Subamos al Faro #6

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-Ok ya hemos dejado los escalones en azul, sigamos subiendo. -Siento que llega la hora del silencio entre tu yo.
Tú dices que no ves mucho, que estamos casi en penumbras, y eso es porque se hace necesario encender la luz que sigue.
– Si das dos pasos más en este descanso, extiende tu brazo derecho y a la altura de tu pecho más o menos está el interruptor. -Presiónalo, por favor.
Lo tocas, la luz se enciende y el tono verde también se deja ver.
– ¿En serio, cada piso tiene un color? y al decirlo pareciera que pensabas que estaba jugando cuando te dije que cada piso tenía un tono diferente.
– Por lo general no digo cosas que no sean vedad. -¿Cual sería mi motivación para decirte algo que no es, sobre este Faro… O sobre mi? digo esto y vuelvo a un silencio necesario en esta sección.
– ¿Porque tan callada? Preguntas.
– De todos los pisos que subo para llegar al mirador de allá arriba, este definitivamente es el tramo que más me cuesta.

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– ¿Porqué verde? ¿algún significado especial?
– La esperanza generalmente se viste de verde. Como todo lo que crece. Lo único es que está vez tiene como un toque de azul, proveniente del piso anterior, lo que deja un tono turquesa que es un color que realmente me gusta. -¿Pero sabes? es precisamente en estos escalones de la esperanza, de querer confiar,  en los que siempre la dudas y las interrogantes me dan dura batalla y casi siempre pienso que la pierdo. 

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– Mis más oscuras preguntas surgen aquí. -Y suena hasta irónico, porque vengo de dejar un par de escaleras donde subiendo animada he podido pensar en lo que haré desde allá arriba, lo que escribiré, lo que veré, lo quisiera preguntarte o simplemente  decirte, y luego… Al llegar aquí hay una serie de preguntas y conjeturas que  se me enredan en el corazón y en la mente haciéndome dudar de si vale la pena el  seguir subiendo o simplemente es mejor dar la vuelta y una vez más correr.
– Eres complicada… o mejor dicho, tus pensamientos lo son, y por un momento hay silencio
– Más de lo que piensas, respondo con calma… Y luego de otra pausa silenciosa digo:
– Mientras subo despacio por aquí, hay unas preguntas retadoras que vienen a mi mente. -¿Para qué lo haces? ¿No te estarás equivocando? ¿Crees que le importará lo que piensas y mucho menos lo que sientes? ¿Es una tontería pensar que vendrás? ¿De qué sirven los sentimientos? ¿No es mejor olvidarlo todo y simplemente morir? ¿Por qué mejor no tomar otro camino? ¿Para  qué insistir?

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– ¡Wow, no! tus pensamientos son aterradores y tus preguntas demoledoras. Yo no podría pensar así, y menos si estoy haciendo una subida como esta. ¡Esto es como fuerte!
– Tú me preguntaste sobre lo que hacía cuando venía aquí, simplemente te estoy dando la descripción de cada etapa que experimento cuando lo hago.
– A veces ni siquiera, llego al piso siguiente y me quedo sentada en uno de estos escalones por mucho tiempo. A veces lloro, a veces no tanto y creo que es peor lo segundo que lo primero.
– ¡Pero entonces, este piso no es de esperanza nada! sino más bien el piso del sufrimiento.
– Y cuándo crees tú que necesitas esperanza o confianza…¿cuándo todo está bien y te sientes por encima de todo lo que te puede afectar? ¡No! por eso te decía que era una dura batalla la que se libraba en mi interior mientras todo esto ocurre y voy subiendo por aquí.
– Los colores de estos pisos del faro y todo lo que me sugieren, es como una especie de honor que le he hecho a cada una de las veces que antes de hoy, he estado aquí.
– Por supuesto que muchas de las veces en las que sentí esto o sufrí (como dices tú), no había color en ninguno de los pisos. Esto ha venido después, cuando ya las batallas han sido superada de algún modo y la acción me permitió avanzar y no importaron tanto las dudas ante la esperanza que pudo renacer. ¿Que si me quedé desgastado con esto? ¡Si!, pero eso no me impidió volver a insistir y avanzar después de todo y continuar.

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– Este Faro, soy yo, y sus colores lo que pasa conmigo. Tú dirás si quieres seguir o no.
– No he dicho nada sobre no seguir…
– Bueno, lo digo para no suponer nada. Digo esto y me siento como en otras veces, en las que subir empieza a dejarme sin aire, o mejor dicho las emociones me dejan así.
– ¿Pero porqué tantas preguntas?
– Porque del tamaño de lo que que uno siente, será la intensidad con la que podamos pensar y preguntar. -Al menos conmigo es así.
– ¿Y yo he estado dentro de tus interrogantes y dudas?
– Por supuesto que si.
– ¿Y eso porqué? Si yo he estado a tu alcance, para que preguntes lo que quieras. ¿Porqué entonces aquí y de esta forma?
– Porque a la final, se tus respuestas.
– ¿Qué…? ¿Ahora me dices que sabes que respondería yo, a cada una de tus dudas e interrogantes?
– Creo que mejor subimos sin hablar, para que no te canses, digo eso para no atormentarle con mis palabras. Mi mano suelta la tuya, para que mi peso no te retraiga (y me quedo en mis pensamientos). -Ciertamente es difícil para mí también, el pensar así. -Nunca… Nunca he dicho que esto fuera tan fácil como, o un juego para mi… Tal cosa jamás lo he dicho.
– No creo que sea buena idea.. Dices y tu voz comienza a jadear como síntoma de que te están cansando estos escalones. -Debes expresar lo que sientas y ya, sin estarlo pensando tanto.
– Es precisamente lo que estoy haciendo contigo, ahora. -Pero de verdad, no hables más hasta el próximo descanso. Este es un piso pesado y no se porqué (o mejor dicho si sé, entonces mejor pasarlo y ya).
– Dame tu mano, sigamos, dices mientras continúas.
-Puedes decir todo lo que quieras, yo escucharé sin interrumpir. Extiendes tu mano hacia mi, y en el fondo agradezco que así sea, ya que quizás las ganas de no seguir y correr, andan por ahí.
– La única forma de ganar una encarnizada batalla como es la de mis pensamientos, es empezar a regalarme a mi misma el beneficio de no creer que todo lo que pienso sea así, y tengo que hablarme en medio de un monólogo fuerte sobre la posibilidad de estarme equivocando en eso que me hace dudar y por último el animarme a seguir, pensando que no importa lo que pase contigo, en el fondo importa lo que yo siento, porque al final del día es eso lo que me hace vibrar, porque es lo que soy y lo que me queda, no tú, sino yo.
– Si logro hacer eso y procesarlo bien en mi interior, los últimos cuatro escalones debo subirlos corriendo, para sacudir todo ese peso que traía conmigo hasta ahí. -Lo hago y no tengo casi ni fuerzas, pero si lo consigo, éstas serán renovadas y en el próximo descanso, estaré lista para una nueva luz.
– Eso es lo que me ocurre en estos escalones verde…
– Realmente y si te soy sincero, no imaginaba que todas esas cosas pasaran dentro de ti. -Ahora voy entendiendo un poco más tus silencios, que no son tales, sino más bien gritos desesperados que ocurren en tu interior. -Me dejas mucho para pensar.
– Entonces corramos, solo quedan los últimos cuatro escalones… Creo que pasamos, así que subamos con fuerza hasta llegar al próximo descanso. -Quizás el tono del color del piso siguiente te guste más. -¡Mira! Hay otra ventana allí…

– ¿Sigues conmigo?

#EE

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2 comments

  1. ¡Uff! Esperanza, he sentido el esfuerzo de salvar cada escalón. Tu interior, digo el interior de tu faro está lleno de sentimientos muy intensos; espero que llegue la luz final aclarando todo. Un fuerte abrazo y tiendo mi mano por si la quieres para ayudarte a subir.

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  2. La verdad es que esta subida se pone intensa..!
    Menos mal que vas acompañada. Cuántas cosas pueden ocurrir dentro de nosotros no?
    Quiero ver que ocurre al llegar arriba…!

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