Subamos al Faro… volverás? II

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Al abrir los ojos yo estaba en la cama de la habitación que tanto Marco como Natalia me habían preparado para las veces que no podía irme, y esa vez realmente así era una de esas.  A pesar de lo nublado que estaban mis ojos o más bien mi mente,  la ví a ella sonreír allí, cerca de mí.
– Natalia… yo… ¡me duele.!!! Y mis lágrimas comenzaron a salir a borbotones otra vez.
– Calma niña, calma, todo va a estar bien. Con su mano en la mía,  dulcemente como una madre, intentaba por todos los medios de consolarme y animarme.
– ¿ Cuánto tiempo llevo aquí?… ¿y él? Ayyyy…. y el llanto me ahogó nuevamente por completo.
– Descansa Esperanza, descansa.  Volví a dormir, algo me habia dado Natalia en el agua que me bebí por su insistencia, algo para que descansara… pero sin él… no había descanso alguno para mí.  Simplemente me sentí caer cada vez más en el pozo profundo del dolor.  Él no estaba, y mi mente, mi cuerpo, mi piel solo sabían preguntarme ¿donde está?  Y ante la falta de respuesta, un estado de inconsciencia era el mecanismo de defensa que mi organismo habia determinado usar.  ¿Cuánto tiempo pasó? Dicen que mucho más del que era prudente… pero saberle lejos de mí,  de mi alma era simplemente insoportable… una eternidad en el infierno.

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Cuando volví en sí otra vez, tanto Marco como Natalia estaban a mi lado, y la expresión de ambos era de gran  preocupación.
– ¡Gracias a Dios que reaccionaste! Casi entre lágrimas y risas los dos ancianos se miraban y tocaban mis manos.
– ¡Vamos niña linda!… Debes sobre ponerte. -Vamos, es hora de continuar.  ¿Porqué no subes  al Faro, allí siempre te animas, te encuentras, eres otra al volver.
Pero al pensar en el Faro y todo lo vivido allí…  el amor, la pasión, la entrega, su compañía, todo… se me vino encima y el dolor desgarradoramente hizo su peor aparición. Las lágrimas no podían salir… era cono si el dolor al no encontrar escape se concentrara en toda la esencia de mi ser. En realidad, nunca habia experimentado sufrimiento igual… era la muerte de una forma intensa y muy lenta. Y sólo alcancé a decir:
– No podré estar más allí… no creo que pueda…
– Si podrás, vamos niña, si podrás. Natalia hacia su mejor esfuerzo por animarme y que de alguna manera me entusiasmara como siempre en hacer la subida.  Pero todo era inútil.
Pasaron algunos días y continúe igual, no quería ni siquiera pararme de la cama.  Yo no volví a salir de aquella habitación, comía lo poco que Natalia conseguía obligarme a hacerlo… no supe del mundo, no supe de él, ya nada me interesaba…
Y un buen día vinieron a verme, tocaron y entraron en la habitación ambos, temprano antes de salir a hacer sus vueltas,  y decidieron correr las cortinas (en contra de mi voluntad) me sacaron prácticamente cargada de la cama y ella con la bondad de una madre,  me persuadió para que me diera una ducha fría,  a ver si mi circulación y el ánimo se restauraban. Accedí porque no tenía fuerza para contrariar a nadie.  Al marcharse ellos, yo me quedé en el baño, secando mis cabellos. Realmente el agua fría me habia sentado bien. Mi cuerpo de alguna manera se había restablecido, pero mi ánimo no, y era eso lo que realmente les preocupaba. 
Escuchaba decir a Natalia con recurrencia que: “Si no nos sacudimos la tristeza, ella nos puede matar“, por eso no me dejaban a merced de mi gran tristeza y siempre estaban por allí.  Se despidieron de mí, a través de la puerta del baño y  dejaron, adrede,  la ventana abierta y yo al salir del baño a medio vestir, sentí como el viento entraba por ella, casi sacudiéndome o empujándome. Quise acostarme nuevamente y el viento no me dejó….  decidida me paré a cerrar la ventana, pero el viento me hizo como volver en sí, me recordó como soplaba cuando estuvimos en la linterna, como lo sentí  cuando caminamos a la orilla del mar…  Su fuerza y casi su voz me impulsaba a salir de allí, así que sólo me deje llevar. 
Salí de la casa de Marco y Natalia,  y en la medida que sentía el viento y miraba aquel dia tan hermoso y el azul tan intenso,  simplemente mi corazón dio un salto; caminé hasta la entrada del Faro y al llegar allí inevitablemente mis ojos se inundaron de lágrimas. Una vez más el viento me empujó y entré. Todo estaba apagado.
Encendí la luz de la planta baja, no la azul, no quería recordar los colores… y todo lo que implicaban en cuanto a los sentimientos para mí… debia ir con precaución;  ya que a pesar del tiempo transcurrido mi amor estaba intacto y mi alma desecha por no tenerlo. De pronto comencé a escuchar una canción conocida, que venía desde la parte más alta del faro y caía como una lluvia de sutiles melodías. 
Esto me sorprendió, ya que yo había pensado en algún momento colocar música en el lugar (de hecho traía conmigo generalmente audífonos para escuchar música) , pero eso era uno de los proyectos que aún no había terminado. Pensé que podía ser el señor Marco,  así que simplemente me senté en el primer escalón.  Empecé a oír pasos que descendían y preferí quedarme allí, inmóvil.  Para mí,  no había otra posibilidad además de que Marco fuera quien estuviera bajando, ya que con regularidad él debía revisar el Faro y además estaba pendiente por si yo estaba por alguno de sus rincones…
Los pasos se iban escuchando cada vez más cerca y al cabo de unos minutos los sentí tan solo en el piso anterior. Yo seguí allí sentada, sin voltear, pretendiendo que aquel Faro simplemente me tragara. Los recuerdos del amor, me empezaban a sepultar… hasta que así,  sin más,  escuché una voz que dijo:
-Pensé que cuando estuvieras aquí, subirías enérgicamente, anhelando lo que te esperaba en el último piso…
Esa voz… no era la del señor Marco… por unos segundos pensé ¿acaso me estoy volviendo loca? ¿Era él, era su voz? Giré mi cabeza y lo ví… bajando por la última escalera del piso zul, hasta llegar a donde yo estaba simplemente tirada en un escalón.

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-¿Eres tú? (Mi voz era temblorosa)
– ¡Claro, soy yo..! ¿quien si no yo..? Y tu voz lleno todo el lugar. Viéndote,  ahí tan cerca… eres tú,  es tu sonrisa!  no pude más que quedarme pasmada.
– Pensé… que era… el señor Marco, … este es su Faro.
– Este es “nuestro” Faro, Esperanza. Bajas hasta donde estoy yo y procedes a agacharte dándome el frente hasta quedar a mi mismo nivel.
– Estaba preocupado por tí, era como que no querías reaccionar… mejor dicho estábamos preocupados, porque Marco y Natalia también lo han estado.
– No sabía que estabas aquí, que habías vuelto… no pensé que te vería otra vez.  Tomas mi cara en tus manos y me miras fijamente a los ojos… mis lágrimas empiezan a caer. Sólo te alcanzo a decir:
– Perdóname si esa es la razón que te ha hecho volver… porque quizás supiste que estaba algo indispuesta y eso… No puedo articular más,  el llanto no me deja casi ni hablar. – Yo… no quería que volvieras así, por esa razón, yo quería… que estuvieras bien, que no te sintieras presionado por nada…
– ¡Esperanza shhhh… mirame! Tus dedos sobre mis labios intentan que no hable más.
– Es que yo…
– ¡Esperanza, por favor..! ¡Escúchame..! Sostienes mi cara e insistes en que te mire. Mis lágrimas corren silenciosas…
– Cuando te dejé en la playa, iba destrozado.  No entendía como eras capaz de dejar que me fuera, por momentos llegue a pensar que no me amabas y eso me dolía demasiado, sentí rabia y desolación de solo imaginar que lo que vivimos aquí y allá no fue suficiente para que no me dejaras ir o que no te importara. – Pero antes de montarme en mi carro, ví la casa del señor Marco y decidí entrar… ya que a pesar de atormentarme con esos pensamientos, también recordaba lo sensible que eres y como sientes… y si yo estaba en lo cierto… me parecía que dejarte allí sola era como  dejarte a merced del dolor, del sufrimiento,  de la muerte de algún modo…
– Y fue exactamente así… te fuiste y sentí que me rompí en muchos pedazos. Esperaba que reaccionaras y no te fueras (pero por tu voluntad) y al entender que eso no ocurriría mi desolación fue tal, que ni siquiera pude moverme más de allí. Yo ya no…
– ¡Óyeme..! por favor, respira… ten calma… quiero por lo que tú más quieras, que me prestes atención.  Me levantas y estamos ya de pie en la planta principal, uno frente al otro.
Yo, como no sabiendo hacer otra cosa, simplemente voy dando pequeños pasos hasta tí, me acerco toda… tu me abrazas y cierro los ojos, creo que ya no puedo más, mi vida es ahí… en tí. Te separas un poco e insistes una vez más en que preste atención a tus palabras.
– Escúchame,  Esperanza.  Cuando me fui, hubo momentos en que pensé que no volvería jamás a este lugar,  ni a tí.  Esperaba que tu corrieras tras de mí, o que al menos gritaras “No te vayas”, y nada de eso sucedió… salí de este lugar y me alejé muy rápido, a toda velocidad, lo más que pude… pero ¿sabes? Fue algo muy doloroso.
– Llegué al que pensé era mi lugar, mi mundo… creyendo que allí iba a estar mejor, que hasta ahí no me alcanzaría todo esto vivido contigo,  y que tú y todo lo que siento se quedaría aquí. -¡Pero que va… no fue así..!  no hubo un segundo lejos de ti, que no te pensara, que no te sintiera.
-Tú estás en mí.  (Y ahora somos dos los que lloramos). Continuas hablando y yo sólo te observo.
-La vida Esperanza, por ese tipo de cosas que no alcanzamos a entender, nos permitió encontrarnos ahora, en este tiempo, no antes, no después, y este, nuestro “ahora” nos pertenece… y no se que va a pasar y aunque también los dos sabemos todo lo que se interpone entre  tu y yo, tenemos esto, y este Faro que es “nuestro“. Este lugar ha servido para marcar la luz hacia lo que sentimos, por tanto no lo vamos a perder.
-Escúchame bien…
Yo simplemente asiento con mi cabeza y te miro en señal de prestarte toda mi atención.
– Habrá momentos en los cuales no estaremos aquí, por razones tuyas, por razones mías, pero eso no significa que no estamos juntos, porque nuestra alma y corazón si lo  estarán. Lo más importante es que podemos hacer todo lo posible para volver aquí todas las veces que queramos, porque yo quiero volver una y otra vez y quiero tenerte una y todas las veces.
-El mundo se quedará allá afuera, con sus contradicciones, obstáculos, imposibles y sólo costumbres, aquí estamos tú y yo… si ambos queremos, claro. ¿Estás entendiendo y de acuerdo con esto que te estoy diciendo o pidiendo?  Sigo en silencio y el amor se me sale por los poros. Me ha inunda tu voz, me penetra los sentidos. Y sigues diciendo,  lo que no te habías atrevido a expresar hasta ahora:
– Yo, mientras sufría lejos de tí, llegué a pensar que si tu estabas sintiendo este mismo dolor o quizás peor, dada tu sensibilidad,  debía ser terrible y yo no quería eso para ti; por eso volví… lo hice ese mismo día cuando te dejé, pero tu estabas dormida y así has pasado un tiempo… como sin querer volver… encerrada sin hablar.
– Querido… yo no sabía que habías vuelto.
– Marco me dijo que no te diría nada hasta verte recuperada, al principio tenía algo de recelo,  al ver lo mal que estabas “por mi causa“.
– ¡No! Yo no puedo culparte a ti de nada y… no me  fui tras de tí porque no quería imponerte lo que yo siento… yo no soy así
– No lo sientes tú sola, yo también lo siento y no siento que me hayas impuesto nada.
– Tenía que dejar que tu corazón te guiara… y cuando te perdí de vista, sentí que lo que habías encontrado en tu corazón era sólo el deseo de alejarte de mí, y eso simplemente me destruyó… no podía pensar en subir al faro, “nuestro Faro” nuevamente, sumergida en un dolor tan grande y que se iba a incrementar con los recuerdos que los dos hemos dejado aquí… sólo pensé que ya no querías estar conmigo, y esa sola idea …  (ya no puedo hablar más, el llanto me corta la palabras, no saberte conmigo es demasiado terrible)
–  Shhhhh,  shhhh….Ya no tienes que llorar más por eso… y me vas acariciando toda mientras hablas
–  ¿Escuchaste todo lo que te dije?
–  Sí.
–  ¿Y qué me dices?
Me pierdo en tus ojos.. estás allí… se que habrá momentos en los que no será así, pero has dicho que tu amor estará conmigo, que me pensarás, tanto como yo te pienso a tí.
– ¿Porqué el silencio, Esperanza? Dime algo, que me consume el tan sólo pensar que me podrías decir que no. — Dime algo…
– Ya te lo he dicho antes…
– ¿Qué me has dicho? No dejemos nada por sobre entendido… yo te estoy hablando con claridad,  con lo que siento.
– Allá arriba, también cuando bajábamos, cuando estuvimos en el agua… te dije que…
-Hace ya un tiempo me rendí, ante lo que siento por ti, yo no me hago de rogar, tu estas en mi vida, eres dueño de lo que siento… Este es nuestro lugar, “nuestro mundo especial” y nosotros somos los que estableceremos los límites para dar rienda suelta al sueño de nuestro amor.
Yo soy para ti…

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Un beso profundo sella este pacto. Mientras me sostienes por la cintura abrazada, muy pegada a tí preguntas pícaramente:
– ¿Ahora si te animarás a subir… no? sabiendo lo que te espera allá arriba.
-Hmmm hay algo que no entiendo.. y no sé… me pone como triste…
-¿Qué será? Dices impaciente.
– Que pareciera que  sólo allá arriba… puede suceder lo que estoy pensando… jajaja digo esto y quiero echar a correr escaleras arriba.
– Eres tremenda, Esperanza… así me gustas, ocurrente,  atrevida, expresando lo que sientes. .. y ¿sabes que? ¡tienes razón! no tenemos porqué esperar  a llegar allá arriba… déjame alcanzarte y lo verás, o mejor dicho, lo sentirás.

Y así corremos por estos pisos y el Faro va encendiendo sus luces. Antes era un lugar donde sólo la linterna encendía de noche, ahora los transeúntes, los cuales ya no tienen el paso permitido a su interior (por una remodelación que se ha  tornado permanente)  observan destellos de luces de colores salir por sus ventanas muy a menudo.  Nadie sabe lo que ahí ocurre, pero hay dos que si saben lo que significa subir, o mejor dicho, sentir. Y esos somos… tu y yo.
La música nos invade y al compás del amor, van surgiendo nuevas formas de amarnos y los colores nos acompañan. Subimos una y otra vez…

Este es nuestro lugar,
El lugar del amor…
No hablo de paredes
Sino del corazón.
A donde voy te llevo
En mi mente
Muy adentro
Basta decir tu nombre
Basta mirar el cielo
Para sentir en mi cuerpo
El roce se tus dedos.
Este Faro y su luz
Nos abrieron el paso,
Nos permitió sentir,
Expresarlo
Y amarnos…
Qué más puedo pedir
¿Qué ya no me hayas dado?
Amor,
Pasión,
Entrega
A montón,
En tus manos.
Desde aqui estaré
Siempre por tí esperando.
Aunque a otro lugar vaya
Sentiré que voy subiendo
Contigo,
Mi amor
Mi Cielo,
Y tú me estarás amando.
Nada hay fuera de ti
Que me permita sentir
De esta forma tan real
Aun sin poderlo explicar.
Siénteme igual
Tú también,
Ya mis huellas
están en tí,
Mi amor es un manantial
Donde las gotas
Fluyen de mí,
para saciar tu sed
Para darte placer,
Para que sientas al fin
Lo que este amor, así.

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No hay un día en que lo que siento, no me lleve a Subir al Faro… ese, el “nuestro”.

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