Month: May 2016

Subamos al Faro #11

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-Bueno… ahora si, este es nuestro último piso.
Mi sonrisa es algo nerviosa y termino de alcanzarte en tan sólo dos pasos.
-Enciende la luz…
-No tengo ninguna prisa.
Siento que tú mano aprieta un poco más la mía… estamos conscientes de que luego de este piso, queda sólo la linterna.  Ya no seguiremos subiendo, lo que toca es descender… al menos para quien quiera hacerlo.

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-Hazlo, enciende la luz, ya sabes dónde quedan los interruptores en cada piso, ya van siete con este los que hemos subido…. -Vamos enciéndela…
-Pero está vez, no te suelto… a donde yo me mueva, hazlo conmigo, dices y tu mano sigue asiendo la mía.
-Está bien, te digo, mientras voy siguiéndote  hasta una de las paredes donde está el interruptor.
-Veamos que hiciste aquí, está vez…
-Hay un segundo botón en este interruptor, ¿lo  notaste?
-Si, vi que había uno pequeño y rojo debajo, pero solo presioné el primero, el normal como hasta ahora… – ¡Wow! Es extremadamente blanco este piso… ¿esto asemeja… al cielo o qué? ¡jajajajaja! -Y el segundo botón para ¿qué es?
-Si no lo aprietas…
-A ver, aquí vamos de nuevo.
Al hundir el pequeño botón rojo, lentamente empiezan a aparecer colores rojos dando formas de contraste ante la pared tan blanca.  Tus ojos se abren como platos como una señal de asombro y no dejas de mirarme moviendo tu cabeza, en señal de no poder creer lo que ves.
-¡Este es el piso del amor! ¿Por eso era el último?

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Este es el piso de la emoción, y por supuesto del amor. Ese color rojo que estás viendo en este momento, a ratos puede llegar a verse casi negro, dependiendo si hay algo que ensombrece el sentimiento…
-A ver, creo no estar entendiendo todo lo que dices… -¿Hablas de que esto tan espectacular, bello y romántico puede volverse oscuro? ¿es eso?
El amor es algo puro en todas sus acepciones, sin embargo puede hacernos experimentar todo tipo de sensaciones y emociones que por sí misma no son buenas o malas, pero lo que puede originarse en nuestro interior sí. -Cuando entramos dijiste que esto te parecía el cielo, por el blanco que reinaba, pero te puedo decir que a veces puede verse casi negro, por algún dolor que haya en el alma y ahí es como estar de visita en el infierno.
– ¿Entonces este piso es como esas piedras que cambian de color de acuerdo al estado de ánimo de las personas?
– Yo no diría tanto así, sólo se que tiene ambos matices. Recuerda que esto lo hice yo, de acuerdo a como lo he pensado o más bien sentido, no quiere decir que sea realmente así para todo el mundo.
– Cuando sientes algo muy intenso, los colores brillan, el pulso se acelera, los sentidos se te alborotan muchas veces sin poder controlarlos, el pensamiento recurrentemente ronda en torno a alguien, y eso mismo puede hacerte sonreír constantemente de emoción… la pasión simplemente sale a tu encuentro y te toma, allí el rojo es el color favorito, serpenteado por todo nuestro ser, exhibiendo su gala, su poder, su fuego y todo lo que nos hace sentir. -Y fíjate que hablo de fuego, pero aún así no nos hace daño, sino que nos mantiene vivos, queriendo más, literalmente encendidos.
– Y ¿cómo algo así tan increíble, se convierte en sombrío? Así como dijiste antes, que puede cambiar el color…
– Si la muerte visita alguna vez al sentimiento y consigue hacerlo añicos, la desolación se cuela y empieza a marchitarse lo que una vez tuvo color. El dolor es inaguantable, tiemblas pero de desánimo, de ganas de no respirar más, el corazón se te quiebra y los pensamientos tambien. Es un martirio.

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– ¿Y que llega a producir algo tan horrible?
– Puede ser todo, y a veces nada. La indiferencia, el no dar valor al amor, la burla hacia los sentimientos, las dudas que son expertas en  corroer y minar, terminando así con la confianza que había… eso y más ocurre en una mente y corazón que sienten, ya sea por un mal entendido, o por heridas a veces sin intención, pero que igual duelen; como te dije, son emociones que por sí solas no implican nada, pero acompañadas de un profundo dolor, hacen que todo se oscurezca a su paso.
– Vuelve a apretar nuevamente el botón rojo, y verás de lo que hablo…
Veo tu mano temblorosa apretar nuevamente el botón, con la otra sigues sosteniendo la mía, y yo a tu lado comparto todo lo que estamos viendo juntos y una pregunta cruza por mi mente en este instante: -¿será que sí está bien, que yo me descubra de esta manera contigo?
-Me interesa todo el significado de esto que estamos compartiendo en este momento… absolutamente todo.
Dices eso, y yo sigo pensando “que puedes oír mis pensamientos”, y si dices que te importa, entonces respondida mi interrogante, así que sigo o mejor dicho seguimos. La luz va cambiando lentamente  y lo que antes era de un lindo color rojo que invitaba a la alegría, es ahora oscuro y sombrío, casi negro…
– Puedes volver a tocar el primer botón y nos quedaremos como al principio…

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– Sí, lo prefiero así, de un blanco intenso y de rojos centelleantes.
-¿Ves el final de esta pared? El espacio que queda antes de tomar la puerta que conduce a la linterna. Allí hay sólo ocho escalones pequeños y ya estamos arriba, totalmente libres de estas paredes.
-¿Pero allí no vamos todavía, cierto? Quiero disfrutar muy lentamente de nuestra estadía en este lugar, en este piso, de lo que sientes, de cuánto sientes y lo que hace que sea rojo o negra tu emoción…
– Sí, todavía no vamos al exterior, nos queda este lugar,el último de los pisos donde he dejado mi ser en cada oportunidad.
– En ese lugar que te estoy indicando, allí, vamos a sentarnos.
– ¿Sentarnos? ¿y cómo? Yo no veo desde aquí que haya nada…
– Vamos, demos algunos pasos hasta allá.
Nos movemos lentamente, suavemente, la prisa no tiene lugar aquí. Hemos recorrido cada piso sin pensar en que se acabaría, y ahora en la recta final la misma sensación la estamos respirando ambos, la incertidumbre nos ronda….
-Ya verás que si nos podremos sentar…
-¿Ves esas cintas rojas a los lados de esa barra que sobre sale en esta pared? Yo voy a tirar de la de este lado y tú toma la otra y tira de ella lentamente.
Me miras algo escéptico, pero logro convencerte con mi mirada de que lo hagamos.
-Vamos a la cuenta de tres… uno, dos y tres… vamos soltando lentamente.

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Lo hacemos y una mullida alfombra  va desarrollándose por la pared, hasta caer lentamente en el piso y se acomoda casi a la perfección en la superficie que quedó a nuestros pies, y luego de ella siguen deslizándose a través de las cintaa una serie de cojines que servirán

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para recostamos.

– Tú y tus sorpresas, Esperanza, no me imaginaba para nada que podría salir una alfombra y estos cojines de algún lado. – Estoy empezando a creer  que puedes hacer magia.

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– Magia, es conseguir que un corazón se agite con un pensamiento y parezca que va estallar, tan sólo con la presencia alguien.  Esa es la verdadera magia… y eso tiene que ver con este piso, el de los sentimientos, las emociones, los deseos… el Amor, como tú lo dijiste hace un momento.
– ¿Y Cuéntame que ocurre aquí?
–  Aquí lo que uno siente, queda simplemente al descubierto. – Es como ir al espejo del alma y ver con claridad lo que sentimos, sin excusas, sin adornos, sin conflictos, ni reglas que los amordacen o cohiban. – Aquí sólo he sido yo… y mis sentimientos.
–  Y ahora yo también, y lo que siento, porque como te dije, siento aunque no lo exprese mucho.
–  Entonces vamos a ponernos cómodos y sentémonos entre estos cojines.. ahora si puedes decir que sientes o en qué estás pensando, luego de recorrer  todos estos pisos conmigo. -¿qué se te viene a la mente en este momento?
–  ¿Podemos tumbarnos mejor uno al lado del otro?
–  ¡Claro! En este momento puedes hacer lo que quieras, sientete libre.
Nos colocamos uno junto al otro, con nuestros cuerpos a la inversa, pero nuestras cabezas muy cerca. Tendidos uno a la lado del otro, estamos listos para escucharnos.
– ¿Ahora si estás más cómodo?  Creo que puedes descansar un momento, cada piso ha ido quitando algo de nuestra resistencia…
– Perfecto… todo está maravilloso, mucho más de lo que yo hubiese podido imaginar. -Este faro resulta ser todo un lugar especial, casi encantado como en los cuentos… pero tiene algo mucho más increíble, y es que es real, porque tú estás aquí. Creo que si hubiera subido, aún encendiendo cada piso y viendo sus colores, sin tus palabras y todo lo que me trasmites que has sentido en medio de las paredes de este lugar, y no precisamente porque tus emociones se deban a este mismo lugar, simplemente habría pensado que alguien jugó con los colores por aquí, y que es un lugar peculiar y pintoresco…. sin embargo ahora pienso, que estás paredes simplemente son un poco el reflejo de la intensidad de tu alma.
– Realmente no pensé mucho cuando fui colocando cada color y detalle en los pisos, simplemente me fui dejando llevar por lo que sentía… y ya ves el resultado.
– ¡Para mí, fantástico!
– Empiezas a hablar y a contarme de tus ganas de venir hasta aquí, y cuántas cosas lo impidieron, el temor que inicialmente te daba hasta el mismo faro… al final terminamos riéndonos como niños, es tan agradable estar juntos, sin limitaciones de horarios, y el resto de las normas de allá afuera. Es un momento para guardar en el alma.

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-Y Cuéntame cómo es cuándo el color rojo es totalmente vibrante, tal como lo vimos hace un momento. -Es algo mágico el sentir que todas esas figuras, como corazones ¿no? Aparecen unos más intensos que otros… pareciera que es como un viaje al corazón…
– Algo de eso es.. cuando lo que sientes te embarga de esa manera, los colores simplemente brillan, la emoción se eleva sin medida y no lo controlas, simplemente la sensación que te embarga es única; es como una gran rosa roja cuando abre por completo, y el mundo recibe todo su esplendor. Eso es algo que nadie puede parar. -¿Alguna vez el corazón se te ha agitado por alguien, al punto que casi no puedes hablar, alguna vez una emoción ha sido tan grande que te pone a temblar? Si lo sabes…, es lo que sugiere ese intenso color, es el desear tan profundamente algo, hasta volverte uno con eso que sientes, que te estremece, que te mueve, que muchas veces te hace llorar.
– Llorar… creo que es un verbo que has conjugado muchas veces en todo este lugar… y no se si me gusta tanto la idea, pero ya lo he ido asimilando y lo tomo como parte de tu gran sensibilidad. – ¿Y cómo es eso que mencionas, que aquí es como ir al espejo de tus sentimientos?
– En este piso me desnudé, y llegué a comprender realmente lo que sentía por ti, tuve mi lucha con la negación, mi querer argumentar y tratar de convencerme de que no era así… hasta que al fin, simplemente me rendí. – Aquí he podido entender un poco más eso que llaman deseo… incluyendo toda la pasión, esa que nunca dejo que se desborde por sí sola, que está encerrada bajo el control del “deber ser”. -Aquí Levante los cerrojos de las puertas del placer y sólo te soñé…
– Yo quería decirte algo, pero realmente en este instante solo quiero escucharte… háblame de ¿cómo es eso que me has soñado? ¡con placer y todo incluido!
Sólo te observo, nuestras miradas se encuentran, estamos tan cerca… pero yo no me atrevo ni siquiera a rosarte.
-Hablame de la intensidad de lo que sientes. Me hablas y tu voz está algo temblorosa, casi en susurro, mientras tus ojos no se apartan de los míos.
– Dicen que los ojos son las ventanas del alma, y asomándome en este momento a la tuya…creo que he empezado a ver la  intensidad de lo que mes has dicho hasta ahora.
–  ¿Y que estás viendo?
–  Una gran ternura, pero a la vez una inmensa pasión… es como un fuego que crece, algo que se va encendiendo, son como tus pensamientos… estoy llegando a percibir lo que has sentido desde aquí y siento que esto también me sacude. – ¡Es intenso!
–  Entonces no es necesario que yo te diga mucho, porque tú mismo lo estás sintiendo.  – Por aquí hay algo para tí, algo escrito que quizás recoja de una forma más estructurada o en orden, lo que siento. -Tómalo, leelo y sabrás algo de lo que me preguntas acerca de como te he soñado.
Tu mano toma el papel, tus ojos se disponen a leer y van de la hoja a mis ojos una y otra vez…

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-Wow, realmente esto es muy fuerte… es intenso… es hermoso, yo.. yo no tengo las palabras precisas para decir en este momento.
– No digas nada, sólo leerás lo que puedas sentir.
– Tú me amas Esperanza…
– Sí, con todo lo que soy, no tengo más.
– Es que no puede haber más… esto que has escrito aquí, es… sublime y a la vez pasional…yo no creo tener palabras para corresponder a esto.
– Sólo cierra los ojos un momento y siéntelo.
Ambos cerramos los ojos y puedo sentir tu respiración cada vez más cerca a la mía, y tu cuerpo acomodándose en mi misma dirección, a mi lado. Tus labios rosan los míos y nace un beso… profundo, de algunos segundos que hace que la eternidad parezca pequeña ante este momento. Estabas en la entrada de mis emociones y sentimientos, y ahora en este instante que nos pertenece, entraste a mi interior, a lo que nadie ve, a lo que sólo yo conozco…  el beso nos convoca a más, y sin embargo es tan intenso lo que hay que alcanzamos a fundirnos en un abrazo. Las letras escritas hacen magia en cada uno y así por el momento que esto dura nos alcanza una emoción que jamás había experimentado, al menos por mi parte, no. Las lágrimas sin remedio, aparecen.
Abro los ojos, y estás ahí, no lo estoy soñando, estas ahí. Abres los ojos y me miras a través de tu sonrisa… acaricias mi cara y sólo alcanzas a decir…- Yo también te amo, Esperanza.
Y seguimos así, abrazados, no sé cuánto tiempo pasa, no sé si es de día o noche, ni cuándo fue que llegamos allí, sólo sé que el universo entero confluye en este momento aquí. ¿Cuanto es el tiempo que dejamos transcurrir así? No lo sé, sólo sé que ha sido el mejor momento de toda mi vida.  Pero, hay que romper el silencio, y recordar que la realidad está allí, fuera de nosotros…
-Creo que se aproxima el momento de seguir…
– No hay a donde ir, no existe otro lugar, este es el lugar
– Pero sabes que debemos..
– Ahora soy yo, quien te dice, no digas nada, sólo abrázame y quédate aquí conmigo. -Soñemos juntos, ya no más tu sola.
Las lágrimas no se deslizan está vez en solitario, hay de tu parte y de la mía. Caricias se sienten, abrazo que lo ocupa todo, besos que no aceptan limitaciones.  Simplemente amor.  Nos quedamos aquí, al menos en este instante, nos quedamos aquí.

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Subamos al Faro #10

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Al fin en este piso… Pensé por un momento que habías desistido de seguir subiendo, Esperanza
-¿Porqué lo dices? Mi intención desde el principio ha sido recorrer cada piso contigo, y tu lo sabes… Entonces ¿porque ese comentario?
-Lo digo por tu silencio, que se ha vuelto largo desde antes de subir hasta aquí y encender la luz  en este piso..  Que es… ¿Cómo verde también?

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– Sí, también es algo verde. Un tanto diferente al segundo piso, que dejamos ya hace bastante rato atrás. Creo que simplemente me quedé ahí, en el piso anterior pensando un poco más sobre lo que te contaba de la luna y su paciencia ante tantas cosas. Y ¿sabes? No podría estar en este piso, si no hubiéramos pasado el anterior.
– A ver, ¿y a que se refiere este espacio? Veo que hay en las paredes en medio del verde… Dibujos como de… Voy a acercarme mejor, mis ojos se habían acostumbrado algo a la penumbra y ahora con la luz, me encandilo un poco. – A ver… Si, son ramas.
– Exactamente son ramas. No me muevo, sólo te observo acercarte a una de las paredes y extender tu mano derecha casi con temblor y palpar el dibujo sutil de una rama.
– En. medio de este verdor y con estas ramas… Pareciera que hemos subido a…

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– Un árbol..
– Ahora si me intrigas, estamos subiendo en un Faro, y de pronto es ¿cómo si trepáramos a un árbol?  -Se que tienes un significado para cada cosa, así que soy todo oídos… Cuéntame… Pero antes, ¡ya va! Dime: ¿Te ocurre algo? Noto algo en tu mirada que no alcanzó a descifrar.
– Estamos cerca de terminar nuestra subida, nuestra expedición, nuestra aventura…
– ¡Entonces es por eso! ¿Estás triste? -Ya sabes que yo…
–  No quiero que digas nada… Ya te dije alguna vez que no me gustan las promesas, son para el que tiene miedo de no querer cumplir algo y necesita sentirse obligado a hacerlo. -No lo compliques, no digas nada.
–  ¡Ahí vas otra vez!  A veces pareciera que nada te perturba y que ya lo tienes todo bajo control, que lo que sien…
–  ¡No tengo nada bajo control!  Por eso voy con cuidado. Tú no tienes idea de cuántas cosas se mueven dentro de mí, por tí. -Pero creo que eso lo verás en las dos últimas paradas que nos quedan, luego de que salgamos de este piso, el del Servicio.
–  ¿Servicio? Hmmm  aquí estoy… listo para entrar en tus pensamientos nuevamente. -Ya me he ido acostumbrando a que te vayas descubriendo delante de mi, y cada vez me gusta más ver tu alma, desnuda. -Quizás sea difícil de entender para otros, este recorrido que me has permitido hacer hasta ahora, pero como te dije antes, creo que ya nunca volveré a ser igual después de esto.
–  Nunca somos iguales después de algo que realmente nos importe… Ninguna huella es exactamente igual a otra, así nos empeñamos en tomar el mismo camino. -Nuestras fuerzas varían, nuestras formas de ver el camino también, y eso  es lo que hace diferente cada una de nuestras pisadas.
Ahora si me muevo, mientras sigo observándote, como quien siente el tictac del cobarde tiempo indicándome que pronto ya no estarás aquí, voy dando pasos cortos… Uno, dos, tres, hasta llegar a donde te encuentras.
-Son ramas… Ramas de un gran árbol, que quizás contiene otros entre sí. – No todas son iguales, pero cada una tiene una función especial, y eso es lo que ayuda a servir de una manera muy singular.
Volteas hacia mí, y te siento allí… Tan cerca. Si girara hacia cualquier lado,mi hombro rozaría con el tuyo, y es un riesgo que aún no me atrevo a correr, así que igual me quedó inmóvil, sintiendo tu respiración junto a la mía, y sólo me rescata de este pensamiento en el que me pierdo… Lo que quieres saber sobre este piso.
-El verde es como el de los árboles, a veces un poco más intenso que otro. A mí los árboles me sugieren descanso, compañia, protección. -¿Te has sentado alguna vez a la sombra de uno enorme? ¿Has estado allí al borde de su tronco, llorando una pena?
Me miras, y tu expresión es de quien dice: -¡No puede ser! No otra vez, llorando al pié de un árbol…
-Hay uno enorme en el camino hacia acá.  Es extraño, porque sólo el está a lo largo del camino, como si sólo él fuese suficiente para este amplio territorio…
-Como si fuera más fuerte que la soledad… Y diciendo estas palabras no puedo evitar que mis lágrimas se derramen nuevamente.
-No, no… Por favor no llores.. Por favor, no.
-Tranquilo.  Estas lágrimas son parte de mí, de lo que siento.  En este momento no me siento mal, ni la tristeza me azota, sólo que me emociona pensar en las veces que he estado ahí, junto al árbol que mencionas y ahora estás aquí, en este piso del faro.
-Ven, permíteme secar tus lágrimas y sígueme contándome lo que has sentido al llenar las paredes de este piso con este color y con las ramas.
Siento tus manos sobre mi cara… Suavemente pasas tu pañuelo por mis mejillas, y puedo verme en tus ojos… Aunque los míos siguen produciendo lágrimas que no se detienen.  Es demasiada la emoción que me provocas. Cierro entonces mis ojos y trato de respirar profundamente, pienso que si no consigo calmarme, no podré contarte lo que siento, y no valdría de nada estar allí, si no lo sabes… Así que, poco a poco voy recobrando el aliento y voy alejándome un tanto de tí. Un paso atrás, me permite tomar la distancia necesaria para invitarte a seguir.
-Mejor empecemos a subir cada escalón, y te voy contando así.
Empiezas a subir y tu mano se extiende para tomar la mía, y subir como hasta ahora lo hemos hecho, tú delante, yo detrás.
-¿Porqué no te gusta estar tan cerca de mí?
-¿Porqué lo dices?
-Porque contínuamente, si me acerco, pones distancia de alguna manera. Te gusta más ir de mi mano, sin mirarme, sin que yo vea tus ojos…
-Yo no he dicho que no me guste sentirte cerquita… Ni tampoco te he hablado de lo que eso provoca. -Entonces no asumas lo que no he dicho. -Hay momentos en que debo tenerte a cierta distancia, para concentrarme más en lo que te quiero decir, que en lo que simplemente estoy sintiendo. Que yo vaya, detrás, de tu mano, no significa que yo no te estoy mirando..
-Pués, me mirarás tú, pero yo no puedo verte; a menos que… Detienes el paso, volteas, bajas al escalón en el que estoy y la estrecha escalera nos contiene a ambos, ahora si, cerca muy cerca.

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-Qué es lo que quieres Esperanza.  ¿Estás jugando conmigo?
-No, yo no… Ya sabes que nunca juego. – Sólo quiero tenerte aquí y disfrutar está oportunidad que tengo ahora de poder subir cada escalón de tu mano y de contarte lo que hay en mi corazón y quizás lo que he pensado cada vez que en solitario lo he subido. -¿ Acaso es mucho pedir? ¿Te hago algún daño con eso?
-No, sólo siento que…
-¿Qué..? ¿que es lo que sientes?
-Siento ganas de besarte, de abrazarte contra mí, y quedarme aquí, y no saber del tiempo, ni de lo que está allá afuera y yo…
-Shhh. Calma..  Pongo mi dedo en tus labios. -Yo pudiera decirte que siento lo que dices y más, pero si nos dejamos llevar sólo por eso, nuestra subida no sería completa. -Sigamos subiendo, y lo entenderás mejor.
Cierras tus ojos como niño enfadado y sin decir nada más vuelves a la posición de subida y así seguimos, un escalón más,. Esta vez es mucho más lento que las anteriores.  Es como estar conscientes un poco más, ambos, que estamos cerca del final.
-Los árboles son ejemplo de servicio… Recibimos su sombra y ni siquiera la agradecemos, pero está ahí. – A veces venimos con muchas cargas y aflicciones, nos quema el dolor del camino y el árbol es como un tipo de amor, que nos abraza y nos da de su calma y nos permite reposar. ¿conoces mejor servicio que ese?
-De alguna manera yo he sentido como ese, el gran árbol, al que te referiste antes, me ha abrazado en mis tristezas.
-A veces antes de llegar aquí, mis fuerzas ya no dan más y me ha tocado detenerme allí y sentir su cuidado, para poder seguir. – Como los pájaros, también he hecho mi parada allí. Si es mucho sol, me cubre,pero en oportunidades también llueve y me he resguardado bajo sus enormes ramas.
– ¡Cuántas cosas has pasado! Y… ¿Porqué no me lo has dicho? ¿Porqué no me has llamado? Es preferible que me abraces a mí, antes que a ese árbol, yo hubiese podido llevarte de saber que estabas aquí, en esas condiciones… No entiendo….
– Querido… Si te he llamado, si te he contado y ese árbol, y estas ramas que ves pintadas por aquí, simbolizan tu presencia en mi vida, y las veces que igualmente yo he estado para tí.

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– ¡Wow! Me has dejado sin palabras una vez más. Podía pensar cualquier cosa, menos esto que me has dicho.  Te confieso, que por un momento pensé en ese árbol y sentí algo como… ¿celos?, pero  se que eso no es,  pero es algo extraño, de sólo imaginarte refugiándote  en él y no en mí.
– Pues ya sabes, que él ha servido para recordarme tu presencia, no para olvidarla. Y no quiere decir que no tenga su mérito propio, porque realmente, a su sombra he pasado buenos momentos, he disfrutado del canto de los pájaros, he contemplado desde sus ramas el azul de este cielo. -Me he sentido libre.
– Como conmigo… ¿Es lo que quieres decir?
-Algo así.
-La verdad es que no lo habría pensado si no me lo dices, y ya sabes que me gustan mucho los árboles, las plantas y todo eso; pero no me lo había planteado hasta ahora así,  eso de servir a otro, tomando  como símbolo, un árbol; es como aprender a ser útil desde la sencillez de lo que uno mismo es.
-Exactamente esa ha sido mi idea con este piso. Porque si el amor no es ser útil para otra persona, que sería el amor entonces,? Sólo satisfacción personal, la vida centrada en uno mismo nada más y ya ves, que no es así.
-¿Pasaste mucho tiempo pintando esto?
-Algo… Mientras esperaba que te atrevieras a venir…
-Esperanza… Y porqué no insististe antes, porqué siento que me perdí muchas cosas..?
-Todo es perfecto ahora, este es el momento justo para que estuvieras aquí. Los ayeres sin tí, ahora no existen, como en este momento aún no llegan tus ausencias futuras.
-¿Ausencias futuras..? No se de que hablas, porque yo no tengo ganas de ausentarme, y ni lo pienses… Porque yo…
Una vez más sutilmente te interrumpo.
-Sigamos, por favor, si? Sigamos. -Insisto que no te ates a palabras que no has de cumplir. Los dos sabemos cómo son nuestros mundos fuera de este Faro.
-Y yo insisto en que no pretendas saber de antemano lo que va a pasar. Déjame que te diga lo que siento, lo que también hay en mí.
-Por supuesto… Me interesa  mucho  todo lo que puedas decirme sobre lo que sientes. El próximo piso es justo para eso y ahí tendremos tiempo  de expresarlo, ¿te parece?
-Ya vamos casi saliendo, quedan sólo unos pocos escalones.
Siento tu mano sosteniéndome, diciéndome las palabras que hasta ahora no nos hemos dicho. El tacto es más atrevido que las palabras y lo que corre entre los dos hace un recorrido de un lado al otro y nos deja así, trepando por un árbol, cargados cada uno de sentimientos y emociones que en algún momento saldrán (…o no)
-Gracias por invitarme a venir aquí…
-Gracias a tí, por atreverte a venir.
Y todo el recorrido se vuelve más corto, sólo nos queda un piso y la interna… no se si estarás pensando lo mismo que yo. Una vez más volteas y me miras, parece que mis pensamientos son audibles para tí….