Subamos al Faro #10

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Al fin en este piso… Pensé por un momento que habías desistido de seguir subiendo, Esperanza
-¿Porqué lo dices? Mi intención desde el principio ha sido recorrer cada piso contigo, y tu lo sabes… Entonces ¿porque ese comentario?
-Lo digo por tu silencio, que se ha vuelto largo desde antes de subir hasta aquí y encender la luz  en este piso..  Que es… ¿Cómo verde también?

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– Sí, también es algo verde. Un tanto diferente al segundo piso, que dejamos ya hace bastante rato atrás. Creo que simplemente me quedé ahí, en el piso anterior pensando un poco más sobre lo que te contaba de la luna y su paciencia ante tantas cosas. Y ¿sabes? No podría estar en este piso, si no hubiéramos pasado el anterior.
– A ver, ¿y a que se refiere este espacio? Veo que hay en las paredes en medio del verde… Dibujos como de… Voy a acercarme mejor, mis ojos se habían acostumbrado algo a la penumbra y ahora con la luz, me encandilo un poco. – A ver… Si, son ramas.
– Exactamente son ramas. No me muevo, sólo te observo acercarte a una de las paredes y extender tu mano derecha casi con temblor y palpar el dibujo sutil de una rama.
– En. medio de este verdor y con estas ramas… Pareciera que hemos subido a…

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– Un árbol..
– Ahora si me intrigas, estamos subiendo en un Faro, y de pronto es ¿cómo si trepáramos a un árbol?  -Se que tienes un significado para cada cosa, así que soy todo oídos… Cuéntame… Pero antes, ¡ya va! Dime: ¿Te ocurre algo? Noto algo en tu mirada que no alcanzó a descifrar.
– Estamos cerca de terminar nuestra subida, nuestra expedición, nuestra aventura…
– ¡Entonces es por eso! ¿Estás triste? -Ya sabes que yo…
–  No quiero que digas nada… Ya te dije alguna vez que no me gustan las promesas, son para el que tiene miedo de no querer cumplir algo y necesita sentirse obligado a hacerlo. -No lo compliques, no digas nada.
–  ¡Ahí vas otra vez!  A veces pareciera que nada te perturba y que ya lo tienes todo bajo control, que lo que sien…
–  ¡No tengo nada bajo control!  Por eso voy con cuidado. Tú no tienes idea de cuántas cosas se mueven dentro de mí, por tí. -Pero creo que eso lo verás en las dos últimas paradas que nos quedan, luego de que salgamos de este piso, el del Servicio.
–  ¿Servicio? Hmmm  aquí estoy… listo para entrar en tus pensamientos nuevamente. -Ya me he ido acostumbrando a que te vayas descubriendo delante de mi, y cada vez me gusta más ver tu alma, desnuda. -Quizás sea difícil de entender para otros, este recorrido que me has permitido hacer hasta ahora, pero como te dije antes, creo que ya nunca volveré a ser igual después de esto.
–  Nunca somos iguales después de algo que realmente nos importe… Ninguna huella es exactamente igual a otra, así nos empeñamos en tomar el mismo camino. -Nuestras fuerzas varían, nuestras formas de ver el camino también, y eso  es lo que hace diferente cada una de nuestras pisadas.
Ahora si me muevo, mientras sigo observándote, como quien siente el tictac del cobarde tiempo indicándome que pronto ya no estarás aquí, voy dando pasos cortos… Uno, dos, tres, hasta llegar a donde te encuentras.
-Son ramas… Ramas de un gran árbol, que quizás contiene otros entre sí. – No todas son iguales, pero cada una tiene una función especial, y eso es lo que ayuda a servir de una manera muy singular.
Volteas hacia mí, y te siento allí… Tan cerca. Si girara hacia cualquier lado,mi hombro rozaría con el tuyo, y es un riesgo que aún no me atrevo a correr, así que igual me quedó inmóvil, sintiendo tu respiración junto a la mía, y sólo me rescata de este pensamiento en el que me pierdo… Lo que quieres saber sobre este piso.
-El verde es como el de los árboles, a veces un poco más intenso que otro. A mí los árboles me sugieren descanso, compañia, protección. -¿Te has sentado alguna vez a la sombra de uno enorme? ¿Has estado allí al borde de su tronco, llorando una pena?
Me miras, y tu expresión es de quien dice: -¡No puede ser! No otra vez, llorando al pié de un árbol…
-Hay uno enorme en el camino hacia acá.  Es extraño, porque sólo el está a lo largo del camino, como si sólo él fuese suficiente para este amplio territorio…
-Como si fuera más fuerte que la soledad… Y diciendo estas palabras no puedo evitar que mis lágrimas se derramen nuevamente.
-No, no… Por favor no llores.. Por favor, no.
-Tranquilo.  Estas lágrimas son parte de mí, de lo que siento.  En este momento no me siento mal, ni la tristeza me azota, sólo que me emociona pensar en las veces que he estado ahí, junto al árbol que mencionas y ahora estás aquí, en este piso del faro.
-Ven, permíteme secar tus lágrimas y sígueme contándome lo que has sentido al llenar las paredes de este piso con este color y con las ramas.
Siento tus manos sobre mi cara… Suavemente pasas tu pañuelo por mis mejillas, y puedo verme en tus ojos… Aunque los míos siguen produciendo lágrimas que no se detienen.  Es demasiada la emoción que me provocas. Cierro entonces mis ojos y trato de respirar profundamente, pienso que si no consigo calmarme, no podré contarte lo que siento, y no valdría de nada estar allí, si no lo sabes… Así que, poco a poco voy recobrando el aliento y voy alejándome un tanto de tí. Un paso atrás, me permite tomar la distancia necesaria para invitarte a seguir.
-Mejor empecemos a subir cada escalón, y te voy contando así.
Empiezas a subir y tu mano se extiende para tomar la mía, y subir como hasta ahora lo hemos hecho, tú delante, yo detrás.
-¿Porqué no te gusta estar tan cerca de mí?
-¿Porqué lo dices?
-Porque contínuamente, si me acerco, pones distancia de alguna manera. Te gusta más ir de mi mano, sin mirarme, sin que yo vea tus ojos…
-Yo no he dicho que no me guste sentirte cerquita… Ni tampoco te he hablado de lo que eso provoca. -Entonces no asumas lo que no he dicho. -Hay momentos en que debo tenerte a cierta distancia, para concentrarme más en lo que te quiero decir, que en lo que simplemente estoy sintiendo. Que yo vaya, detrás, de tu mano, no significa que yo no te estoy mirando..
-Pués, me mirarás tú, pero yo no puedo verte; a menos que… Detienes el paso, volteas, bajas al escalón en el que estoy y la estrecha escalera nos contiene a ambos, ahora si, cerca muy cerca.

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-Qué es lo que quieres Esperanza.  ¿Estás jugando conmigo?
-No, yo no… Ya sabes que nunca juego. – Sólo quiero tenerte aquí y disfrutar está oportunidad que tengo ahora de poder subir cada escalón de tu mano y de contarte lo que hay en mi corazón y quizás lo que he pensado cada vez que en solitario lo he subido. -¿ Acaso es mucho pedir? ¿Te hago algún daño con eso?
-No, sólo siento que…
-¿Qué..? ¿que es lo que sientes?
-Siento ganas de besarte, de abrazarte contra mí, y quedarme aquí, y no saber del tiempo, ni de lo que está allá afuera y yo…
-Shhh. Calma..  Pongo mi dedo en tus labios. -Yo pudiera decirte que siento lo que dices y más, pero si nos dejamos llevar sólo por eso, nuestra subida no sería completa. -Sigamos subiendo, y lo entenderás mejor.
Cierras tus ojos como niño enfadado y sin decir nada más vuelves a la posición de subida y así seguimos, un escalón más,. Esta vez es mucho más lento que las anteriores.  Es como estar conscientes un poco más, ambos, que estamos cerca del final.
-Los árboles son ejemplo de servicio… Recibimos su sombra y ni siquiera la agradecemos, pero está ahí. – A veces venimos con muchas cargas y aflicciones, nos quema el dolor del camino y el árbol es como un tipo de amor, que nos abraza y nos da de su calma y nos permite reposar. ¿conoces mejor servicio que ese?
-De alguna manera yo he sentido como ese, el gran árbol, al que te referiste antes, me ha abrazado en mis tristezas.
-A veces antes de llegar aquí, mis fuerzas ya no dan más y me ha tocado detenerme allí y sentir su cuidado, para poder seguir. – Como los pájaros, también he hecho mi parada allí. Si es mucho sol, me cubre,pero en oportunidades también llueve y me he resguardado bajo sus enormes ramas.
– ¡Cuántas cosas has pasado! Y… ¿Porqué no me lo has dicho? ¿Porqué no me has llamado? Es preferible que me abraces a mí, antes que a ese árbol, yo hubiese podido llevarte de saber que estabas aquí, en esas condiciones… No entiendo….
– Querido… Si te he llamado, si te he contado y ese árbol, y estas ramas que ves pintadas por aquí, simbolizan tu presencia en mi vida, y las veces que igualmente yo he estado para tí.

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– ¡Wow! Me has dejado sin palabras una vez más. Podía pensar cualquier cosa, menos esto que me has dicho.  Te confieso, que por un momento pensé en ese árbol y sentí algo como… ¿celos?, pero  se que eso no es,  pero es algo extraño, de sólo imaginarte refugiándote  en él y no en mí.
– Pues ya sabes, que él ha servido para recordarme tu presencia, no para olvidarla. Y no quiere decir que no tenga su mérito propio, porque realmente, a su sombra he pasado buenos momentos, he disfrutado del canto de los pájaros, he contemplado desde sus ramas el azul de este cielo. -Me he sentido libre.
– Como conmigo… ¿Es lo que quieres decir?
-Algo así.
-La verdad es que no lo habría pensado si no me lo dices, y ya sabes que me gustan mucho los árboles, las plantas y todo eso; pero no me lo había planteado hasta ahora así,  eso de servir a otro, tomando  como símbolo, un árbol; es como aprender a ser útil desde la sencillez de lo que uno mismo es.
-Exactamente esa ha sido mi idea con este piso. Porque si el amor no es ser útil para otra persona, que sería el amor entonces,? Sólo satisfacción personal, la vida centrada en uno mismo nada más y ya ves, que no es así.
-¿Pasaste mucho tiempo pintando esto?
-Algo… Mientras esperaba que te atrevieras a venir…
-Esperanza… Y porqué no insististe antes, porqué siento que me perdí muchas cosas..?
-Todo es perfecto ahora, este es el momento justo para que estuvieras aquí. Los ayeres sin tí, ahora no existen, como en este momento aún no llegan tus ausencias futuras.
-¿Ausencias futuras..? No se de que hablas, porque yo no tengo ganas de ausentarme, y ni lo pienses… Porque yo…
Una vez más sutilmente te interrumpo.
-Sigamos, por favor, si? Sigamos. -Insisto que no te ates a palabras que no has de cumplir. Los dos sabemos cómo son nuestros mundos fuera de este Faro.
-Y yo insisto en que no pretendas saber de antemano lo que va a pasar. Déjame que te diga lo que siento, lo que también hay en mí.
-Por supuesto… Me interesa  mucho  todo lo que puedas decirme sobre lo que sientes. El próximo piso es justo para eso y ahí tendremos tiempo  de expresarlo, ¿te parece?
-Ya vamos casi saliendo, quedan sólo unos pocos escalones.
Siento tu mano sosteniéndome, diciéndome las palabras que hasta ahora no nos hemos dicho. El tacto es más atrevido que las palabras y lo que corre entre los dos hace un recorrido de un lado al otro y nos deja así, trepando por un árbol, cargados cada uno de sentimientos y emociones que en algún momento saldrán (…o no)
-Gracias por invitarme a venir aquí…
-Gracias a tí, por atreverte a venir.
Y todo el recorrido se vuelve más corto, sólo nos queda un piso y la interna… no se si estarás pensando lo mismo que yo. Una vez más volteas y me miras, parece que mis pensamientos son audibles para tí….

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