Todo estaba apagado.
Encendí la luz de la planta baja, no la azul, no quería recordar los colores… y todo lo que implicaban en cuanto a los sentimientos para mí… debia ir con precaución;  ya que a pesar del tiempo transcurrido mi amor estaba intacto y mi alma desecha por no tenerlo. De pronto comencé a escuchar una canción conocida, que venía desde la parte más alta del faro y caía como una lluvia de sutiles melodías. 
Esto me sorprendió, ya que yo había pensado en algún momento colocar música en el lugar (de hecho traía conmigo generalmente audífonos para escuchar música) , pero eso era uno de los proyectos que aún no había terminado. Pensé que podía ser el señor Marco,  así que simplemente me senté en el primer escalón.  Empecé a oír pasos que descendían y preferí quedarme allí, inmóvil.  Para mí,  no había otra posibilidad además de que Marco fuera quien estuviera bajando, ya que con regularidad él debía revisar el Faro y además estaba pendiente por si yo estaba por alguno de sus rincones…
Los pasos se iban escuchando cada vez más cerca y al cabo de unos minutos los sentí tan solo en el piso anterior. Yo seguí allí sentada, sin voltear, pretendiendo que aquel Faro simplemente me tragara. Los recuerdos del amor, me empezaban a sepultar… hasta que así,  sin más,  escuché una voz que dijo:
-Pensé que cuando estuvieras aquí, subirías enérgicamente, anhelando lo que te esperaba en el último piso…
Esa voz… no era la del señor Marco… por unos segundos pensé ¿acaso me estoy volviendo loca? ¿Era él, era su voz? Giré mi cabeza y lo ví… bajando por la última escalera del piso zul, hasta llegar a donde yo estaba simplemente tirada en un escalón.

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-¿Eres tú? (Mi voz era temblorosa)
– ¡Claro, soy yo..! ¿quien si no yo..? Y tu voz lleno todo el lugar. Viéndote,  ahí tan cerca… eres tú,  es tu sonrisa!  no pude más que quedarme pasmada.
– Pensé… que era… el señor Marco, … este es su Faro.
– Este es “nuestro” Faro, Esperanza. Bajas hasta donde estoy yo y procedes a agacharte dándome el frente hasta quedar a mi mismo nivel.
– Estaba preocupado por tí, era como que no querías reaccionar… mejor dicho estábamos preocupados, porque Marco y Natalia también lo han estado.
– No sabía que estabas aquí, que habías vuelto… no pensé que te vería otra vez.  Tomas mi cara en tus manos y me miras fijamente a los ojos… mis lágrimas empiezan a caer. Sólo te alcanzo a decir:
– Perdóname si esa es la razón que te ha hecho volver… porque quizás supiste que estaba algo indispuesta y eso… No puedo articular más,  el llanto no me deja casi ni hablar. – Yo… no quería que volvieras así, por esa razón, yo quería… que estuvieras bien, que no te sintieras presionado por nada…
– ¡Esperanza shhhh… mirame! Tus dedos sobre mis labios intentan que no hable más.
– Es que yo…
– ¡Esperanza, por favor..! ¡Escúchame..! Sostienes mi cara e insistes en que te mire. Mis lágrimas corren silenciosas…
– Cuando te dejé en la playa, iba destrozado.  No entendía como eras capaz de dejar que me fuera, por momentos llegue a pensar que no me amabas y eso me dolía demasiado, sentí rabia y desolación de solo imaginar que lo que vivimos aquí y allá no fue suficiente para que no me dejaras ir o que no te importara. – Pero antes de montarme en mi carro, ví la casa del señor Marco y decidí entrar… ya que a pesar de atormentarme con esos pensamientos, también recordaba lo sensible que eres y como sientes… y si yo estaba en lo cierto… me parecía que dejarte allí sola era como  dejarte a merced del dolor, del sufrimiento,  de la muerte de algún modo…
– Y fue exactamente así… te fuiste y sentí que me rompí en muchos pedazos. Esperaba que reaccionaras y no te fueras (pero por tu voluntad) y al entender que eso no ocurriría mi desolación fue tal, que ni siquiera pude moverme más de allí. Yo ya no…
– ¡Óyeme..! por favor, respira… ten calma… quiero por lo que tú más quieras, que me prestes atención.  Me levantas y estamos ya de pie en la planta principal, uno frente al otro.
Yo, como no sabiendo hacer otra cosa, simplemente voy dando pequeños pasos hasta tí, me acerco toda… tu me abrazas y cierro los ojos, creo que ya no puedo más, mi vida es ahí… en tí. Te separas un poco e insistes una vez más en que preste atención a tus palabras.
– Escúchame,  Esperanza.  Cuando me fui, hubo momentos en que pensé que no volvería jamás a este lugar,  ni a tí.  Esperaba que tu corrieras tras de mí, o que al menos gritaras “No te vayas”, y nada de eso sucedió… salí de este lugar y me alejé muy rápido, a toda velocidad, lo más que pude… pero ¿sabes? Fue algo muy doloroso.
– Llegué al que pensé era mi lugar, mi mundo… creyendo que allí iba a estar mejor, que hasta ahí no me alcanzaría todo esto vivido contigo,  y que tú y todo lo que siento se quedaría aquí. -¡Pero que va… no fue así..!  no hubo un segundo lejos de ti, que no te pensara, que no te sintiera.
-Tú estás en mí.  (Y ahora somos dos los que lloramos). Continuas hablando y yo sólo te observo.
-La vida Esperanza, por ese tipo de cosas que no alcanzamos a entender, nos permitió encontrarnos ahora, en este tiempo, no antes, no después, y este, nuestro “ahora” nos pertenece… y no se que va a pasar y aunque también los dos sabemos todo lo que se interpone entre  tu y yo, tenemos esto, y este Faro que es “nuestro“. Este lugar ha servido para marcar la luz hacia lo que sentimos, por tanto no lo vamos a perder.
-Escúchame bien…
Yo simplemente asiento con mi cabeza y te miro en señal de prestarte toda mi atención.
– Habrá momentos en los cuales no estaremos aquí, por razones tuyas, por razones mías, pero eso no significa que no estamos juntos, porque nuestra alma y corazón si lo  estarán. Lo más importante es que podemos hacer todo lo posible para volver aquí todas las veces que queramos, porque yo quiero volver una y otra vez y quiero tenerte una y todas las veces.
-El mundo se quedará allá afuera, con sus contradicciones, obstáculos, imposibles y sólo costumbres, aquí estamos tú y yo… si ambos queremos, claro. ¿Estás entendiendo y de acuerdo con esto que te estoy diciendo o pidiendo?  Sigo en silencio y el amor se me sale por los poros. Me ha inunda tu voz, me penetra los sentidos. Y sigues diciendo,  lo que no te habías atrevido a expresar hasta ahora:
– Yo, mientras sufría lejos de tí, llegué a pensar que si tu estabas sintiendo este mismo dolor o quizás peor, dada tu sensibilidad,  debía ser terrible y yo no quería eso para ti; por eso volví… lo hice ese mismo día cuando te dejé, pero tu estabas dormida y así has pasado un tiempo… como sin querer volver… encerrada sin hablar.
– Querido… yo no sabía que habías vuelto.
– Marco me dijo que no te diría nada hasta verte recuperada, al principio tenía algo de recelo,  al ver lo mal que estabas “por mi causa“.
– ¡No! Yo no puedo culparte a ti de nada y… no me  fui tras de tí porque no quería imponerte lo que yo siento… yo no soy así
– No lo sientes tú sola, yo también lo siento y no siento que me hayas impuesto nada.
– Tenía que dejar que tu corazón te guiara… y cuando te perdí de vista, sentí que lo que habías encontrado en tu corazón era sólo el deseo de alejarte de mí, y eso simplemente me destruyó… no podía pensar en subir al faro, “nuestro Faro” nuevamente, sumergida en un dolor tan grande y que se iba a incrementar con los recuerdos que los dos hemos dejado aquí… sólo pensé que ya no querías estar conmigo, y esa sola idea …  (ya no puedo hablar más, el llanto me corta la palabras, no saberte conmigo es demasiado terrible)
–  Shhhhh,  shhhh….Ya no tienes que llorar más por eso… y me vas acariciando toda mientras hablas
–  ¿Escuchaste todo lo que te dije?
–  Sí.
–  ¿Y qué me dices?
Me pierdo en tus ojos.. estás allí… se que habrá momentos en los que no será así, pero has dicho que tu amor estará conmigo, que me pensarás, tanto como yo te pienso a tí.
– ¿Porqué el silencio, Esperanza? Dime algo, que me consume el tan sólo pensar que me podrías decir que no. — Dime algo…
– Ya te lo he dicho antes…
– ¿Qué me has dicho? No dejemos nada por sobre entendido… yo te estoy hablando con claridad,  con lo que siento.
– Allá arriba, también cuando bajábamos, cuando estuvimos en el agua… te dije que…
-Hace ya un tiempo me rendí, ante lo que siento por ti, yo no me hago de rogar, tu estas en mi vida, eres dueño de lo que siento… Este es nuestro lugar, “nuestro mundo especial” y nosotros somos los que estableceremos los límites para dar rienda suelta al sueño de nuestro amor.
Yo soy para ti…

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Un beso profundo sella este pacto. Mientras me sostienes por la cintura abrazada, muy pegada a tí preguntas pícaramente:
– ¿Ahora si te animarás a subir… no? sabiendo lo que te espera allá arriba.
-Hmmm hay algo que no entiendo.. y no sé… me pone como triste…
-¿Qué será? Dices impaciente.
– Que pareciera que  sólo allá arriba… puede suceder lo que estoy pensando… jajaja digo esto y quiero echar a correr escaleras arriba.
– Eres tremenda, Esperanza… así me gustas, ocurrente,  atrevida, expresando lo que sientes. .. y ¿sabes que? ¡tienes razón! no tenemos porqué esperar  a llegar allá arriba… déjame alcanzarte y lo verás, o mejor dicho, lo sentirás.

Y así corremos por estos pisos y el Faro va encendiendo sus luces. Antes era un lugar donde sólo la linterna encendía de noche, ahora los transeúntes, los cuales ya no tienen el paso permitido a su interior (por una remodelación que se ha  tornado permanente)  observan destellos de luces de colores salir por sus ventanas muy a menudo.  Nadie sabe lo que ahí ocurre, pero hay dos que si saben lo que significa subir, o mejor dicho, sentir. Y esos somos… tu y yo.
La música nos invade y al compás del amor, van surgiendo nuevas formas de amarnos y los colores nos acompañan. Subimos una y otra vez…

Este es nuestro lugar,
El lugar del amor…
No hablo de paredes
Sino del corazón.
A donde voy te llevo
En mi mente
Muy adentro
Basta decir tu nombre
Basta mirar el cielo
Para sentir en mi cuerpo
El roce se tus dedos.
Este Faro y su luz
Nos abrieron el paso,
Nos permitió sentir,
Expresarlo
Y amarnos…
Qué más puedo pedir
¿Qué ya no me hayas dado?
Amor,
Pasión,
Entrega
A montón,
En tus manos.
Desde aqui estaré
Siempre por tí esperando.
Aunque a otro lugar vaya
Sentiré que voy subiendo
Contigo,
Mi amor
Mi Cielo,
Y tú me estarás amando.
Nada hay fuera de ti
Que me permita sentir
De esta forma tan real
Aun sin poderlo explicar.
Siénteme igual
Tú también,
Ya mis huellas
están en tí,
Mi amor es un manantial
Donde las gotas
Fluyen de mí,
para saciar tu sed
Para darte placer,
Para que sientas al fin
Lo que este amor, así.

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No hay un día en que lo que siento, no me lleve a Subir al Faro… ese, el “nuestro”.

Subamos al Faro… El descenso I

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Hemos empezado el descenso… con algo de nostalgia, abandonamos la linterna.  El cielo sigue imponente en un azul intenso, casi de llanto. Nos miramos a los ojos, como recordándonos con nuestras miradas todo lo que el amor hizo con nosotros en este especial lugar.  De sólo pensarlo una fuerte ráfaga de emoción nos recorre por completo a ambos… vamos abrazados, algo silenciosos.  Llegamos a los ocho escalones del descenso y desembocamos en el piso anterior, el del amor, de la emoción, del deseo, de la pasión…

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Quiero seguir pero tu mano en mi cintura me retiene. Siento tu mano recorrer con suavidad mi rostro e igualmente yo acarició el tuyo… mis lágrimas no se hacen esperar. Paso mi mano por tu frente, por tus mejillas, tocó tus labios y es el mismo temblor que hay en los míos. Te doy besos… por tu cabeza, por tus ojos, por tus labios y las únicas palabras que puedo decir entre uno y otro son: “Te Amo tanto”. Tocó tu cuello, mis manos están sobre tu pecho, al igual que mis brazos que descansan en ti.  Mientras tú, tienes mi cintura y con tu brazo me rodeas toda.
Miras hacia donde está colgada en un rollo la alfombra y los cojines que casi no se observan para quien no sabe que están allí, y sólo alcanzas a decir:
-Esto me fascina… tú me fascinas. -Te agradezco tanto el que me hayas traído hasta aquí, mi vida ha renacido contigo, Esperanza, así como tú nombre, ha sido lo que ha pasado conmigo.  –Simplemente me siento vivo.
– A mí me encanta saberte aquí… tu has sido el regalo de mis días. Es que aún creo que puedo despertar en casa del señor Marco y descubrir que sólo soñaba… y si fuera así, te seguro que no quiero despertar.
Me besas con fuerza.
– Si fuera un sueño, no podrías sentir esto… ¿ya estás convencida que es real?
– Hay sueños que son intensos… yo se porqué te lo digo.
– Y es que acaso ¿ya tu soñabas conmigo?
– Si soñaba, pero lo vivido contigo aquí, ha superado cualquier sueño que he tenido hasta ahora. Esto es simplemente fuerte, avasallante… increíble.

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– Bueno, no me has contado esos sueños… me gustaría saber si me falta algo por hacer.   Me llevas pasó a paso hasta donde está la alfombra. Con una mano me sujetas y tiras de la cinta que la sostiene y en pocos segundos nuestro nido de amor está listo nuevamente.
– Eres todo un experto ya… como que no he sido mala enseñándote todas las bondades de este Faro, ¿cierto?
– Para nada… ¡eres de lo mejor! Contigo voy aprendiendo en cada paso que das.  Aprendo sobre sentir, sobre amar, sobre entregar.
– Y yo también  he aprendido…
– ¿Sí? Cuéntame a ver… dices y  nuestras ropas están fuera ya.
He aprendido a rendirme frente a tí, a no luchar contra lo que siento, sino a estar dispuesta a entregarte lo que soy sin medidas cuando quieras….
– Esperanza… yo, quisiera decirte…
Ahora soy yo quien impide que sigas hablando, soy yo quien te besa y sólo dice: Déjate amar… y con la fuerza de saber que está puede ser nuestra última vez, me entrego y empezamos  a dejar que el amor haga como quiera.
– Wow, una vez más me sorprendes. Me dejas sin palabras y sintiendo mucho.
– Pero… ¿te sientes bien? Pregunto.
– ¡Mejor imposible!
– Qué bueno Cielo, es lo único que quiero… que estés y te sientas bien.
– Como no he de estarlo si estiro mi mano y puedo tocarte… y tú como te sientes?
-Yo solo siento, intenso y fuerte,  como hace apenas unos minutos… como ahora nuevamente.
-Esperanza… esto que sentimos es algo que me inunda los sentidos y el alma… es el camino inescrutable del amor. -Me atrevería a decir,  mirándote así tan cerca,  entre mis brazos que esto aún no ha terminado … hace un instante sentí tal vehemencia en tu entrega que había hasta desespero de tu parte… o me equivoco.
Me aprieto a tu cuerpo y en un susurro alcanzo a decirte:
-Es sólo que no quiero olvidar esto…
-Yo no quiero que lo olvides… quiero estar contigo y amarte siempre .
Nos quedamos uno abrazado al otro, atesorando este momento y todos los que hemos vivido y sentido en este Faro.
– Ha sido maravilloso, dices.
– Sí, realmente maravilloso. Seguimos abrazados y siento tus besos tiernos por mi cara, y yo que estoy tan pegada a tí, beso tu cuello. Es rica esta clase de paz.
– Sé que ahora me recordarás que debemos bajar.
– ¿Cómo lo sabes? ¡ah ya olvidaba que de algún modo, lees mis pensamientos, jajaja!
– Algo así… jajajaj
– Y sí, podemos seguir bajando…
– Entonces sigamos, el mar nos espera.
– ¿Y porqué ahora si estás dispuesto y animado a bajar?
– Por que acabo de comprobar una vez más, que tu eres mía. Este Faro soy yo, y tú no irás a ningún lado sin mí. Simple. Lo dices con una seguridad que me deja pasmada. Y realmente es como dices, te pertenezco, aunque no seas mío… o si lo eres, de algún modo, si lo eres.
– ¿Y que te hacía dudarlo antes?
– Hubo momentos que pensé me dejarías aquí, sólo, como en uno de los piso, ¿Recuerdas?
– Allí te dije, que no me fui, simplemente tú no me veías.  Pero luego tú volviste y yo te esperaba.
– Cierto, tienes razón.
– Entonces no se diga más, sigamos en bajada.
Recogimos todo, una vez más, en medio de una complicidad tácita y llenos de la energía del amor, continuamos el descenso.
– Cuidado al cruzar el bosque, no te me vayas a perder jajaja. Dices eso, mientras pasamos por el piso verde, en el que hay árboles pintados por todos lados. -¡La verdad es que esto me parece genial! Casi se puede sentir que estamos en medio del bosque, sentados  a la sombra de un gran árbol, disfrutando de su utilidad. A propósito, no quiero que abraces más al árbol que está camino a este lugar, mejor abrázame a mí… te parece.
– De acuerdo. Digo esto y pienso en ¿que haré cuando no estés..?
– Siempre es más fácil bajar que subir, ¿no? Dices.
– Eso parece…
– ¿Porqué lo dices?
– No resulta tan fácil bajar para mí.
Tu mano me sostiene y detienes el paso. Llevas  mi mano que reposa sobre tu hombro derecho y con sólo al detenerte y girar me tienes de frente una vez más, yo un escalón más arriba.
– ¿Por qué no resulta fácil para tí el bajar esta vez? ¿Qué te preocupa, dímelo?
– Sé que al bajar, tú te irás.
– Esperanza yo…
– No digas nada más, continuemos el descenso.
Ya entramos y vamos pasando por el piso de tonos violetas, donde vimos a la luna…
– Como cuando vimos  a tu amiga Luna desde aquí,y me enseñaste que otros pueden desconocernos por completo así estén a nuestro lado recurrentemente; te pido que no quieras “desconocer” lo que yo siento por tí, lo que nos une.
– Tranquilo Cielo, no es un reproche y mis ojos te ven llenos de amor. – Es sólo que no es sencillo para mí, a veces sentir tanto…. no desestimo nada, ¡yo te he sentido…conmigo!
– Entonces sigamos.
– Sí ya pasamos al piso amarillo, al del atrevimiento… atrevimiento este, de haberte invitado a venir y atrevimiento aún más lo que te pedí cuando estábamos allá más arriba.
– Pues, brindo y celebró cada uno de esos atrevimientos.  Así como el Sol no se ha rendido, tu tampoco y eso me gusta.
Ahora el descenso es como más rápido, el ir recordando lo que vimos y hablamos en cada uno de los pisos y sus colores nos llena de una maravillosa sensación.
– Y ya estamos en el naranja… la verdad es que tú le buscaste y encontraste  significado a todo, a  los atardeceres y hasta las frutas, como la naranja de la cual me hablaste, e igual han cambiado en su significado para mí… ahora todo tiene sentido, color y propósito. Aunque también recuerdo que viniendo a este piso, fue que me dejaste solo.
– No vuelvas con eso querido… ya sabes que no te dejé en ningún momento, sólo permití que te fueras a hacer lo tuyo.
– “Lo mío” era aquí, contigo, lo que pasa es que tú no estabas segura de eso.
Dices eso, y mi corazón se detiene… tu consigues agitarme de cualquier forma.
– Que bueno es escucharte decir eso… (sin embargo tiemblo, no puedo evitar sentir algo de temor)
– Y ahora… debemos pasar rápido por este otro piso, el de las dudas, este verde con algo de azul en el que se han mezclado las preguntas, con la incertidumbre. – Ven pasemos esto rápido, no quiero dejarte chance para que los “y si” ocupen tu mente.  En tú cabecita quiero estar yo y nada más, no te quiero atormentada por las dudas, te quiero confiada y sonriente al recordar lo que sientes.
– De acuerdo. Al decir eso ya no es sólo mi mano la que reposa en tu hombro, ahora soy yo quien cuelga de tu espalda y terminamos de bajar este piso, hasta el último así.  Tu me sostienes de las piernas y yo voy colgando, abrazada a tu cuello y espalda.
– Si me sigues apretando así, no respondo… y una carcajada sale y terminamos de llegar al último piso, el de la acción.
– Desde ahora, cada vez que estés aquí, te van a dar ganas de correr y subir, de llegar arriba para sentir, ahora no hay vacilaciones, sólo tendrás ganas de seguir.
– Claro, si ya sé lo que me espera, no tardaré mucho y subiré lo más pronto que me den mis fuerzas…
– ¿Ves? Logramos bajar rápido.
Ya estamos en la entrada y  vamos a salir al exterior, para caminar hasta la playa. Tu mano no me suelta y me atrae más hasta tí. Un beso no se hace esperar.
– ¿Realmente quieres ir a allá afuera?
– Sí, vamos.
– Y si hay gente por ahí. ¿Qué día es hoy?
– Hoy es nuestro HOY… lo he reservado para nosotros. ¿pensabas que tu solamente podías preparar algo mágico? Pues ya verás. ¡Vamos!
Salimos fuera del Faro y se vé aun más alto desde afuera… el día está radiante, bello, el aire que se respira es fresco, la brisa se siente suave y refrescante.
– Caminemos hasta el mar, ven.
Nuestras manos van juntas, así como nuestra alma y corazón se siguen moviendo al mismo compás.

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– ¡Qué hermoso esta el día! Estoy tan emocionada que podría llorar.
– No, esta vez no llores, sólo dale permiso a la risa hoy.
Llegamos a la orilla del mar, sus olas son bellas, el agua es como el espejo del cielo y el sonido del agua como una constante melodía. No hay nadie por ningún lado…
– ¿Porqué esto estará tan sólo? Nunca había visto el lugar así.
– Lo mande a preparar sólo para nosotros. Y tu risa contagiosa se deja escuchar y también río contigo.
Vamos caminando juntos por la orilla, las olas vienen y van, mojándonos de algún modo.
– ¿Alguno de tus sueños fue conmigo aquí?
Me quedo mirándote sintiéndome descubierta. Si no fuera por el color de mi piel, podrías ver el sonrojo en mis mejillas… pero me arriesgo y digo: -Si, de mis mejores sueños contigo…
– Entonces no se diga más, vamos…
– ¿Vamos? ¿al agua?
– Sí, vamos.
Entras al agua sin más.
– Ven, te estoy esperando. Hago una negación con mi cabeza y tú empiezas a salir del agua… llegas hasta donde estoy y me persuades de entrar al agua.
– Ahora sí, estamos listo. Siente el agua acariciándote la piel…a hora soy yo quien te dice como cuando estábamos allá arriba, mira el cielo y siénteme.
– ¿Qué sientes? Preguntas.
Casi no puedo hablar, son demasiadas las sensaciones que me embargan, el azul del cielo y el mar es uno solo… es como si estuviéramos en un campo de flores azules y una melodía fantástica se dejará escuchar. Es simplemente mágico.
Ahora nos sumergimos ambos bajo el agua y empezamos a nadar hacia la orilla. Al llegar descansamos un poco debajo de una palmera. Ambos estamos jadeantes, lo que acaba de pasar en el agua, nos dejó exhaustos y sorprendidos.
– ¡Fue fantástico! te digo. -Esto resulta peligroso para mí.
– ¿Peligroso? Y eso ¿porqué?
– Porque eres “adictivo” para mí. Y eso me sorprende…
– Entonces disfrútame.
– ¿Y cuando no estés?
– Pero aquí estoy, este es nuestro ahora, no pienses en nada más. No quieras sufrir por adelantado.
– No es eso… es sólo que sé, que te debes ir.
– Y tú también tienes que irte de aquí, y eso no quita la belleza de lo que sentimos, de lo que hemos estado viviendo sobre todo sintiendo.
– Tienes razón…
Estamos los dos sentados viendo al mar. Yo de espaldas recostada sobre tu pecho, sintiendo tus brazos caer sobre los míos, acariciándome. Es un momento de calma, si se quiere de silencio, de almas que están conectadas. Pasan los minutos y luego nos vemos. Me pierdo en tu mirada, suspiro y cierro mis ojos sólo para pensar que estoy ahí, contigo.
– No quiero estar sin tí. Son pocas tus palabras pero las dejas oír con claridad.
– Yo tampoco quisiera estar sin ti, pero…
– No lo digas, no quiero saber de la vida y todo este cuento que ambos tenemos.
– Pues, de algún modo tengo que decirlo, Cielo. Tú y yo tenemos mundos que atender y yo sé que en cualquier instante te debes ir.
– No entiendo, ¿de dónde sacas fuerzas para decir eso? Yo no…
– No tengo ninguna fuerza. Pienso en mi vida sin tí, y el dolor es casi mortal, sin embargo no puedo pretender que te quedes aquí conmigo, eso se que no es posible.
– Y después del recorrido que hemos dado, ¿me vas a hablar de imposibles? Algo haremos.
– ¿Cuándo te vas? Esta era la pregunta a la que le temía desde que él vino. La acabo de hacer, y no tengo ningunas ganas de escuchar la respuesta, pero era necesario hacerla.
– Si insistes en ese absurdo, creo que el momento de irme, es ahora. Si mi amor no te es suficiente para estar segura, sino lo crees, ¿que más puedo hacer aquí?
Comienzas a levantarte y vas sacudiendo la arena de tu ropa, yo te miro y las lágrimas comienzan a resbalar por mis mejillas en silencio.
– ¿Y no vas a decir nada?
– ¿Qué podría decir?
– ¡Qué me amas, que no me vaya, que tu eres mía!
– Todo eso y más te he dicho, y no ahora, sino desde hace mucho tiempo. Ya lo sabes. Pero yo no soy quien debe insistir en que no sea así, es algo que debes decidir sin que te presione yo.
– ¿Presión? No me siento presionado, ¡me siento enamorado! Que son cosas distintas. ¿Y Tú no te irás?
– No soportaría el mundo real ahora, luego de todo esto. Yo no estoy preparada para estar fuera de aquí, al menos por un tiempo.
– Pues, si no me pides que me quede, me estarás pidiendo que me vaya.
– No puedo hacer eso.
– Pero ¿porque ahora te cuesta pedirme que no me vaya?
– Porque no quiero que digas que te quedaste, porque yo te lo pedí o porque sentías que te obligaba de algún modo.
Estoy parada a tu lado, mis ojos te buscan, los tuyos rehuyen. No entiendes el que no te presione… pero así soy yo…
De pronto me tomas por la cintura y me besas, con pasión y fuerza, hasta con amargura y yo me entrego en el beso…
– Adiós, dices y te veo marchar.  Te alejas y el dolor en mi va creciendo, desgarrador e implacable.  Es como morir despacio…
No se cuanto tiempo pasé allí, lloré y grite mi dolor, su ausencia, lo amargo de la vida que nos separa, el sentir mi cuerpo reclamándolo y que ahora no esté.  Creo que no podre soportar este dolor… ¡no podré! Casi inconsciente de tanto llorar, me quedé allí sin moverme, hasta que una mano en mi rostro me hizo reaccionar.
– Niña, niña… era el señor Marco, que una vez más vino en mi rescate. -Alguien me dijo que estabas aquí, mi niña, y me dijo además que te cuidara, el también iba como destrozado. De allí no recuerdo mucho más, me desmayé.

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Subamos al Faro #12… La linterna

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… – ¿En qué estás pensando? Dices mientras tú mano acaricia mi cabeza. Ella sobre tu pecho al igual que yo… sin decir nada…
-Pienso en tí… en lo mucho que agradezco el haber estado aquí, contigo…  Mi voz es apenas un hilo, hay demasiada emoción para que las palabras puedan salir. Continúa el temblor en nuestros cuerpos y podemos sentir todavía algunos corrientazos de amor que siguen haciendo aparición, luego de estar juntos todo este tiempo.  Sigo sin saber cuánto transcurrió y mientras más lo pienso, menos interés va teniendo para mí.  Lo único que sé es que abro mis ojos y estás allí y es más de lo que podía pedir.
-¿Y que es lo que piensas… de mí? Es un susurro tan suave tu voz, que de sólo oírla, cierro los ojos y me pierdo en ella.  Sólo te respiro, eso es suficiente.  Todo lo demás antes de este momento… las ausencias, los sinsabores, las dudas, todo eso es tan pequeño ante este segundo que va pasando contigo… Te aspiro… quiero llenar mis pulmones, mi ser de ti, para que estén igual que mi mente, en la que apareces por todos lados.
-Tantas cosas para llegar aquí… tanta distancia… ahora levanto mi cara hasta tu barbilla y me encuentro con tus ojos… profundos, con tantos mensajes allí adentro.
-Me importa este momento y lo que sentimos, lo demás fue sólo el camino… después de esto, encontrarte en cada parte de mí misma, será lo que tendré.
No se ni por qué voy a decir lo que diré, lo que si sé es que la realidad en algún momento se interpondrá y si no nos decidimos a seguir, simplemente nos quedaremos aquí.
-Creo que es tiempo de continuar.
– Tiempo… ¿cuál tiempo, a quien le importa ese fulano?
– Te invité a subir, y ya estamos casi en lo último, para eso debemos levantarnos y…  un beso corta toda palabra. Me dejas los labios libres dos segundos para decirme:
– No puedes liberarte de esto… eres mía y no hay más tiempo en este momento, sólo siénteme… no me resisto, voy tras él,  ya no es posible negarme, soy presa de sus antojos, me he rendido, porque ellos son los mismos antojos míos.
La calma va llegando luego de la estampida del fuego del deseo.
– Debemos seguir…
– ¿Ocurre algo? ¿hice algo mal?
– Para nada… tu eres lo mejor que me ha pasado.  Estás hecho a la medida para el orden de mi imperfección. -Eres único para mí.
– ¿Y porqué entonces quieres que sigamos? precisamente ahora que estamos tan bien…, esto es algo mágico que no quiero perder…
– Justamente por eso creo que necesitamos seguir. – Recuerdas cuando te dije, pisos atrás, que no dijeras palabras que te pudieran atar o que no pudieras  cumplir… pues vuelvo a recordarte eso.
– ¿Cómo puedes decir esto, luego de lo que ha pasado, de lo que acabamos de vivir juntos? Yo te sentí tan mía que…
– Y lo sé querido, todo lo que has dicho, lo siento tanto o más de lo que dices; sin embargo nos toca continuar.
– ¿Quieres que nos separemos?
– ¡No..! Y tampoco me olvido de tu vida o de la mía… quisiera… y aún así están ahí.
– ¿Entonces para que querías que viniera hasta aquí? Empiezas a separarte de mí, y la sola distancia entre nuestras pieles, me lástima. 
– Quería que vinieras para poder expresarte realmente lo que sentía… y creo que algo te lo he ido demostrado poco a poco hasta aquí, ¿no?
– Claro, por eso no entiendo ahora la idea de seguir. -¿Si ya sabemos lo que sentimos, eso es todo, no?
– Sabemos lo que sentimos… quizás si subimos hasta la linterna, podamos encontrar ¿qué hacer? con esto que sentimos, porque sí… si lo sentimos.
– ¡Ah ok! Entonces no es una despedida… y una sonrisa se deja ver ahora en tu rostro, mientras me atraes aún más hasta tí.
– Sigamos entonces, tan sólo esos ocho escalones y entramos a la linterna. Creo que te gustará lo que verás desde allí.
– Me convenciste, Esperanza… vamos… pero antes bésame de nuevo.  No me hago de rogar, no hay nada que me guste más que hacerlo, así que largo y profundo va el beso.
– Sabes a amor…
– Y ¿cómo es eso?
– Cada beso que me das, siento que te entregas toda y el amor sale a bailar entre tú y yo… a eso me sabes.
– Tú a mí, me sabes a cielo… porque lo contienes todo…
Abrazados llegamos hasta el primer escalón y queremos subir.
-Tu delante y yo detrás, digo mientras te hago la indicación con mi mano derecha para que te adelantes.
-Así no me gusta, respondes enojado como un crio.
– Así hemos subido los siete pisos que llevamos hasta ahora.
– ¿Porqué no hicimos esto desde el principio, porqué dejamos el amor para lo último?
El amor estuvo presente desde el inicio hasta ahora… aún antes de tú llegar, el amor estaba en mi… esperándote. -A lo mejor si hubiese pasado lo que ahora, en cualquiera de los pisos anteriores, no hubieras entendido algunas cosas que venían después. -Todo ha sucedido en el momento preciso ¿no crees?
–  Pensándolo bien, tienes razón todo ocurrió de manera perfecta, pero esta última parte, me tiene… alucinando!
–  Entonces sigamos…
–  En muy poco tiempo estaremos arriba. -La vista va a ser increíble…
–  La vista, la sensación, todo es increíble.
Empezamos el ascenso, tu mano me sostiene de forma decidida como quien no va a soltarme ya nunca. Yo te siento y tiemblo de saberte allí, y siento que me quiebro aún más de saber que en algún momento no estarás.
Subes un escalón y oigo un -“Te Amo”, volteas y me miras y yo asiento con mi cabeza, con mi cuerpo que palpita por tí, con mi ser.  Son ochos escalones y ochos Te Amo que se van quedando conmigo de manera inolvidable. Llegamos al fin, ya estamos en la linterna, la parte más alta del Faro. Aquí ya no hay paredes que nos cubran, sólo cristales que dejan pasar la luz y nos ofrecen la majestuosa vista del cielo fundiéndose en el mar, un solo azul, un infinito azul, un inolvidable espectáculo.
Me atraes hasta tí nuevamente y resbalo instintivamente hasta tus brazos, es como encontrar mi lugar al fin… allí en tus brazos, junto a ti.
-Te extrañaba, dices mientras tú boca busca la mía y el amor sucede otra vez.  Somos libres como este viento que ha empezado a entrar por un ventanal que abrimos.
-Aquí no hay paredes.
-Ya lo sé, estamos a la vista… el cielo y el mar son nuestros testigos de lo que el amor está haciendo en nosotros. -¿Y sabes qué? Esta sensación, me encanta.
-¿Quieres mirar? Y te enseño la ventana abierta.
Tomo tu mano y te dirijo al ventanal.
-Ven amor, quiero que desde aquí lo observes y sientas lo que me embarga cuando estoy aquí.
– Claro… faltaba esta parte por saber… ya que luego de llegar aquí tan alto ¿en que piensas? Me habías hecho olvidar que en cada piso hay una estación de lo que sientes.  – Cuéntame tú.
-Saca tu cabeza por aquí, abre tus brazos, siente la brisa, mira hacia arriba…. -Indescriptible ¿no? 

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-Desde aquí he escrito algunas de las cosas que te enviado por ahí. – Desde aquí he visto la distancia que nos separa…
-Nos separaba, interumpes.
– Desde aquí he llegado a comprender que lo único importante para mí, es amarte, sin pensar en más allá...
– Ha sido desde esta altura, que mis sueños contigo han tomado vuelo, que te he imaginado como el cielo, como este azul, que lo cubre todo y lo ocupa todo y eso me ha hecho sentir… totalmente llena de amor. – Es algo que no lo sé explicar técnicamente con palabras.

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– Ahora entiendo, desde aquí has determinado tu actitud para conmigo, tu forma de percibirme, de buscarme, de amarme.  Ambos estamos frente al ventanal, sintiendo la fuerza de la brisa y la potencia del azul de ese cielo que lo embarga todo.
Comienzas a acercarte más y más, continuando lo que habías empezado apenas llegamos a la linterna… – Abre tus brazos, me dices, siente despacio, el viento te embarga toda… siente su fuerza y su caricia.
– El cielo te va a amar…. completa… infinitamente…
Digo a tu oído en susurro, todas las expresiones de amor que hasta ahora sólo has visto por escrito, ahora son audibles desde mi alma hasta la tuya.
Me entrego, con la misma ansiedad de alguien que ha caminado mucho tiempo en el desierto y ahora bebe el agua más fresca del manantial más delicioso.  Los límites desaparecen y el amor una vez más hace como quiere con nosotros.
Me atrevo a decirte “Te Amo” con la fuerza de quien siente que la vida se queda en esa dos palabras. Recibo tu afirmación del sentimiento, una y otra vez. 
Luego de esta entrega sin igual,  la calma vuelve a reinar, la brisa esta ahora es suave y el cielo también sigue despejado y las nubes comienzan a aparecer. Es como si todo confluyera de manera perfecta en este momento. Besos suaves y abrazos tiernos nos mantienen juntos. Dormimos un poco. 

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Sigue pasando algo de tiempo, en susurro te pregunto:
– ¿Tienes sed? Me miras extrañado…
– ¿Que si quieres tomar algo?   – Es que luego que subimos hasta aquí, no hemos bebido nada y de eso hace ya bastante rato.
– A ver, tu que eres la que hace maravillas,  cuéntame ¿que tenemos por aquí?
– Allí, detrás de esa columna, hay un mueble, abre allí… vas a encontrar una pequeña nevera y algunos vivieres.  Despliega la tabla que va hacia arriba y coloca lo que quieras allí.
Te incorporas das los pasos y llegas al lugar indicado.
_ ¡Wow!  Esto no puede ser… tú no perdiste ningún detalle ¿verdad?
– Mi idea era que no… y sonrío sin poder evitarlo.
– Ya no preguntaré más como lo haces? Pero lo cierto es que… ¡lo haces!
– ¿Hago que?
– Que me sorprendas, me fascinas, me… dejas sin palabras…
– Entonces disfrútalo.  Voy hasta donde estás, te acarició con mi mirada.
– Todo está tan rico, la fruta, el jugo, esos pequeños bocadillos… ¿cómo sabías lo que me gustaba?
– Sólo te observo y lo demás va saliendo.
– ¿Tú eres real?
– Tan real como lo que siento….
– Quiero caminar contigo a la orilla del mar, y regalarte un día de esos que son un espectáculo también, allá abajo.
No lo puedo evitar, mis lágrimas comienzan a salir; me volteo, no quisiera que las vieras, pero ya es muy tarde, se dejaron capturar por tí.
– ¿ Porque lloras Esperanza?
– No estoy llorando… yo…
– Sí lo estás, yo vi las lágrimas antes de que se deslizaran por tu rostro. -Dime que ocurre, ven.
– ¿Sabes las implicaciones de ir hasta allá abajo y caminar por la playa?
– Claro que sí y me atrevo… -Yo también estando aquí, he visto al descubierto mis emociones, mis sentimientos y no puedo negar, aunque quisiera, todo lo que siento por tí, lo que significas para mí.
– Pues, yo… no quiero que te compliques por mí… la vida allá afuera, o allá abajo es totalmente diferente a lo que nos hemos permitido vivir aquí, y yo sé que no lo puedes cambiar, la vida es y va a seguir siendo así… y tú y yo en medio de ella.
– Vuelvo y te pregunto como en el piso de abajo ¿para qué traerme hasta aquí y luego dejarme con este sabor a incertidumbre, a pérdida que creo está por venir? Que no me gusta para nada… sólo me atrevo a decir que hay dolor de por medio…
– Invitarte a venir… era la única forma que tenía para expresarte y que percibieras un poco de lo que siento, de lo que a veces pienso, de lo que no te cuento en las letras que te envío. -Yo necesitaba decirlo, o más bien sentirlo contigo aquí. – ¿ha estado mal? ¡es posible! Pero es la forma que conozco de hacer lo que siento… quizás entonces, deba pedirte perdón por insistir en que vinieras. Siento que las fuerzas se me acaban, desde que comenzamos a subir, sabía que en algún momento él se iría y ahora voy pensando que see acerca el momento. Quizás parte de mí, no pensaba que llegaríamos hasta el final.  Imaginé algunas veces que sus ocupaciones lo harían irse y no regresar… que la vida de allá afuera le retendría y le haría olvidar el camino al Faro, pero no fue así… le he visto subir, sorprenderse, sentirse incómodo y hasta molestarse… y también he sentido su amor, su pasión, su entrega sin reservas. No se que hacer ante esto. Saber que el momento de separarnos se acerca, me acaba la vida, pero sabía que era el precio de acercarme y beber…

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– Está bien, bajaremos y caminaremos por la playa… si hay algo que he soñado contigo es que dejemos nuestras huellas por ahí, sobre esa arena.
– Así está mejor.. ¿Ves Esperanza? No hay motivos para llorar.
Te miro y el amor se me sale por los poros. Veo tu corazón y lo que sientes y veo además el camino que nos espera y su bifurcación, sin embargo lo que nos queda voy a vivirlo intensamente… no sé qué has decidido tú en tu mente o si te estás dejando llevar por el momento y lo que sientes.  En algún momento la realidad te llamará…
– ¿Empezamos a bajar?
– ¡Claro, el mar nos espera!
Mi sonrisa es tenue… mis lágrimas insisten en querer salir, yo no las dejo. Nuestras manos se unen nuevamente.. empezamos a bajar.

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Subamos al Faro #11

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-Bueno… ahora si, este es nuestro último piso.
Mi sonrisa es algo nerviosa y termino de alcanzarte en tan sólo dos pasos.
-Enciende la luz…
-No tengo ninguna prisa.
Siento que tú mano aprieta un poco más la mía… estamos conscientes de que luego de este piso, queda sólo la linterna.  Ya no seguiremos subiendo, lo que toca es descender… al menos para quien quiera hacerlo.

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-Hazlo, enciende la luz, ya sabes dónde quedan los interruptores en cada piso, ya van siete con este los que hemos subido…. -Vamos enciéndela…
-Pero está vez, no te suelto… a donde yo me mueva, hazlo conmigo, dices y tu mano sigue asiendo la mía.
-Está bien, te digo, mientras voy siguiéndote  hasta una de las paredes donde está el interruptor.
-Veamos que hiciste aquí, está vez…
-Hay un segundo botón en este interruptor, ¿lo  notaste?
-Si, vi que había uno pequeño y rojo debajo, pero solo presioné el primero, el normal como hasta ahora… – ¡Wow! Es extremadamente blanco este piso… ¿esto asemeja… al cielo o qué? ¡jajajajaja! -Y el segundo botón para ¿qué es?
-Si no lo aprietas…
-A ver, aquí vamos de nuevo.
Al hundir el pequeño botón rojo, lentamente empiezan a aparecer colores rojos dando formas de contraste ante la pared tan blanca.  Tus ojos se abren como platos como una señal de asombro y no dejas de mirarme moviendo tu cabeza, en señal de no poder creer lo que ves.
-¡Este es el piso del amor! ¿Por eso era el último?

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Este es el piso de la emoción, y por supuesto del amor. Ese color rojo que estás viendo en este momento, a ratos puede llegar a verse casi negro, dependiendo si hay algo que ensombrece el sentimiento…
-A ver, creo no estar entendiendo todo lo que dices… -¿Hablas de que esto tan espectacular, bello y romántico puede volverse oscuro? ¿es eso?
El amor es algo puro en todas sus acepciones, sin embargo puede hacernos experimentar todo tipo de sensaciones y emociones que por sí misma no son buenas o malas, pero lo que puede originarse en nuestro interior sí. -Cuando entramos dijiste que esto te parecía el cielo, por el blanco que reinaba, pero te puedo decir que a veces puede verse casi negro, por algún dolor que haya en el alma y ahí es como estar de visita en el infierno.
– ¿Entonces este piso es como esas piedras que cambian de color de acuerdo al estado de ánimo de las personas?
– Yo no diría tanto así, sólo se que tiene ambos matices. Recuerda que esto lo hice yo, de acuerdo a como lo he pensado o más bien sentido, no quiere decir que sea realmente así para todo el mundo.
– Cuando sientes algo muy intenso, los colores brillan, el pulso se acelera, los sentidos se te alborotan muchas veces sin poder controlarlos, el pensamiento recurrentemente ronda en torno a alguien, y eso mismo puede hacerte sonreír constantemente de emoción… la pasión simplemente sale a tu encuentro y te toma, allí el rojo es el color favorito, serpenteado por todo nuestro ser, exhibiendo su gala, su poder, su fuego y todo lo que nos hace sentir. -Y fíjate que hablo de fuego, pero aún así no nos hace daño, sino que nos mantiene vivos, queriendo más, literalmente encendidos.
– Y ¿cómo algo así tan increíble, se convierte en sombrío? Así como dijiste antes, que puede cambiar el color…
– Si la muerte visita alguna vez al sentimiento y consigue hacerlo añicos, la desolación se cuela y empieza a marchitarse lo que una vez tuvo color. El dolor es inaguantable, tiemblas pero de desánimo, de ganas de no respirar más, el corazón se te quiebra y los pensamientos tambien. Es un martirio.

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– ¿Y que llega a producir algo tan horrible?
– Puede ser todo, y a veces nada. La indiferencia, el no dar valor al amor, la burla hacia los sentimientos, las dudas que son expertas en  corroer y minar, terminando así con la confianza que había… eso y más ocurre en una mente y corazón que sienten, ya sea por un mal entendido, o por heridas a veces sin intención, pero que igual duelen; como te dije, son emociones que por sí solas no implican nada, pero acompañadas de un profundo dolor, hacen que todo se oscurezca a su paso.
– Vuelve a apretar nuevamente el botón rojo, y verás de lo que hablo…
Veo tu mano temblorosa apretar nuevamente el botón, con la otra sigues sosteniendo la mía, y yo a tu lado comparto todo lo que estamos viendo juntos y una pregunta cruza por mi mente en este instante: -¿será que sí está bien, que yo me descubra de esta manera contigo?
-Me interesa todo el significado de esto que estamos compartiendo en este momento… absolutamente todo.
Dices eso, y yo sigo pensando “que puedes oír mis pensamientos”, y si dices que te importa, entonces respondida mi interrogante, así que sigo o mejor dicho seguimos. La luz va cambiando lentamente  y lo que antes era de un lindo color rojo que invitaba a la alegría, es ahora oscuro y sombrío, casi negro…
– Puedes volver a tocar el primer botón y nos quedaremos como al principio…

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– Sí, lo prefiero así, de un blanco intenso y de rojos centelleantes.
-¿Ves el final de esta pared? El espacio que queda antes de tomar la puerta que conduce a la linterna. Allí hay sólo ocho escalones pequeños y ya estamos arriba, totalmente libres de estas paredes.
-¿Pero allí no vamos todavía, cierto? Quiero disfrutar muy lentamente de nuestra estadía en este lugar, en este piso, de lo que sientes, de cuánto sientes y lo que hace que sea rojo o negra tu emoción…
– Sí, todavía no vamos al exterior, nos queda este lugar,el último de los pisos donde he dejado mi ser en cada oportunidad.
– En ese lugar que te estoy indicando, allí, vamos a sentarnos.
– ¿Sentarnos? ¿y cómo? Yo no veo desde aquí que haya nada…
– Vamos, demos algunos pasos hasta allá.
Nos movemos lentamente, suavemente, la prisa no tiene lugar aquí. Hemos recorrido cada piso sin pensar en que se acabaría, y ahora en la recta final la misma sensación la estamos respirando ambos, la incertidumbre nos ronda….
-Ya verás que si nos podremos sentar…
-¿Ves esas cintas rojas a los lados de esa barra que sobre sale en esta pared? Yo voy a tirar de la de este lado y tú toma la otra y tira de ella lentamente.
Me miras algo escéptico, pero logro convencerte con mi mirada de que lo hagamos.
-Vamos a la cuenta de tres… uno, dos y tres… vamos soltando lentamente.

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Lo hacemos y una mullida alfombra  va desarrollándose por la pared, hasta caer lentamente en el piso y se acomoda casi a la perfección en la superficie que quedó a nuestros pies, y luego de ella siguen deslizándose a través de las cintaa una serie de cojines que servirán

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para recostamos.

– Tú y tus sorpresas, Esperanza, no me imaginaba para nada que podría salir una alfombra y estos cojines de algún lado. – Estoy empezando a creer  que puedes hacer magia.

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– Magia, es conseguir que un corazón se agite con un pensamiento y parezca que va estallar, tan sólo con la presencia alguien.  Esa es la verdadera magia… y eso tiene que ver con este piso, el de los sentimientos, las emociones, los deseos… el Amor, como tú lo dijiste hace un momento.
– ¿Y Cuéntame que ocurre aquí?
–  Aquí lo que uno siente, queda simplemente al descubierto. – Es como ir al espejo del alma y ver con claridad lo que sentimos, sin excusas, sin adornos, sin conflictos, ni reglas que los amordacen o cohiban. – Aquí sólo he sido yo… y mis sentimientos.
–  Y ahora yo también, y lo que siento, porque como te dije, siento aunque no lo exprese mucho.
–  Entonces vamos a ponernos cómodos y sentémonos entre estos cojines.. ahora si puedes decir que sientes o en qué estás pensando, luego de recorrer  todos estos pisos conmigo. -¿qué se te viene a la mente en este momento?
–  ¿Podemos tumbarnos mejor uno al lado del otro?
–  ¡Claro! En este momento puedes hacer lo que quieras, sientete libre.
Nos colocamos uno junto al otro, con nuestros cuerpos a la inversa, pero nuestras cabezas muy cerca. Tendidos uno a la lado del otro, estamos listos para escucharnos.
– ¿Ahora si estás más cómodo?  Creo que puedes descansar un momento, cada piso ha ido quitando algo de nuestra resistencia…
– Perfecto… todo está maravilloso, mucho más de lo que yo hubiese podido imaginar. -Este faro resulta ser todo un lugar especial, casi encantado como en los cuentos… pero tiene algo mucho más increíble, y es que es real, porque tú estás aquí. Creo que si hubiera subido, aún encendiendo cada piso y viendo sus colores, sin tus palabras y todo lo que me trasmites que has sentido en medio de las paredes de este lugar, y no precisamente porque tus emociones se deban a este mismo lugar, simplemente habría pensado que alguien jugó con los colores por aquí, y que es un lugar peculiar y pintoresco…. sin embargo ahora pienso, que estás paredes simplemente son un poco el reflejo de la intensidad de tu alma.
– Realmente no pensé mucho cuando fui colocando cada color y detalle en los pisos, simplemente me fui dejando llevar por lo que sentía… y ya ves el resultado.
– ¡Para mí, fantástico!
– Empiezas a hablar y a contarme de tus ganas de venir hasta aquí, y cuántas cosas lo impidieron, el temor que inicialmente te daba hasta el mismo faro… al final terminamos riéndonos como niños, es tan agradable estar juntos, sin limitaciones de horarios, y el resto de las normas de allá afuera. Es un momento para guardar en el alma.

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-Y Cuéntame cómo es cuándo el color rojo es totalmente vibrante, tal como lo vimos hace un momento. -Es algo mágico el sentir que todas esas figuras, como corazones ¿no? Aparecen unos más intensos que otros… pareciera que es como un viaje al corazón…
– Algo de eso es.. cuando lo que sientes te embarga de esa manera, los colores simplemente brillan, la emoción se eleva sin medida y no lo controlas, simplemente la sensación que te embarga es única; es como una gran rosa roja cuando abre por completo, y el mundo recibe todo su esplendor. Eso es algo que nadie puede parar. -¿Alguna vez el corazón se te ha agitado por alguien, al punto que casi no puedes hablar, alguna vez una emoción ha sido tan grande que te pone a temblar? Si lo sabes…, es lo que sugiere ese intenso color, es el desear tan profundamente algo, hasta volverte uno con eso que sientes, que te estremece, que te mueve, que muchas veces te hace llorar.
– Llorar… creo que es un verbo que has conjugado muchas veces en todo este lugar… y no se si me gusta tanto la idea, pero ya lo he ido asimilando y lo tomo como parte de tu gran sensibilidad. – ¿Y cómo es eso que mencionas, que aquí es como ir al espejo de tus sentimientos?
– En este piso me desnudé, y llegué a comprender realmente lo que sentía por ti, tuve mi lucha con la negación, mi querer argumentar y tratar de convencerme de que no era así… hasta que al fin, simplemente me rendí. – Aquí he podido entender un poco más eso que llaman deseo… incluyendo toda la pasión, esa que nunca dejo que se desborde por sí sola, que está encerrada bajo el control del “deber ser”. -Aquí Levante los cerrojos de las puertas del placer y sólo te soñé…
– Yo quería decirte algo, pero realmente en este instante solo quiero escucharte… háblame de ¿cómo es eso que me has soñado? ¡con placer y todo incluido!
Sólo te observo, nuestras miradas se encuentran, estamos tan cerca… pero yo no me atrevo ni siquiera a rosarte.
-Hablame de la intensidad de lo que sientes. Me hablas y tu voz está algo temblorosa, casi en susurro, mientras tus ojos no se apartan de los míos.
– Dicen que los ojos son las ventanas del alma, y asomándome en este momento a la tuya…creo que he empezado a ver la  intensidad de lo que mes has dicho hasta ahora.
–  ¿Y que estás viendo?
–  Una gran ternura, pero a la vez una inmensa pasión… es como un fuego que crece, algo que se va encendiendo, son como tus pensamientos… estoy llegando a percibir lo que has sentido desde aquí y siento que esto también me sacude. – ¡Es intenso!
–  Entonces no es necesario que yo te diga mucho, porque tú mismo lo estás sintiendo.  – Por aquí hay algo para tí, algo escrito que quizás recoja de una forma más estructurada o en orden, lo que siento. -Tómalo, leelo y sabrás algo de lo que me preguntas acerca de como te he soñado.
Tu mano toma el papel, tus ojos se disponen a leer y van de la hoja a mis ojos una y otra vez…

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-Wow, realmente esto es muy fuerte… es intenso… es hermoso, yo.. yo no tengo las palabras precisas para decir en este momento.
– No digas nada, sólo leerás lo que puedas sentir.
– Tú me amas Esperanza…
– Sí, con todo lo que soy, no tengo más.
– Es que no puede haber más… esto que has escrito aquí, es… sublime y a la vez pasional…yo no creo tener palabras para corresponder a esto.
– Sólo cierra los ojos un momento y siéntelo.
Ambos cerramos los ojos y puedo sentir tu respiración cada vez más cerca a la mía, y tu cuerpo acomodándose en mi misma dirección, a mi lado. Tus labios rosan los míos y nace un beso… profundo, de algunos segundos que hace que la eternidad parezca pequeña ante este momento. Estabas en la entrada de mis emociones y sentimientos, y ahora en este instante que nos pertenece, entraste a mi interior, a lo que nadie ve, a lo que sólo yo conozco…  el beso nos convoca a más, y sin embargo es tan intenso lo que hay que alcanzamos a fundirnos en un abrazo. Las letras escritas hacen magia en cada uno y así por el momento que esto dura nos alcanza una emoción que jamás había experimentado, al menos por mi parte, no. Las lágrimas sin remedio, aparecen.
Abro los ojos, y estás ahí, no lo estoy soñando, estas ahí. Abres los ojos y me miras a través de tu sonrisa… acaricias mi cara y sólo alcanzas a decir…- Yo también te amo, Esperanza.
Y seguimos así, abrazados, no sé cuánto tiempo pasa, no sé si es de día o noche, ni cuándo fue que llegamos allí, sólo sé que el universo entero confluye en este momento aquí. ¿Cuanto es el tiempo que dejamos transcurrir así? No lo sé, sólo sé que ha sido el mejor momento de toda mi vida.  Pero, hay que romper el silencio, y recordar que la realidad está allí, fuera de nosotros…
-Creo que se aproxima el momento de seguir…
– No hay a donde ir, no existe otro lugar, este es el lugar
– Pero sabes que debemos..
– Ahora soy yo, quien te dice, no digas nada, sólo abrázame y quédate aquí conmigo. -Soñemos juntos, ya no más tu sola.
Las lágrimas no se deslizan está vez en solitario, hay de tu parte y de la mía. Caricias se sienten, abrazo que lo ocupa todo, besos que no aceptan limitaciones.  Simplemente amor.  Nos quedamos aquí, al menos en este instante, nos quedamos aquí.

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Subamos al Faro #10

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Al fin en este piso… Pensé por un momento que habías desistido de seguir subiendo, Esperanza
-¿Porqué lo dices? Mi intención desde el principio ha sido recorrer cada piso contigo, y tu lo sabes… Entonces ¿porque ese comentario?
-Lo digo por tu silencio, que se ha vuelto largo desde antes de subir hasta aquí y encender la luz  en este piso..  Que es… ¿Cómo verde también?

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– Sí, también es algo verde. Un tanto diferente al segundo piso, que dejamos ya hace bastante rato atrás. Creo que simplemente me quedé ahí, en el piso anterior pensando un poco más sobre lo que te contaba de la luna y su paciencia ante tantas cosas. Y ¿sabes? No podría estar en este piso, si no hubiéramos pasado el anterior.
– A ver, ¿y a que se refiere este espacio? Veo que hay en las paredes en medio del verde… Dibujos como de… Voy a acercarme mejor, mis ojos se habían acostumbrado algo a la penumbra y ahora con la luz, me encandilo un poco. – A ver… Si, son ramas.
– Exactamente son ramas. No me muevo, sólo te observo acercarte a una de las paredes y extender tu mano derecha casi con temblor y palpar el dibujo sutil de una rama.
– En. medio de este verdor y con estas ramas… Pareciera que hemos subido a…

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– Un árbol..
– Ahora si me intrigas, estamos subiendo en un Faro, y de pronto es ¿cómo si trepáramos a un árbol?  -Se que tienes un significado para cada cosa, así que soy todo oídos… Cuéntame… Pero antes, ¡ya va! Dime: ¿Te ocurre algo? Noto algo en tu mirada que no alcanzó a descifrar.
– Estamos cerca de terminar nuestra subida, nuestra expedición, nuestra aventura…
– ¡Entonces es por eso! ¿Estás triste? -Ya sabes que yo…
–  No quiero que digas nada… Ya te dije alguna vez que no me gustan las promesas, son para el que tiene miedo de no querer cumplir algo y necesita sentirse obligado a hacerlo. -No lo compliques, no digas nada.
–  ¡Ahí vas otra vez!  A veces pareciera que nada te perturba y que ya lo tienes todo bajo control, que lo que sien…
–  ¡No tengo nada bajo control!  Por eso voy con cuidado. Tú no tienes idea de cuántas cosas se mueven dentro de mí, por tí. -Pero creo que eso lo verás en las dos últimas paradas que nos quedan, luego de que salgamos de este piso, el del Servicio.
–  ¿Servicio? Hmmm  aquí estoy… listo para entrar en tus pensamientos nuevamente. -Ya me he ido acostumbrando a que te vayas descubriendo delante de mi, y cada vez me gusta más ver tu alma, desnuda. -Quizás sea difícil de entender para otros, este recorrido que me has permitido hacer hasta ahora, pero como te dije antes, creo que ya nunca volveré a ser igual después de esto.
–  Nunca somos iguales después de algo que realmente nos importe… Ninguna huella es exactamente igual a otra, así nos empeñamos en tomar el mismo camino. -Nuestras fuerzas varían, nuestras formas de ver el camino también, y eso  es lo que hace diferente cada una de nuestras pisadas.
Ahora si me muevo, mientras sigo observándote, como quien siente el tictac del cobarde tiempo indicándome que pronto ya no estarás aquí, voy dando pasos cortos… Uno, dos, tres, hasta llegar a donde te encuentras.
-Son ramas… Ramas de un gran árbol, que quizás contiene otros entre sí. – No todas son iguales, pero cada una tiene una función especial, y eso es lo que ayuda a servir de una manera muy singular.
Volteas hacia mí, y te siento allí… Tan cerca. Si girara hacia cualquier lado,mi hombro rozaría con el tuyo, y es un riesgo que aún no me atrevo a correr, así que igual me quedó inmóvil, sintiendo tu respiración junto a la mía, y sólo me rescata de este pensamiento en el que me pierdo… Lo que quieres saber sobre este piso.
-El verde es como el de los árboles, a veces un poco más intenso que otro. A mí los árboles me sugieren descanso, compañia, protección. -¿Te has sentado alguna vez a la sombra de uno enorme? ¿Has estado allí al borde de su tronco, llorando una pena?
Me miras, y tu expresión es de quien dice: -¡No puede ser! No otra vez, llorando al pié de un árbol…
-Hay uno enorme en el camino hacia acá.  Es extraño, porque sólo el está a lo largo del camino, como si sólo él fuese suficiente para este amplio territorio…
-Como si fuera más fuerte que la soledad… Y diciendo estas palabras no puedo evitar que mis lágrimas se derramen nuevamente.
-No, no… Por favor no llores.. Por favor, no.
-Tranquilo.  Estas lágrimas son parte de mí, de lo que siento.  En este momento no me siento mal, ni la tristeza me azota, sólo que me emociona pensar en las veces que he estado ahí, junto al árbol que mencionas y ahora estás aquí, en este piso del faro.
-Ven, permíteme secar tus lágrimas y sígueme contándome lo que has sentido al llenar las paredes de este piso con este color y con las ramas.
Siento tus manos sobre mi cara… Suavemente pasas tu pañuelo por mis mejillas, y puedo verme en tus ojos… Aunque los míos siguen produciendo lágrimas que no se detienen.  Es demasiada la emoción que me provocas. Cierro entonces mis ojos y trato de respirar profundamente, pienso que si no consigo calmarme, no podré contarte lo que siento, y no valdría de nada estar allí, si no lo sabes… Así que, poco a poco voy recobrando el aliento y voy alejándome un tanto de tí. Un paso atrás, me permite tomar la distancia necesaria para invitarte a seguir.
-Mejor empecemos a subir cada escalón, y te voy contando así.
Empiezas a subir y tu mano se extiende para tomar la mía, y subir como hasta ahora lo hemos hecho, tú delante, yo detrás.
-¿Porqué no te gusta estar tan cerca de mí?
-¿Porqué lo dices?
-Porque contínuamente, si me acerco, pones distancia de alguna manera. Te gusta más ir de mi mano, sin mirarme, sin que yo vea tus ojos…
-Yo no he dicho que no me guste sentirte cerquita… Ni tampoco te he hablado de lo que eso provoca. -Entonces no asumas lo que no he dicho. -Hay momentos en que debo tenerte a cierta distancia, para concentrarme más en lo que te quiero decir, que en lo que simplemente estoy sintiendo. Que yo vaya, detrás, de tu mano, no significa que yo no te estoy mirando..
-Pués, me mirarás tú, pero yo no puedo verte; a menos que… Detienes el paso, volteas, bajas al escalón en el que estoy y la estrecha escalera nos contiene a ambos, ahora si, cerca muy cerca.

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-Qué es lo que quieres Esperanza.  ¿Estás jugando conmigo?
-No, yo no… Ya sabes que nunca juego. – Sólo quiero tenerte aquí y disfrutar está oportunidad que tengo ahora de poder subir cada escalón de tu mano y de contarte lo que hay en mi corazón y quizás lo que he pensado cada vez que en solitario lo he subido. -¿ Acaso es mucho pedir? ¿Te hago algún daño con eso?
-No, sólo siento que…
-¿Qué..? ¿que es lo que sientes?
-Siento ganas de besarte, de abrazarte contra mí, y quedarme aquí, y no saber del tiempo, ni de lo que está allá afuera y yo…
-Shhh. Calma..  Pongo mi dedo en tus labios. -Yo pudiera decirte que siento lo que dices y más, pero si nos dejamos llevar sólo por eso, nuestra subida no sería completa. -Sigamos subiendo, y lo entenderás mejor.
Cierras tus ojos como niño enfadado y sin decir nada más vuelves a la posición de subida y así seguimos, un escalón más,. Esta vez es mucho más lento que las anteriores.  Es como estar conscientes un poco más, ambos, que estamos cerca del final.
-Los árboles son ejemplo de servicio… Recibimos su sombra y ni siquiera la agradecemos, pero está ahí. – A veces venimos con muchas cargas y aflicciones, nos quema el dolor del camino y el árbol es como un tipo de amor, que nos abraza y nos da de su calma y nos permite reposar. ¿conoces mejor servicio que ese?
-De alguna manera yo he sentido como ese, el gran árbol, al que te referiste antes, me ha abrazado en mis tristezas.
-A veces antes de llegar aquí, mis fuerzas ya no dan más y me ha tocado detenerme allí y sentir su cuidado, para poder seguir. – Como los pájaros, también he hecho mi parada allí. Si es mucho sol, me cubre,pero en oportunidades también llueve y me he resguardado bajo sus enormes ramas.
– ¡Cuántas cosas has pasado! Y… ¿Porqué no me lo has dicho? ¿Porqué no me has llamado? Es preferible que me abraces a mí, antes que a ese árbol, yo hubiese podido llevarte de saber que estabas aquí, en esas condiciones… No entiendo….
– Querido… Si te he llamado, si te he contado y ese árbol, y estas ramas que ves pintadas por aquí, simbolizan tu presencia en mi vida, y las veces que igualmente yo he estado para tí.

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– ¡Wow! Me has dejado sin palabras una vez más. Podía pensar cualquier cosa, menos esto que me has dicho.  Te confieso, que por un momento pensé en ese árbol y sentí algo como… ¿celos?, pero  se que eso no es,  pero es algo extraño, de sólo imaginarte refugiándote  en él y no en mí.
– Pues ya sabes, que él ha servido para recordarme tu presencia, no para olvidarla. Y no quiere decir que no tenga su mérito propio, porque realmente, a su sombra he pasado buenos momentos, he disfrutado del canto de los pájaros, he contemplado desde sus ramas el azul de este cielo. -Me he sentido libre.
– Como conmigo… ¿Es lo que quieres decir?
-Algo así.
-La verdad es que no lo habría pensado si no me lo dices, y ya sabes que me gustan mucho los árboles, las plantas y todo eso; pero no me lo había planteado hasta ahora así,  eso de servir a otro, tomando  como símbolo, un árbol; es como aprender a ser útil desde la sencillez de lo que uno mismo es.
-Exactamente esa ha sido mi idea con este piso. Porque si el amor no es ser útil para otra persona, que sería el amor entonces,? Sólo satisfacción personal, la vida centrada en uno mismo nada más y ya ves, que no es así.
-¿Pasaste mucho tiempo pintando esto?
-Algo… Mientras esperaba que te atrevieras a venir…
-Esperanza… Y porqué no insististe antes, porqué siento que me perdí muchas cosas..?
-Todo es perfecto ahora, este es el momento justo para que estuvieras aquí. Los ayeres sin tí, ahora no existen, como en este momento aún no llegan tus ausencias futuras.
-¿Ausencias futuras..? No se de que hablas, porque yo no tengo ganas de ausentarme, y ni lo pienses… Porque yo…
Una vez más sutilmente te interrumpo.
-Sigamos, por favor, si? Sigamos. -Insisto que no te ates a palabras que no has de cumplir. Los dos sabemos cómo son nuestros mundos fuera de este Faro.
-Y yo insisto en que no pretendas saber de antemano lo que va a pasar. Déjame que te diga lo que siento, lo que también hay en mí.
-Por supuesto… Me interesa  mucho  todo lo que puedas decirme sobre lo que sientes. El próximo piso es justo para eso y ahí tendremos tiempo  de expresarlo, ¿te parece?
-Ya vamos casi saliendo, quedan sólo unos pocos escalones.
Siento tu mano sosteniéndome, diciéndome las palabras que hasta ahora no nos hemos dicho. El tacto es más atrevido que las palabras y lo que corre entre los dos hace un recorrido de un lado al otro y nos deja así, trepando por un árbol, cargados cada uno de sentimientos y emociones que en algún momento saldrán (…o no)
-Gracias por invitarme a venir aquí…
-Gracias a tí, por atreverte a venir.
Y todo el recorrido se vuelve más corto, sólo nos queda un piso y la interna… no se si estarás pensando lo mismo que yo. Una vez más volteas y me miras, parece que mis pensamientos son audibles para tí….

Subamos al Faro #9

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-¿Dónde estabas? Preguntas, olvidando que eres tú quien te habías ido.
-Estoy aquí como siempre… me detuve un poco a mirar por la ventana. La tarde ya se va y la luna ha empezado a dejarse ver.
-¿Nos hemos tardado en llegar hasta este piso, no? Tus palabras son como un continuo llamado a que me incluya en tu conversación… pero creo que esta vez, no tengo muchas ganas, voy calladamente, disfrutándote, poco a poco.
Te miro en silencio,  ese mismo que contiene lo que siento.   Observo tus facciones,  te recreo una y otra vez en mi mente, como el que imprime un recuerdo para que jamás se borre.
Hago un asentimiento con mi cabeza, más que para afirmar lo que dices, para reconocer que efectivamente tardamos en llegar, o más bien tardamos en descubrir este piso juntos.

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Aquí todo tiene tonos violetas,  lilas o hasta rosa dependiendo del ángulo por donde se mire y si la luna, como hoy, como ahora, decide penetrar por uno de los bordes de esta ventana lateral.
-¿Porqué escogiste este color?  Es morado y se vuelve intenso y llega a ser rosa más arriba… aquí jugaste mucho con la iluminación ¿no?
-Este es el color de la paciencia
-¿Qué? ¿De la paciencia?  No podría imaginarme jamás la paciencia así, más bien oscura.
-Ahora si tendrás que explicarme que quieres expresar en este piso y sobre todo, ¿que has sentido cuando llegas aquí?
-¿Ves la Luna..? Me volteo completamente y digo mientras la observo:  -Si te mueves un poco hacia acá, hacia mi derecha y te asomas a la ventana, la verás.
Te acercas..  pasas a mi lado, siento tu respiración tan cerca, que por un segundo mi corazón se agita desquiciado, para luego recuperar su ritmo, y yo junto con él, mi compostura.
-Está bella la luna… es como si estuviera saliendo del mar. ¡Wow es enorme!
-Pensar en ella y en mí,  me hizo definir el color de este piso en el que estamos,  el de la paciencia,  la comprensión,  la tolerancia.

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-¿Sabes? Me encanta la Luna. Creo que somos amigas desde siempre. No conozco científicamente mucho de lo que es como satélite, como eso que dicen los estudiosos, los que se supone que “saben”.
-Leo sobre los que escriben esos mismos que afirman saber mucho de ella, y al final termino por no entenderlo del todo.

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-Ella me ha hecho comprender lo siguiente: Muchos pueden hablar de nosotros y no conocer lo que sentimos, para nada. Dicen saber, pero no es así.  Simplemente creen conocer lo que a simple vista, se ve. Pero muy lejos están de lo que se siente y se es.
– ¿Cuéntame como es eso Esperanza?  y dime ¿porqué te pareces a tu amiga Luna?
– Ella debe ser tolerante y paciente, para escuchar a desconocidos hablar de ella… y algunas veces pasar por alto cuando la describen a la “medida de ellos”. -¿Sabes como yo la conozco? ¡Por lo que siente!
– Ahora si me dejaste intrigado… quiero saber ¿que sientes tú? y la Luna también.
Pareciera que la luna sabe que hablamos de ella y haciendo gala de quien es, no de lo que otros dicen, nos mira y sonríe en medio de una noche que ha empezado a adueñarse de todo el lugar,  tanto dentro como fuera de este faro. Empieza a subir ante nuestros ojos.
-Me refiero a sus sus fases… Esas que han llamado menguante, creciente,  llena y nueva. Al menos creo que  es así como las denominan (aunque puedo estar equivocada)  me sugieren tantas cosas quizás diferentes a lo que la simple ciencia dice. Sé que a cada una le atribuyen implicaciones hasta en nuestro planeta, pero al margen de eso yo conozco sus emociones un poco más allá. Sé lo que siente la Luna.  Sus emociones y sentimientos se parecen a las míos...
-A ver cuéntame eso…
-¿Sabías que ella tiene un romance profundo, una pasión ardiente?
-Hmmm realmente no… nunca he pensado eso,  creo que eso lo dejo para los poetas y los locos.  Dejas oír tu risa un poco con vergüenza al darte cuenta que en ambas categorías estoy incluida de algún modo, sobre todo en la última. 
-¿Y con quien es el romance? Dices algo escéptico.
-Con el Sol.   ¡Luna está enamorada del Sol!  ¿Te imaginas lo complicado que es?
-Ahora si estoy sorprendido. No creía poder interesarme… Pero has captado mi atención.  Cuéntame eso,  me parece una historia atrayente, hasta fascinante.
-Hay un solo momento en que se encuentran, y no siempre pueden hacerlo.  Hay tantas cosas que los separan. Por eso ella es paciente y tolerante… llena de esperanzas,  como yo.
-Y tú… ¿tienes un romance? ¿amas a alguien?
-Sigamos hablando de Luna, mírala, sólo observa y tu irás entendiendo.  -Cuando está muy delgada, casi no se ve, como la sonrisa de un gato ¿sabes como es?
-Si claro,  a esa fase la llaman “nueva” (creo, ya ni se).
-¿Sabes que siente?
-¡Por supuesto que no! No había pensado que “ella sentía”.
-Como yo…
-¿Qué, acaso dices que yo tampoco había pensado que tu sentías? Abres tus ojos escrutándome y solo alcanzo a hacer una sonrisa que no termina de aparecer.
-Estás sonriendo como ella…¡Como la luna!
-Luna sonríe tímidamente al ver marchar a su amado, porque piensa que lo espera tantas horas para solo sentir que la toca unos segundos y se va… Renueva en esta etapa su ganas por él, se niega a dejar que la espera, la aniquile.
-¡Wow..! entonces es una sonrisa triste. ¿Así sonríes ahora?  ¿Piensas lo mismo que ella? ¿ Y el sol… soy yo?
Sigo en silencio la veo subir, majestuosa, radiante, dejando sus destellos por todos lados.  La brisa de la noche mueve mis cabellos, cierro los ojos, te pienso, te siento cerca, soy como Luna. Y sigo diciendo:
-¿Has visto cuando crece un poco más y se vuelve como una cuna? ¿Sabes porqué toma esa forma?

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-Es un reflejo del sol… supongo… Y a eso lo denominan creciente cuando lo que  se deja ver es la mitad, un poco después de eso que has llamado “cuna”.
-Ella recuerda al Sol y su imposibilidad de tener un hijo juntos.  Se transforma en una cuna que jamás mecerá al fruto del amor de ambos.  Está ahí luchando con su tristeza, mientras canta una canción de cuna para un niño que no llegará,  porque simplemente no es posible.
-¡Eso es demasiado!  El amor como que duele ¿No? ¿Y… tú también sientes eso..?
Te miro y contemplo tu asombro, tus labios temblorosos, tus manos que inquietas reposan en los bolsillos de tu chaqueta.  Yo, te observo, te grabo, mis pupilas solo pueden dibujarte…
-Sí,  si duele… Veo que ya has visto su otra cara, cuando está a la mitad, ¿cierto? Cuando eso ocurre solo pretende esconder lo que siente, mostrando sólo una parte, porque la totalidad es muy intensa.  Es como decir “te quiero”, para no decir nada más,  poner límites a los sentimiento antes de que se desborden.  Dejar al descubierto,  a veces nos deja sin defensas y eso da miedo,  por eso esconde el lado más intenso.

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-¿Más intenso? ¿Acaso se puede ser más intenso que esto?  Realmente no pensaba en nada de esto antes de que lo dijeras, pero ya me voy metiendo en la historia que habla de la luna,  y la verdad es que, cada vez más pienso que te asemejas a ella, que es como tu historia.
Tu expresión ahora es de búsqueda,  miras con fijación a la luna, quien sigue subiendo en la oscuridad del horizonte,  me miras de reojo. Me atrevería a decir que en tu mente me comparas con lo que ella siente y lo que tu piensas que siento.
-¿La estas viendo? Ahora está llena… ¿Sabes cuándo está así?

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-Si la estoy viendo y ya me estoy preguntando ¿Que siente?
-Se siente plena…
-¿Y eso porqué?
-Antes de esta noche vino un atardecer de esos que queman. ¿Lo viste?  El Sol dejó su larga estela. ¿Sabes porqué?  Porque hoy él la esperaba a ellaSe fundieron por segundos, la amó como nunca antes. 

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En las profundidades del agua, ambos sumergidos, se entregaron sin reserva.  Ahora ella emerge y sube, mostrando a todos que está feliz, que está llena. 

El la mira desde lejos y también la recuerda.  Ya no habrá más encuentro hasta no se sabe cuando,  y eso hace que empiece ella a mostrarse más pequeña cada vez, en los días sucesivos a su encuentro de amor.

El fuego que hoy refleja y su resplandor, se va perdiendo poco a poco, eso es producto de separarse, de distanciarse de su Sol.
-Sentir eso la hace menguar de alguna manera, volviéndose menos visible a nuestros ojos… Es el tiempo en que sólo los recuerdos de lo vivido junto a él, la sostienen.
– Esperanza, a eso lo han denominado la fase “menguante” de la luna… Estoy asombrado… Pensando…

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-¡Wow otra vez!  ¿Y la luna siente eso? ¿Y tú también?
-Eso y más.  ¿Ves cuanta paciencia se requiere para esperar que algo suceda?
-¿Cuanta tolerancia se necesita para escuchar todo lo que muchos que “saben” puedan opinar de quien eres y lo que sientes y estar a “años luz” de eso? Por eso ese color va en este piso, unas veces más intenso que otros, escalones que se oscurecen cuando parece que es imposible de aguantar, pero luego se aclaran con la comprensión de que ellos nunca sabrán lo que se siente.
-¿Hablas de la luna?
-Sí
-¿Y de tí?
-Sí
-¿Cuántas veces has estado en este piso?
-Todas
-Esto no solo habla de paciencia, de comprensión,  de tolerancia… habla de amor.
-El amor es eso… comprensión,  entender y mucho, mucho más.
-¿Cuándo te quedas tan callada… es porque esperas y me toleras?
Cuando me quedo callada quiero comprenderte,  escucharte,  que sientas mi amor haciéndote bien.
-Eso es como demasiado… yo soy más simple.
-Me parece bien, yo solo te cuento lo que pienso,  lo que siento.  Esta subida sé que va a ser única y quizás no se repita, por eso los detalles de cada cosa.
-¿Única? Yo quiero volver… yo…
-No digas nada.  No quiero  escuchar promesas,  que te aten y luego pesen.   Faltan sólo dos pisos más y luego ya estaremos en la linterna. Sigamos subiendo, ya Luna está bien arriba.
Tus pasos son firmes y lentos,  hay un silencio acogedor que nos mantiene unidos.  Mi mano sigue en la tuya, y  vamos escalón, tras escalón.   Suspiras profundo.
-¿Sientes mucho?
-Siento, sí,  intenso.
Siento tu mano apretando la mía y un temblor nos recorre a ambos. El final se aproxima,  la hora de bajar se acerca.

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-¿Puedo ser como el Sol?
-No…  y el silencio vuelve un segundo en una eternidad interminable. No puedes ser “como” el Sol.  Tú eres mi Sol.
-Bueno Luna… bueno Esperanza… ya ni se lo que digo.  Lo que sientes me estremece, me conmueve, me contagia,  de algún modo… me asusta.
-Ya lo sé… yo que soy quien lo siente, muchas veces llego a sentir que me supera y también me da temor, por eso vengo aquí,  a este lugar, donde todo encaja perfectamente,  donde puedo ser yo, con lo que siento.

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-Voy entendiendo mejor…
-Ya estamos terminando este piso, pronto podrás encender la luz del próximo.
-Te quiero Esperanza…
-No tanto como yo.
– Nunca volveré a ver la luna de la misma manera que antes de escucharte…
-Ya no seremos los mismos.