Subamos al Faro #3

Y finalmente has llegado…

La puerta comienza a abrirse, y si antes te había dicho que mi corazón se aceleraba de solo pensar que pudieras estar aquí; hoy sintiendo que estás al otro lado de esta misma puerta que estoy viendo desde aquí adentro, y está entre abierta luego que has empezado a empujarla, la luz entra y tú con ella… esta vez siento que mi corazón se detiene.

Abres al fin, y el reflejo de la claridad de afuera hace una especie de aura alrededor tuyo, haciendo para mí más indescriptible el solo hecho de verte allí.
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Me digo a mi misma: -¡Tranquila! -mientras siento que mis manos tiemblan dentro de los bolsillos de mi chaqueta-.

Este día ha hecho algo de frío, la temperatura que generalmente está por encima de los 30° hoy amaneció a unos 22°, para mí eso es frío. Son las 7:30 y como siempre he venido, es sábado y estoy aquí, en mi faro, alejándome de la bulla de la ciudad desde muy temprano.

Me vine a mi lugar favorito, antes de las 7:00  am  ya estaba aquí. ¿Porqué mi lugar favorito? Creo que porque aquí me siento libre. En este lugar puedo pensarte sin las interrupciones del tiempo y es aquí donde también a veces mi tristeza se manifiesta con mayor fuerza, sin necesidad de ser ocultada o justificada de acuerdo a los parámetros de los que observan mi vida.

Por lo general subo de una vez, pero cuando no, me quedo en la cabaña de atrás. Bueno, esa tú no la conoces, allí me quedo cuando el pensarte se me vuelve tan largo que me sorprende la noche y por supuesto, prefiero amanecer aquí… este lugar es especial. Cuando llega el atardecer y el sol se oculta sumergiéndose en el mar, es un espectáculo que he podido observar por aquí, y cuando despunta el alba también es algo mágico, sin igual. Los pájaros vuelan muy temprano hasta la desembocadura del río y el mar, que se aprecia muy bien estando aquí, pero arriba.

Allí hay una película colorida que se puede observar diariamente, y es que esos pájaros tienen belleza de sobra en sus plumas, y es en esas mismas alas de distintos colores, que yo me he echado a volar con mis pensamientos, hasta llegar a ti.

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Y hoy… ¡Ya estás aquí…!
Respiro profundo y pongo mi cara de normalidad acostumbrada, esa que he usado siempre cuando nos hemos visto y que deja sin descubrir la emoción que me embarga cada ves que tengo la oportunidad de hacerlo.

Ya me has visto de esta manera antes. Siempre en mi sitio, sin estar descompuesta, sin dejarme llevar por el sin fin de emociones que me provocas. Todo bajo control.

Te miró y ahí estás… Bello como te recuerda mi corazón.
-Bienvenido -Es lo que mi boca alcanza a decir, para que no sientas el temblor de mi voz-. Mis manos están bien, los bolsillos hacen su trabajo.

Y tú, desinhibido como siempre dices:
-¡Hola! -Te acercas, y puedo ver que te aproximas hasta mi-.
Siento tus brazos rodeándome por los hombros, mientras tú rostro cerca del mío, me permite escuchar tu saludo cálido en palabras que había temido no llegar a escuchar nunca.

¡Por supuesto que quería venir!- dices. Y el abrazo se me hace una eternidad de la cual no quiero soltarme, pero debo hacerlo para reaccionar y poderte hablar.

El tenerte tan cerca, hace que la respiración mía se entre corte, así que me sobrepongo a las ganas que tengo de sólo quedarme allí muy pegada a ti y doy un paso atrás diciéndote:

-A ver… Déjame verte. Te ves muy bien. ¿Has perdido peso?, pregunto como quien busca un piso sólido para no dejarse caer en la arena movediza de las emociones.

Y tu contestas: -Perdí unas libras, a veces yo también tengo mis momentos. Mientras dices eso, sonríes y casi que olvido lo que pretendía hacer con mi pregunta. Ganar tiempo para recomponerme.

-Ahora que estoy aquí- dices.

-Ya no tienes más excusas, cuéntame ¿que haces cada vez que vienes a este lugar o a otros como este?
– Quiero saberlo todo. Ya no quiero imaginar que es lo que sientes, cuando escribes, quiero tener la primicia en vivo y directo desde tu boca. Luego sueltas una carcajada al ver mi rostro de asombro que dice que quiero expresar muchas cosas, pero que el silencio está ahí, haciendo lo suyo.

Das tres pasos a mi alrededor y tu voz cambia, ya no hay risa, sino es más bien grave. Tú mirada es más profunda y siento que me traspasa.

-Ya no en broma Esperanza…dices, y mi corazón empieza a latir tan fuerte que creo que lo puedes escuchar. -Realmente quiero estar aquí, quiero saber de ti. -Vine por ti. Dices estas pocas palabras y no puedo evitarlo, las lágrimas empiezan a dejarse ver.

-¡No, no llores! Exclamas. No es mi intención, hacerte llorar, o sufrir o algo parecido. Yo…

Levantó mi mano derecha a la altura de mi rostro, en señal de que hagas una pausa. Te miró a los ojos, y a pesar de las lágrimas sólo digo: -Déjame llorar… Esta también soy yo.

Recobro ánimo y respiro profundo y mirándote y alcanzo a decir:
-¡Estás aquí! -y eso es muy importante para mi-.
– Aquí soy yo, como soy… Y eso abarca estas lágrimas, lo que siento, lo que pienso, lo que a nadie digo, lo que siento por ti, lo que me hace visitar el cielo cuando te pienso y recorrer el infierno al volver a lo real.

– Esta soy yo…

Guardas silencio y ahora si siento que nuestras miradas se encontraron…

– ¿Quieres seguir? pregunto. Extiendo mi mano… Y ya sólo depende de ti.

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Un escalón a la vez.

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¿Empezamos…?

#EE

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