Subamos al Faro #12… La linterna

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… – ¿En qué estás pensando? Dices mientras tú mano acaricia mi cabeza. Ella sobre tu pecho al igual que yo… sin decir nada…
-Pienso en tí… en lo mucho que agradezco el haber estado aquí, contigo…  Mi voz es apenas un hilo, hay demasiada emoción para que las palabras puedan salir. Continúa el temblor en nuestros cuerpos y podemos sentir todavía algunos corrientazos de amor que siguen haciendo aparición, luego de estar juntos todo este tiempo.  Sigo sin saber cuánto transcurrió y mientras más lo pienso, menos interés va teniendo para mí.  Lo único que sé es que abro mis ojos y estás allí y es más de lo que podía pedir.
-¿Y que es lo que piensas… de mí? Es un susurro tan suave tu voz, que de sólo oírla, cierro los ojos y me pierdo en ella.  Sólo te respiro, eso es suficiente.  Todo lo demás antes de este momento… las ausencias, los sinsabores, las dudas, todo eso es tan pequeño ante este segundo que va pasando contigo… Te aspiro… quiero llenar mis pulmones, mi ser de ti, para que estén igual que mi mente, en la que apareces por todos lados.
-Tantas cosas para llegar aquí… tanta distancia… ahora levanto mi cara hasta tu barbilla y me encuentro con tus ojos… profundos, con tantos mensajes allí adentro.
-Me importa este momento y lo que sentimos, lo demás fue sólo el camino… después de esto, encontrarte en cada parte de mí misma, será lo que tendré.
No se ni por qué voy a decir lo que diré, lo que si sé es que la realidad en algún momento se interpondrá y si no nos decidimos a seguir, simplemente nos quedaremos aquí.
-Creo que es tiempo de continuar.
– Tiempo… ¿cuál tiempo, a quien le importa ese fulano?
– Te invité a subir, y ya estamos casi en lo último, para eso debemos levantarnos y…  un beso corta toda palabra. Me dejas los labios libres dos segundos para decirme:
– No puedes liberarte de esto… eres mía y no hay más tiempo en este momento, sólo siénteme… no me resisto, voy tras él,  ya no es posible negarme, soy presa de sus antojos, me he rendido, porque ellos son los mismos antojos míos.
La calma va llegando luego de la estampida del fuego del deseo.
– Debemos seguir…
– ¿Ocurre algo? ¿hice algo mal?
– Para nada… tu eres lo mejor que me ha pasado.  Estás hecho a la medida para el orden de mi imperfección. -Eres único para mí.
– ¿Y porqué entonces quieres que sigamos? precisamente ahora que estamos tan bien…, esto es algo mágico que no quiero perder…
– Justamente por eso creo que necesitamos seguir. – Recuerdas cuando te dije, pisos atrás, que no dijeras palabras que te pudieran atar o que no pudieras  cumplir… pues vuelvo a recordarte eso.
– ¿Cómo puedes decir esto, luego de lo que ha pasado, de lo que acabamos de vivir juntos? Yo te sentí tan mía que…
– Y lo sé querido, todo lo que has dicho, lo siento tanto o más de lo que dices; sin embargo nos toca continuar.
– ¿Quieres que nos separemos?
– ¡No..! Y tampoco me olvido de tu vida o de la mía… quisiera… y aún así están ahí.
– ¿Entonces para que querías que viniera hasta aquí? Empiezas a separarte de mí, y la sola distancia entre nuestras pieles, me lástima. 
– Quería que vinieras para poder expresarte realmente lo que sentía… y creo que algo te lo he ido demostrado poco a poco hasta aquí, ¿no?
– Claro, por eso no entiendo ahora la idea de seguir. -¿Si ya sabemos lo que sentimos, eso es todo, no?
– Sabemos lo que sentimos… quizás si subimos hasta la linterna, podamos encontrar ¿qué hacer? con esto que sentimos, porque sí… si lo sentimos.
– ¡Ah ok! Entonces no es una despedida… y una sonrisa se deja ver ahora en tu rostro, mientras me atraes aún más hasta tí.
– Sigamos entonces, tan sólo esos ocho escalones y entramos a la linterna. Creo que te gustará lo que verás desde allí.
– Me convenciste, Esperanza… vamos… pero antes bésame de nuevo.  No me hago de rogar, no hay nada que me guste más que hacerlo, así que largo y profundo va el beso.
– Sabes a amor…
– Y ¿cómo es eso?
– Cada beso que me das, siento que te entregas toda y el amor sale a bailar entre tú y yo… a eso me sabes.
– Tú a mí, me sabes a cielo… porque lo contienes todo…
Abrazados llegamos hasta el primer escalón y queremos subir.
-Tu delante y yo detrás, digo mientras te hago la indicación con mi mano derecha para que te adelantes.
-Así no me gusta, respondes enojado como un crio.
– Así hemos subido los siete pisos que llevamos hasta ahora.
– ¿Porqué no hicimos esto desde el principio, porqué dejamos el amor para lo último?
El amor estuvo presente desde el inicio hasta ahora… aún antes de tú llegar, el amor estaba en mi… esperándote. -A lo mejor si hubiese pasado lo que ahora, en cualquiera de los pisos anteriores, no hubieras entendido algunas cosas que venían después. -Todo ha sucedido en el momento preciso ¿no crees?
–  Pensándolo bien, tienes razón todo ocurrió de manera perfecta, pero esta última parte, me tiene… alucinando!
–  Entonces sigamos…
–  En muy poco tiempo estaremos arriba. -La vista va a ser increíble…
–  La vista, la sensación, todo es increíble.
Empezamos el ascenso, tu mano me sostiene de forma decidida como quien no va a soltarme ya nunca. Yo te siento y tiemblo de saberte allí, y siento que me quiebro aún más de saber que en algún momento no estarás.
Subes un escalón y oigo un -“Te Amo”, volteas y me miras y yo asiento con mi cabeza, con mi cuerpo que palpita por tí, con mi ser.  Son ochos escalones y ochos Te Amo que se van quedando conmigo de manera inolvidable. Llegamos al fin, ya estamos en la linterna, la parte más alta del Faro. Aquí ya no hay paredes que nos cubran, sólo cristales que dejan pasar la luz y nos ofrecen la majestuosa vista del cielo fundiéndose en el mar, un solo azul, un infinito azul, un inolvidable espectáculo.
Me atraes hasta tí nuevamente y resbalo instintivamente hasta tus brazos, es como encontrar mi lugar al fin… allí en tus brazos, junto a ti.
-Te extrañaba, dices mientras tú boca busca la mía y el amor sucede otra vez.  Somos libres como este viento que ha empezado a entrar por un ventanal que abrimos.
-Aquí no hay paredes.
-Ya lo sé, estamos a la vista… el cielo y el mar son nuestros testigos de lo que el amor está haciendo en nosotros. -¿Y sabes qué? Esta sensación, me encanta.
-¿Quieres mirar? Y te enseño la ventana abierta.
Tomo tu mano y te dirijo al ventanal.
-Ven amor, quiero que desde aquí lo observes y sientas lo que me embarga cuando estoy aquí.
– Claro… faltaba esta parte por saber… ya que luego de llegar aquí tan alto ¿en que piensas? Me habías hecho olvidar que en cada piso hay una estación de lo que sientes.  – Cuéntame tú.
-Saca tu cabeza por aquí, abre tus brazos, siente la brisa, mira hacia arriba…. -Indescriptible ¿no? 

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-Desde aquí he escrito algunas de las cosas que te enviado por ahí. – Desde aquí he visto la distancia que nos separa…
-Nos separaba, interumpes.
– Desde aquí he llegado a comprender que lo único importante para mí, es amarte, sin pensar en más allá...
– Ha sido desde esta altura, que mis sueños contigo han tomado vuelo, que te he imaginado como el cielo, como este azul, que lo cubre todo y lo ocupa todo y eso me ha hecho sentir… totalmente llena de amor. – Es algo que no lo sé explicar técnicamente con palabras.

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– Ahora entiendo, desde aquí has determinado tu actitud para conmigo, tu forma de percibirme, de buscarme, de amarme.  Ambos estamos frente al ventanal, sintiendo la fuerza de la brisa y la potencia del azul de ese cielo que lo embarga todo.
Comienzas a acercarte más y más, continuando lo que habías empezado apenas llegamos a la linterna… – Abre tus brazos, me dices, siente despacio, el viento te embarga toda… siente su fuerza y su caricia.
– El cielo te va a amar…. completa… infinitamente…
Digo a tu oído en susurro, todas las expresiones de amor que hasta ahora sólo has visto por escrito, ahora son audibles desde mi alma hasta la tuya.
Me entrego, con la misma ansiedad de alguien que ha caminado mucho tiempo en el desierto y ahora bebe el agua más fresca del manantial más delicioso.  Los límites desaparecen y el amor una vez más hace como quiere con nosotros.
Me atrevo a decirte “Te Amo” con la fuerza de quien siente que la vida se queda en esa dos palabras. Recibo tu afirmación del sentimiento, una y otra vez. 
Luego de esta entrega sin igual,  la calma vuelve a reinar, la brisa esta ahora es suave y el cielo también sigue despejado y las nubes comienzan a aparecer. Es como si todo confluyera de manera perfecta en este momento. Besos suaves y abrazos tiernos nos mantienen juntos. Dormimos un poco. 

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Sigue pasando algo de tiempo, en susurro te pregunto:
– ¿Tienes sed? Me miras extrañado…
– ¿Que si quieres tomar algo?   – Es que luego que subimos hasta aquí, no hemos bebido nada y de eso hace ya bastante rato.
– A ver, tu que eres la que hace maravillas,  cuéntame ¿que tenemos por aquí?
– Allí, detrás de esa columna, hay un mueble, abre allí… vas a encontrar una pequeña nevera y algunos vivieres.  Despliega la tabla que va hacia arriba y coloca lo que quieras allí.
Te incorporas das los pasos y llegas al lugar indicado.
_ ¡Wow!  Esto no puede ser… tú no perdiste ningún detalle ¿verdad?
– Mi idea era que no… y sonrío sin poder evitarlo.
– Ya no preguntaré más como lo haces? Pero lo cierto es que… ¡lo haces!
– ¿Hago que?
– Que me sorprendas, me fascinas, me… dejas sin palabras…
– Entonces disfrútalo.  Voy hasta donde estás, te acarició con mi mirada.
– Todo está tan rico, la fruta, el jugo, esos pequeños bocadillos… ¿cómo sabías lo que me gustaba?
– Sólo te observo y lo demás va saliendo.
– ¿Tú eres real?
– Tan real como lo que siento….
– Quiero caminar contigo a la orilla del mar, y regalarte un día de esos que son un espectáculo también, allá abajo.
No lo puedo evitar, mis lágrimas comienzan a salir; me volteo, no quisiera que las vieras, pero ya es muy tarde, se dejaron capturar por tí.
– ¿ Porque lloras Esperanza?
– No estoy llorando… yo…
– Sí lo estás, yo vi las lágrimas antes de que se deslizaran por tu rostro. -Dime que ocurre, ven.
– ¿Sabes las implicaciones de ir hasta allá abajo y caminar por la playa?
– Claro que sí y me atrevo… -Yo también estando aquí, he visto al descubierto mis emociones, mis sentimientos y no puedo negar, aunque quisiera, todo lo que siento por tí, lo que significas para mí.
– Pues, yo… no quiero que te compliques por mí… la vida allá afuera, o allá abajo es totalmente diferente a lo que nos hemos permitido vivir aquí, y yo sé que no lo puedes cambiar, la vida es y va a seguir siendo así… y tú y yo en medio de ella.
– Vuelvo y te pregunto como en el piso de abajo ¿para qué traerme hasta aquí y luego dejarme con este sabor a incertidumbre, a pérdida que creo está por venir? Que no me gusta para nada… sólo me atrevo a decir que hay dolor de por medio…
– Invitarte a venir… era la única forma que tenía para expresarte y que percibieras un poco de lo que siento, de lo que a veces pienso, de lo que no te cuento en las letras que te envío. -Yo necesitaba decirlo, o más bien sentirlo contigo aquí. – ¿ha estado mal? ¡es posible! Pero es la forma que conozco de hacer lo que siento… quizás entonces, deba pedirte perdón por insistir en que vinieras. Siento que las fuerzas se me acaban, desde que comenzamos a subir, sabía que en algún momento él se iría y ahora voy pensando que see acerca el momento. Quizás parte de mí, no pensaba que llegaríamos hasta el final.  Imaginé algunas veces que sus ocupaciones lo harían irse y no regresar… que la vida de allá afuera le retendría y le haría olvidar el camino al Faro, pero no fue así… le he visto subir, sorprenderse, sentirse incómodo y hasta molestarse… y también he sentido su amor, su pasión, su entrega sin reservas. No se que hacer ante esto. Saber que el momento de separarnos se acerca, me acaba la vida, pero sabía que era el precio de acercarme y beber…

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– Está bien, bajaremos y caminaremos por la playa… si hay algo que he soñado contigo es que dejemos nuestras huellas por ahí, sobre esa arena.
– Así está mejor.. ¿Ves Esperanza? No hay motivos para llorar.
Te miro y el amor se me sale por los poros. Veo tu corazón y lo que sientes y veo además el camino que nos espera y su bifurcación, sin embargo lo que nos queda voy a vivirlo intensamente… no sé qué has decidido tú en tu mente o si te estás dejando llevar por el momento y lo que sientes.  En algún momento la realidad te llamará…
– ¿Empezamos a bajar?
– ¡Claro, el mar nos espera!
Mi sonrisa es tenue… mis lágrimas insisten en querer salir, yo no las dejo. Nuestras manos se unen nuevamente.. empezamos a bajar.

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