Month: November 2015

Subamos al Faro #4

Empezamos  a subir. Como te dije, quiero que vayas delante. Estar tan cerca de ti, aunque pueda parecerte hasta cómico, realmente me acelera el pulso y prefiero que me des la mano y subamos poco a poco. Que sea yo quien pueda verte a tí…

Me miras y siento que tus ojos pueden ver mi interior, y esta emoción que pareciera no existir, creo que tú la desnudas completamente.

Te acercas y tomas mi mano para empezar a subir, no sin antes preguntarme:
– ¿Cuánto tiempo tienes viniendo a este faro?
– ¿No te asusta venir a este lugar sola y subir tantos escalones y que se haga de noche?
– ¿Porqué te gustan los faros? Cuéntame Esperanza…

Son tus preguntas, y aprovecho esta oportunidad para empezar a mostrar lo que siento desde aquí, desde el primer escalón.

– Tengo viniendo a este lugar alrededor de dos años.  Al decirte esto, tu expresión de asombro aparece .
– No siento temor, mira, aquí se enciende el resto de la iluminación. Digo esto y mientras lo hago camino y encuentro el interruptor, lo enciendo y el primer tono que puede observarse es azul. Este faro tiene 7 pisos internos y el octavo es el que se encuentra  en su cabeza lo que se conoce como linterna. A cada piso le hemos colocado además de las luces blancas que iluminan bien los escalones, un reflector azul para dar ese matiz en el centro del primer piso, ¿lo ves?
Cada piso tiene un tono diferente lo que le da un toque mágico a este lugar… En algún momento te hablaré de lo que significa cada color para mi.

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– La primera vez que vine no llegué ni al primer piso, sólo me senté a llorar en uno de estos primeros escalones. Digo esto y no puedo evitar suspirar al recordarlo.
– No se cuanto tiempo pasé allí, hasta que el señor Marco y su esposa Natalia me encontraron, ellos son los encargados del mantenimiento del faro,  y desde ese día hasta hoy, me han adoptado como parte de este lugar, como la hija que no tuvieron, y realmente les quiero muchísimo.

(Aquí había colocado una foto mía de ese día… Pero preferí quitarla)

-Creo que si aquel día no me encuentran, hubiese podido morir allí de tanto llorar. Digo esto y cambio el rumbo de la conversación pensando que es mejor  no describir mucho esos detalles.

– Ellos me consienten tanto que me complacieron con el capricho de los colores aquí adentro y en su casa me han dejado entrar todas las veces que vengo, aún cuando ellos están de viaje, porque tengo sus llaves.

Retrocedes acercándote nuevamente hacia mi, y tus ojos no evitan hacer lo que ya sabes que pasa conmigo (a este paso no se cuanto tiempo vayamos a estar aquí). Te acercas y puedo sentir tu respiración. Esto es como demasiado para iniciar la subida. Mw pregunto si podré resistirlo.

Doy medio paso hacia atrás y tu mano, que tiene agarrada la mía con el objeto empezar a subir, de un suave tirón me coloca justamente  ante tu rostro. Nuestros ojos están al mismo nivel, diría que casi nuestras bocas también. Realmente me agitas hasta el más mínimo rincón de mi ser, con toda esta emoción que me produce tenerte tan cerca; como que no estoy muy preparada para eso…

Con la mano que tienes libre levantas algo más mi barbilla y me dices:
-Quiero saber, ¿porqué viniste acá la primera vez? Pero sobretodo quiero saber ¿porqué llorabas de esa forma desconsolada? No pensaba que hubiera tantas lágrimas en tu historia, continuas diciendo, y al hacerlo puedo ver una dulzura en tu mirada que realmente me conmueve.

Sigues hablándome así de cerquita y de verdad que si todo a mi alrededor estallara en este momento, aún así, creo que continuaría escuchándote sin ni siquiera moverme. Simplemente no puedo.

-Ya sabía que eras alguien muy sensible y lo comprobé con esas lágrimas que ví correr por ahí hace tan sólo unos minutos, pero lo que dices que te trajo hasta acá la primera vez fue dolor… Y quiero saber ¿porqué? Aunque en el fondo te confieso que tengo algo de temor de conocer esa respuesta. Nada más de pensar que esas lágrimas lleven mi nombre, creo que no lo soportaría con facilidad.

-Mis lágrimas si tenían que ver contigo..  Tengo que decírtelo. Y mis risas también, la verdad es que no puedo evitarlo. Mis manos tiemblan y rescato la que tenías en la tuya y la devuelvo a mis bolsillos, a ver si consiguen calmarse.

Me recuperó un poco, hay una lucha entre mis emociones y el llamado a la calma que me hace mi parte cuerda, que hay momentos que siento no queda mucha y continuo haciendo mi mejor esfuerzo por responder.

-Hiciste tres preguntas y aún no las contesto todas, vamos por parte, paso a paso, escalón por escalón.

-Ya sabes que tengo un par de años viniendo aquí, sabes además que no me asusta y con quien cuento cuando me quedo. Digo esto y hago un gesto que te indica que podemos empezar a subir.

Al subir con calma  continuó hablándote y ya sin tenerte tan cerca, se me hace más llevadero el poder hacerlo.

-Me gustan los faros, porque a veces creo que soy como uno de ellos.  Solitarios y en medio de la nada, y aún en esa condición, en algún momento pueden servir de luz a quien se detenga a verlos… Los faros a pesar de estar inmóviles y un poco sobre el nivel del mar, pueden ser azotados por olas que se desbordan (tal cuál las emociones), mareas que suben o cualquier cambio que afecte al mar y sus orillas. Pueden ser golpeados y sólo les toca quedarse enmudecidos y seguir allí, erguidos haciendo lo suyo.

Detienes el paso, vamos apenas por el octavo escalón y te volteas a mirarme, preguntando:
– ¿Y yo he sido parte de esa nada, del azote de las olas y los vientos implacables verdad?

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Asiento con mi cabeza y te doy la mejor sonrisa  que soy capaz de mostrar en este momento. Estas quitando todos los velos de mi alma, y vas a descubrirla toda y yo ya no tengo resistencia para evitarlo.

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Tú me has leído lo suficiente para imaginarme sintiendo, ¿Cierto?
¿Entonces seguimos subiendo…?

#EE

Subamos al Faro #3

Y finalmente has llegado…

La puerta comienza a abrirse, y si antes te había dicho que mi corazón se aceleraba de solo pensar que pudieras estar aquí; hoy sintiendo que estás al otro lado de esta misma puerta que estoy viendo desde aquí adentro, y está entre abierta luego que has empezado a empujarla, la luz entra y tú con ella… esta vez siento que mi corazón se detiene.

Abres al fin, y el reflejo de la claridad de afuera hace una especie de aura alrededor tuyo, haciendo para mí más indescriptible el solo hecho de verte allí.
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Me digo a mi misma: -¡Tranquila! -mientras siento que mis manos tiemblan dentro de los bolsillos de mi chaqueta-.

Este día ha hecho algo de frío, la temperatura que generalmente está por encima de los 30° hoy amaneció a unos 22°, para mí eso es frío. Son las 7:30 y como siempre he venido, es sábado y estoy aquí, en mi faro, alejándome de la bulla de la ciudad desde muy temprano.

Me vine a mi lugar favorito, antes de las 7:00  am  ya estaba aquí. ¿Porqué mi lugar favorito? Creo que porque aquí me siento libre. En este lugar puedo pensarte sin las interrupciones del tiempo y es aquí donde también a veces mi tristeza se manifiesta con mayor fuerza, sin necesidad de ser ocultada o justificada de acuerdo a los parámetros de los que observan mi vida.

Por lo general subo de una vez, pero cuando no, me quedo en la cabaña de atrás. Bueno, esa tú no la conoces, allí me quedo cuando el pensarte se me vuelve tan largo que me sorprende la noche y por supuesto, prefiero amanecer aquí… este lugar es especial. Cuando llega el atardecer y el sol se oculta sumergiéndose en el mar, es un espectáculo que he podido observar por aquí, y cuando despunta el alba también es algo mágico, sin igual. Los pájaros vuelan muy temprano hasta la desembocadura del río y el mar, que se aprecia muy bien estando aquí, pero arriba.

Allí hay una película colorida que se puede observar diariamente, y es que esos pájaros tienen belleza de sobra en sus plumas, y es en esas mismas alas de distintos colores, que yo me he echado a volar con mis pensamientos, hasta llegar a ti.

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Y hoy… ¡Ya estás aquí…!
Respiro profundo y pongo mi cara de normalidad acostumbrada, esa que he usado siempre cuando nos hemos visto y que deja sin descubrir la emoción que me embarga cada ves que tengo la oportunidad de hacerlo.

Ya me has visto de esta manera antes. Siempre en mi sitio, sin estar descompuesta, sin dejarme llevar por el sin fin de emociones que me provocas. Todo bajo control.

Te miró y ahí estás… Bello como te recuerda mi corazón.
-Bienvenido -Es lo que mi boca alcanza a decir, para que no sientas el temblor de mi voz-. Mis manos están bien, los bolsillos hacen su trabajo.

Y tú, desinhibido como siempre dices:
-¡Hola! -Te acercas, y puedo ver que te aproximas hasta mi-.
Siento tus brazos rodeándome por los hombros, mientras tú rostro cerca del mío, me permite escuchar tu saludo cálido en palabras que había temido no llegar a escuchar nunca.

¡Por supuesto que quería venir!- dices. Y el abrazo se me hace una eternidad de la cual no quiero soltarme, pero debo hacerlo para reaccionar y poderte hablar.

El tenerte tan cerca, hace que la respiración mía se entre corte, así que me sobrepongo a las ganas que tengo de sólo quedarme allí muy pegada a ti y doy un paso atrás diciéndote:

-A ver… Déjame verte. Te ves muy bien. ¿Has perdido peso?, pregunto como quien busca un piso sólido para no dejarse caer en la arena movediza de las emociones.

Y tu contestas: -Perdí unas libras, a veces yo también tengo mis momentos. Mientras dices eso, sonríes y casi que olvido lo que pretendía hacer con mi pregunta. Ganar tiempo para recomponerme.

-Ahora que estoy aquí- dices.

-Ya no tienes más excusas, cuéntame ¿que haces cada vez que vienes a este lugar o a otros como este?
– Quiero saberlo todo. Ya no quiero imaginar que es lo que sientes, cuando escribes, quiero tener la primicia en vivo y directo desde tu boca. Luego sueltas una carcajada al ver mi rostro de asombro que dice que quiero expresar muchas cosas, pero que el silencio está ahí, haciendo lo suyo.

Das tres pasos a mi alrededor y tu voz cambia, ya no hay risa, sino es más bien grave. Tú mirada es más profunda y siento que me traspasa.

-Ya no en broma Esperanza…dices, y mi corazón empieza a latir tan fuerte que creo que lo puedes escuchar. -Realmente quiero estar aquí, quiero saber de ti. -Vine por ti. Dices estas pocas palabras y no puedo evitarlo, las lágrimas empiezan a dejarse ver.

-¡No, no llores! Exclamas. No es mi intención, hacerte llorar, o sufrir o algo parecido. Yo…

Levantó mi mano derecha a la altura de mi rostro, en señal de que hagas una pausa. Te miró a los ojos, y a pesar de las lágrimas sólo digo: -Déjame llorar… Esta también soy yo.

Recobro ánimo y respiro profundo y mirándote y alcanzo a decir:
-¡Estás aquí! -y eso es muy importante para mi-.
– Aquí soy yo, como soy… Y eso abarca estas lágrimas, lo que siento, lo que pienso, lo que a nadie digo, lo que siento por ti, lo que me hace visitar el cielo cuando te pienso y recorrer el infierno al volver a lo real.

– Esta soy yo…

Guardas silencio y ahora si siento que nuestras miradas se encontraron…

– ¿Quieres seguir? pregunto. Extiendo mi mano… Y ya sólo depende de ti.

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Un escalón a la vez.

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¿Empezamos…?

#EE

Subamos al Faro#2

He estado aquí por mucho tiempo. Te invité a subir, y por momentos dudé que quisieras venir. La duda… Ya la conoces, esa que nos  desacredita y nos coloca en el lugar de “perdedor” aún sin siquiera haber comenzado la carrera, ella misma, la implacable, me había dicho que no vendrías, que era perder el tiempo.

Y yo, como tantas otras veces pasadas (y no sé si futuras) le escuché, me hizo sufrir por instantes y luego decidí sacudírmela. Sólo eso hice, echarla de mi. Me dije a mi misma, contemplando el azul de este cielo que me cautiva:

-Si no va a venir, que sea él mismo quien lo diga, no otra-. Y mucho menos una tan mal pagada, como la duda.

Dejé pasar las horas.
-¿Le gustará este faro?- me preguntaba. He recorrido muchos.
-¿Sacará un tiempo para venir, aunque no sepa decirle cuánto durará la subida?- Y pensaba y otra vez pensaba.

Mientras te esperaba entre todo lo que imaginé, mis pensamientos florecieron de alguna manera. Ya no di más paso al dolor, aunque la posibilidad de que no llegaras nunca, sólo de pensarlo, me lastimaba  al máximo y se me arrugaba el alma de pasearme por esa incierta certeza de que así fuera…que no vinieras.

Pero entones, pasó lo mejor… Sacudí todos esos pensamientos, y saqué lo mejor de mí (eso que guardaba con temor), para pensar en tí… Elegí mejor tener esperanza… Esa que es como yo.

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Y así, tal como mi espera fueron mis palabras escritas, en mi libreta amarilla, esa en la que prefiero anotar mis sentimientos cuando me acuerdo de ti, o mejor dicho cuando me sumerjo en tí…

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Tantas cosas pensé, pero hoy… Hoy simplemente sé que vendrás y ya con eso es suficiente para mi. Oigo tus pasos allá afuera, acercándote lentamente. Pronto abrirás la puerta y estarás aquí, te veré, te sentiré cerca. Ya no habrán interrupciones, ni distancias, en ese momento se acercaran las orillas y el mar,  nuestro mar, será uno solo.

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Ya siento que te acercas… Y tú que sientes?…

#EE

Subamos al Faro #1

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Quiero escribir una historia nueva contigo…

Las orillas siguen estando distantes, por eso son orillas, eso significa separación. Muchas veces desde este Faro, te he contemplado y en algunas he dejado que su Luz brille con toda intensidad,  esperando que aún en la más oscura de tus noches lo veas, y sepas que estoy allí, simplemente para tí.

Pero hoy, hoy, quiero reescribir mi historia contigo. Esta ves quiero que subas conmigo al faro y desde allí contarte lo que veo, lo que siento, lo que realmente soy. De la misma manera, quiero saber ¿que observas desde aquí, que te inspira, que sientes?

¿Empezamos a subir?

No te acerques mucho, que mi corazón se acelera y por un momento puedo perder la cordura y los argumentos de las orillas se me pueden olvidar. La escalera es estrecha, así que sólo cabe uno a la vez…

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Te dejaré ir delante, marcando el paso; para que descubras por donde yo he pasado muchas veces cuando pienso en tí. Ya sabes que temo caerme, así que an algún momento pediré tu mano o simplemente me sentaré en algún escalón a esperar que la emoción de tenerte alli me suelte y podamos seguir hasta llegar arriba.

¿Porqué esto, porqué ahora? Porque creo que es un buen tiempo para que subas conmigo a un viaje a mi interior, quizás al tuyo también.  No sé cuánto tiempo nos llevará hacer este recorrido, sola lo he hecho mil veces y he bajado y subido tan rápido como pueden hacerme subir y bajar mis emociones, las que muchas veces se desatan por ti.

No hay prisas, nadie más pisa este faro, sólo tú y yo, así que vamos. ¿Si te atreves a venir conmigo?

“Vente conmigo a subir, al más dulce de los sueños

Allí seremos los dueños, de lo que haya que sentir

Los miedos nos están aquí, se quedarán allá afuera

Aquí sólo nos espera, la emoción hasta subir…

Y entonces ya desde ahí, comprenderás lo que siento

De todo este sentimiento, que hay aquí dentro de mi

Vente Subamos los dos

Allá arriba es lo mejor…” ∞

#EE

En medio de la nada

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(Anoche en mis pensamientos se dibujaron estas letras, Pensándote…∞)

En medio de la nada, me fuí a sentar contigo

Y alrededor no había personas o testigos

Éramos tu y yo solos, sin nadie que dijera

Que aunque pasó el otoño llegó fue primavera.

No se adónde te fuiste, mientras yo ahí seguía

Esperándote triste porque tu no volvías,

Pero aunque seguía, sentada entre la nada

Mi corazón saltaba porque yo si te amaba.

No apareciste entonces y comprendí que la vida

Se trata de llegadas y también de salidas.

Me quedé aún así, mirando el horizonte

Esperando tus pasos, pronunciando tu nombre.

Y los días pasaron en medio de la nada

Y llegué a preguntarme ¿porqué no te buscaba?

Entonces me paré y a buscarte me puse

Y no pude encontrarte, se habían ido las luces.

El viento preguntaba porqué no me marchaba

Y yo le respondía que siempre te esperaba

Aunque en el fondo triste, sabía que te ibas

Y dejabas en mi, grande y profunda la herida.

También la soledad como fiel compañera

Decía que era en vano, que quedarme quisiera

Y ese banco, el mío,  con tu espacio vacío

Contaba que tú ausencia se debía al olvido.

Y ha pasado ya el tiempo, y aún sigo en la nada

El viento y soledad dan las mismas palabras

No me ido a otro lado, soy yo, quien te esperaba

Sigo siendo la misma, aquella que te amaba.

Y con ese mismo amor, sentada entre la nada

Van en éste, nuestro hoy, mis sentidas palabras…