Month: December 2015

Esperanza que se enciende…

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Que la luz de lo que sentimos, aún en medio del camino incierto de lo imposible, nunca se apague.

Mi corazón está contigo, desde siempre y hasta siempre.

Feliz sea el tiempo que nos toque! ♥

#EE

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Subamos al Faro #6

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-Ok ya hemos dejado los escalones en azul, sigamos subiendo. -Siento que llega la hora del silencio entre tu yo.
Tú dices que no ves mucho, que estamos casi en penumbras, y eso es porque se hace necesario encender la luz que sigue.
– Si das dos pasos más en este descanso, extiende tu brazo derecho y a la altura de tu pecho más o menos está el interruptor. -Presiónalo, por favor.
Lo tocas, la luz se enciende y el tono verde también se deja ver.
– ¿En serio, cada piso tiene un color? y al decirlo pareciera que pensabas que estaba jugando cuando te dije que cada piso tenía un tono diferente.
– Por lo general no digo cosas que no sean vedad. -¿Cual sería mi motivación para decirte algo que no es, sobre este Faro… O sobre mi? digo esto y vuelvo a un silencio necesario en esta sección.
– ¿Porque tan callada? Preguntas.
– De todos los pisos que subo para llegar al mirador de allá arriba, este definitivamente es el tramo que más me cuesta.

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– ¿Porqué verde? ¿algún significado especial?
– La esperanza generalmente se viste de verde. Como todo lo que crece. Lo único es que está vez tiene como un toque de azul, proveniente del piso anterior, lo que deja un tono turquesa que es un color que realmente me gusta. -¿Pero sabes? es precisamente en estos escalones de la esperanza, de querer confiar,  en los que siempre la dudas y las interrogantes me dan dura batalla y casi siempre pienso que la pierdo. 

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– Mis más oscuras preguntas surgen aquí. -Y suena hasta irónico, porque vengo de dejar un par de escaleras donde subiendo animada he podido pensar en lo que haré desde allá arriba, lo que escribiré, lo que veré, lo quisiera preguntarte o simplemente  decirte, y luego… Al llegar aquí hay una serie de preguntas y conjeturas que  se me enredan en el corazón y en la mente haciéndome dudar de si vale la pena el  seguir subiendo o simplemente es mejor dar la vuelta y una vez más correr.
– Eres complicada… o mejor dicho, tus pensamientos lo son, y por un momento hay silencio
– Más de lo que piensas, respondo con calma… Y luego de otra pausa silenciosa digo:
– Mientras subo despacio por aquí, hay unas preguntas retadoras que vienen a mi mente. -¿Para qué lo haces? ¿No te estarás equivocando? ¿Crees que le importará lo que piensas y mucho menos lo que sientes? ¿Es una tontería pensar que vendrás? ¿De qué sirven los sentimientos? ¿No es mejor olvidarlo todo y simplemente morir? ¿Por qué mejor no tomar otro camino? ¿Para  qué insistir?

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– ¡Wow, no! tus pensamientos son aterradores y tus preguntas demoledoras. Yo no podría pensar así, y menos si estoy haciendo una subida como esta. ¡Esto es como fuerte!
– Tú me preguntaste sobre lo que hacía cuando venía aquí, simplemente te estoy dando la descripción de cada etapa que experimento cuando lo hago.
– A veces ni siquiera, llego al piso siguiente y me quedo sentada en uno de estos escalones por mucho tiempo. A veces lloro, a veces no tanto y creo que es peor lo segundo que lo primero.
– ¡Pero entonces, este piso no es de esperanza nada! sino más bien el piso del sufrimiento.
– Y cuándo crees tú que necesitas esperanza o confianza…¿cuándo todo está bien y te sientes por encima de todo lo que te puede afectar? ¡No! por eso te decía que era una dura batalla la que se libraba en mi interior mientras todo esto ocurre y voy subiendo por aquí.
– Los colores de estos pisos del faro y todo lo que me sugieren, es como una especie de honor que le he hecho a cada una de las veces que antes de hoy, he estado aquí.
– Por supuesto que muchas de las veces en las que sentí esto o sufrí (como dices tú), no había color en ninguno de los pisos. Esto ha venido después, cuando ya las batallas han sido superada de algún modo y la acción me permitió avanzar y no importaron tanto las dudas ante la esperanza que pudo renacer. ¿Que si me quedé desgastado con esto? ¡Si!, pero eso no me impidió volver a insistir y avanzar después de todo y continuar.

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– Este Faro, soy yo, y sus colores lo que pasa conmigo. Tú dirás si quieres seguir o no.
– No he dicho nada sobre no seguir…
– Bueno, lo digo para no suponer nada. Digo esto y me siento como en otras veces, en las que subir empieza a dejarme sin aire, o mejor dicho las emociones me dejan así.
– ¿Pero porqué tantas preguntas?
– Porque del tamaño de lo que que uno siente, será la intensidad con la que podamos pensar y preguntar. -Al menos conmigo es así.
– ¿Y yo he estado dentro de tus interrogantes y dudas?
– Por supuesto que si.
– ¿Y eso porqué? Si yo he estado a tu alcance, para que preguntes lo que quieras. ¿Porqué entonces aquí y de esta forma?
– Porque a la final, se tus respuestas.
– ¿Qué…? ¿Ahora me dices que sabes que respondería yo, a cada una de tus dudas e interrogantes?
– Creo que mejor subimos sin hablar, para que no te canses, digo eso para no atormentarle con mis palabras. Mi mano suelta la tuya, para que mi peso no te retraiga (y me quedo en mis pensamientos). -Ciertamente es difícil para mí también, el pensar así. -Nunca… Nunca he dicho que esto fuera tan fácil como, o un juego para mi… Tal cosa jamás lo he dicho.
– No creo que sea buena idea.. Dices y tu voz comienza a jadear como síntoma de que te están cansando estos escalones. -Debes expresar lo que sientas y ya, sin estarlo pensando tanto.
– Es precisamente lo que estoy haciendo contigo, ahora. -Pero de verdad, no hables más hasta el próximo descanso. Este es un piso pesado y no se porqué (o mejor dicho si sé, entonces mejor pasarlo y ya).
– Dame tu mano, sigamos, dices mientras continúas.
-Puedes decir todo lo que quieras, yo escucharé sin interrumpir. Extiendes tu mano hacia mi, y en el fondo agradezco que así sea, ya que quizás las ganas de no seguir y correr, andan por ahí.
– La única forma de ganar una encarnizada batalla como es la de mis pensamientos, es empezar a regalarme a mi misma el beneficio de no creer que todo lo que pienso sea así, y tengo que hablarme en medio de un monólogo fuerte sobre la posibilidad de estarme equivocando en eso que me hace dudar y por último el animarme a seguir, pensando que no importa lo que pase contigo, en el fondo importa lo que yo siento, porque al final del día es eso lo que me hace vibrar, porque es lo que soy y lo que me queda, no tú, sino yo.
– Si logro hacer eso y procesarlo bien en mi interior, los últimos cuatro escalones debo subirlos corriendo, para sacudir todo ese peso que traía conmigo hasta ahí. -Lo hago y no tengo casi ni fuerzas, pero si lo consigo, éstas serán renovadas y en el próximo descanso, estaré lista para una nueva luz.
– Eso es lo que me ocurre en estos escalones verde…
– Realmente y si te soy sincero, no imaginaba que todas esas cosas pasaran dentro de ti. -Ahora voy entendiendo un poco más tus silencios, que no son tales, sino más bien gritos desesperados que ocurren en tu interior. -Me dejas mucho para pensar.
– Entonces corramos, solo quedan los últimos cuatro escalones… Creo que pasamos, así que subamos con fuerza hasta llegar al próximo descanso. -Quizás el tono del color del piso siguiente te guste más. -¡Mira! Hay otra ventana allí…

– ¿Sigues conmigo?

#EE

Subamos al Faro #5

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Continuamos subiendo…

-Realmente es fascinante este lugar, nunca imaginé que un Faro, o al menos este fuera así, dices mientras subes escalón tras escalón.

Mi mano izquierda tomada de tu mano derecha nos mantiene unidos. Te escucho y no digo nada, realmente estoy entre asombrada y feliz de que estés aquí. Hay momentos que siento que de pronto me voy a despertar en la cabaña de mi buen amigo, el señor Marco y que todo podría ser producto de mi imaginación.

-¡Estoy aquí contigo! -dices- Y es como si realmente hubieses escuchado mis pensamientos. Yo reacciono y te digo:

-¿Qué… qué has dicho? ¡Ah si, si, -replico algo nerviosa. Por supuesto se que estás aquí (tengo mi mano en la tuya, pienso) y el que tu me hagas un leve apretón me deja sin defensas para decir lo contrario.

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-¿Realmente oyes mis pensamientos? Es lo único que puedo decir.
Y en medio de una de esas carcajadas que me encantan, respondes:

-¡Claro que si! ¿quieres que te diga que estás pensando justamente ahora? Detienes el paso y te volteas para mirarme. Me encuentro con tu mirada y me haces sentir desnuda en mis pensamientos, así que intento salir de tu mirada escrutadora diciendo:

-Si creo que puedes oír mis pensamientos, pero lo que estoy pensando en este preciso instante, no. Subamos…

-Retomas la conversación y al verme callada, optas por cambiar el rumbo, dejando el misterio de mis pensamientos al menos por ahora.

-¿Porqué azul para este primer piso? Y esa pregunta logra que volvamos al ritmo de la subida. -A ver cuéntame de este azul.

-Cuando veo azul, me recuerda el cielo -digo- y respiro profundamente. El cielo es como un camino inmenso el cual se llena con tus pasos. Te invita a comenzar a andar, a no detenerte, a no dejar para después. Cuando voy subiendo estos escalones en azul, voy pensando en que es lo que realmente quiero hacer al llegar arriba. Por lo general lo que he escrito allá arriba, en cualquiera de estos rincones y hasta en la cabaña de allá atrás,  fue producto de la acción de subir desde aquí.

-Cada escalón va con un significado, un obstáculo a vencer, una tarea por cumplir. Este es el inicio. Significó para mi romper las cadenas y liberarme de los miedos y empezar a hacer algo en función de mi ser. No puedo llegar allá (y señalo arriba) sin empezar desde aquí. Por eso esta tan importante esta etapa azul. Es mi tiempo de accionar, de subir, simplemente de vivir. Eso me permitió invitarte a venir y no quedarme como otras veces, solo contemplando la inmensidad y nada más. Sólo quedarme con las ganas. Me costó, pero preferí correr el riesgo de que me dijeras que no, a quedarme toda la vida preguntándome: – y si hubiera hecho…o si le hubiera dicho…

-Ya estamos en el primer descanso. En el intermedio de este primer piso, y al decirlo tu expresión es  como el de quien ya  ha conquistado la colina. -¿Vas bien?, preguntas.

-Si, por supuesto. – Ya otras veces lo he hecho y de corrida, digo casi con orgullo, pero sin olvidar lo imposible que se me hizo la primera vez.

-¡Claro! pero me imagino que pocas veces lo has hecho, con el antecedente del llanto (y se deja sentir algo de duda en tus palabras).

– Tienes razón, no es nada fácil subir llorando. Por lo general lloro al contemplar lo inmenso desde allá arriba, pero eso lo pienso y no lo digo… Espero que por esta vez no escuches lo que pienso y eso de alguna manera, me hace sonreír.

-Tranquilo, este faro me conoce, te digo mientras nos asomamos a la ventana que se ubica en este descanso.

-A esta altura, no es mucho lo que puede verse, pero sabemos que el mar esta cerca y si sacas tu mano, puedes sentir al viento jugando con la arena, dejando rastros por doquier. -¡Siéntela, saca tu mano ven!

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-Se nota que hasta estado muchas veces, o mejor dicho, todas las veces aquí. Estás al tanto de todos los detalles. Creó que me he perdido de algo en todo este tiempo…

-¿Seguimos? te digo, mientras asiento con mi cabeza, pensando que si te has perdido de algo.

-Claro, respondes. Extiendes tu mano y continuamos, tú delante y yo detrás.

-¿Al final de esta escalera comienza el piso siguiente? preguntas mirando hacia arriba.

-¿Allí la luz si es normal?

-¿Crees que hay algo anormal aquí? Respondo mientras sonrío.

-Si, tiene luz… Y también color. Faltan pocos escalones, así que ya llegaremos.

-¿Porqué un color para cada piso?

-Yo pienso en colores, en música, en emociones. Eso me recuerda que la vida diariamente es diferente y que sin embargo a veces lo que sentimos es igual de intenso.

-Por fin no me has dicho, ¿que fué lo que te hizo venir aquí la primera vez?

-Escapar… Sólo escapar.

-Perdona que insista… Escapar ¿de qué o de quien?

-¿Recuerdas aquella persona que te comenté una vez, que me abordó para hablarme de ti y de lo que según ella tenía derecho de hacer contigo? De pronto, ni lo recuerdas.

-Te confieso que realmente me hizo sentir horrible. Si era eso lo que pretendía (creo que al tiempo entendí que esa fue su intención), casi que le envío mi reconocimiento por escrito, porque el papel que representó fué tan bueno, que realmente lo logró.

-¿Y eso porqué? Nunca pensé que algo insignificante como eso te afectara. Esa es una buena persona,  me parece que ella hasta chévere es. No creo que haya razón para que te incomodara tanto.

Me quedo sólo pensando. Prefiero callar. Si no di los detalles aquella vez, creo que ya no tiene ningún sentido el remover eso, así que solo digo:

-Exactamente… Puede ser como dices. Pero simplemente, tú hiciste una pregunta y yo la estoy contestando. Con argumentos que te parezcan válidos o no, eché a correr y llegué hasta aquí. La verdad es que no quería estar con nadie que pudiera preguntarme en ese momento ¿que me pasaba? Por que ¿sabes? Creo que en ese instante yo no tenía la respuesta o al menos no quería saberla.

-Ese día empecé a comprender que era lo que estaba sintiendo. A veces de la forma en que uno menos espera, descubrimos cuanta intensidad puede haber en un sentimiento. Quizás esas lágrimas me ayudaron… Por eso vine a este Faro y quizás también por eso, estás tú hoy aquí…

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– Hay lágrimas que se agradecen. ¡Definitivamente si!

– Vamos, sigamos. Algo más nos espera…

#EE

Si te viera…

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Llevó mis brazos abiertos,
Por si acaso yo te encuentro
no perdería el momento,
De poderte así abrazar
Sin medidas, sin pensar.

Mientras…
En este lado del mar,
Sólo puedo disfrutar
De imaginarlo sin más
Y volar con mi pensar,
Hasta la  orilla en que estás
Y allí te podré abrazar…

En los bordes de nuestro s pensamientos.

#EE