Las Montañas y yo…

Viendo las montañas de estos días… Me descubrí como una de ellas, algo se agitó dentro de mi y pude ir entendiendo entonces un poco más, lo que siento. Quizás por su gran tamaño, identifiqué lo que a veces me mueve cuando te pienso.

Las emociones, las sensaciones, los sentimientos no saben de normas, reglas o preceptos, ellos están por ahí y nos hacen de ellos señores o siervos. Quizás son estas la vegetación que crece sobre ellas las montañas, y entre emociones y lo que siento se llenan todas mis mañanas.

Yo he sido de las que siempre ha sacado la bandera en eso de tenerlos algo dominados, bajo control, en armonía gobernados o como queramos llamarlo. Sin embargo en esta etapa de mi vida, me declaro un tanto incompotente para cada una de esas cosas, y a veces las recetas, no me resultan más que páginas rotas. Por eso a veces las montañas quedan con superficies vacías azotadas por el viento, quedan raídas de toda vida y hasta con el corazón desierto.

Me descubrí viendo esta, allí… Tranquila verde, grande y silenciosa. Como quien no siente nada, y que ni el viento la rosa, que no se agita con nada, ni con las más fuertes olas, porque ella es la montaña, grande, bella y majestuosa. Siempre pegada del suelo, de muy larga superficie, apuntando hacia lo alto, sirviendo para los pasos del que la sube, aún triste.
A veces también me ocurre así, en mi sitio, en mi lugar, sin decir o sentir nada que no se pueda soñar… Hasta que pensando en tí, puedo al mundo desafiar.

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Esa montaña es impávida, no se mueve, no se angustia. Se siente bien en lo que es, no necesita  otra historia. Allí pasará sus años, sin ninguna pena o gloria. Eso es lo que muchos queremos, estar bien acomodados, y luego cuando algo viene, nos sentimos trastornados. El estar cómodo juega a veces en nuestra contra, nos amarra, nos ahoga y el alma así no vuela, no puede sentir, no galopa.

Una montaña es tan fiel, que aunque pasen muchos años, la encontrarás otra vez cuando encamines tus pasos. A veces se ausenta la lluvia y llega así la sequía.. No florecen ya las rosas, ni risa hay en sus vías. Pero sigue siendo ella, alta, fuerte y comedida. Y si, tu mismo puedes pensar, ella siempre allí va a estar, aunque haga o no haga, total ella no dice nada (aunque creo que si digo, pero no es lo que persigo); si mi olvido la golpea, ya ella sabe, y así espera y aunque se sequen sus flores… Al final, por su naturaleza, tarde o temprano pintara y me ofrecerá nuevos colores.

También viendo las montañas, me encuentro en que también en su interior pueden suceder muchas cosas, como ocurre también conmigo. Muchas veces les vemos tan pasivas por fuera, inmóviles y resulta que son sólo un volcán dormido que puede hacer erupción cuando menos se lo espera. Así pasa con lo que puedo sentir, a veces puede estar bajo control y casi disimularlo por completo, tanto, que a veces yo misma me hago olvidar que lo siento; sin embargo otras veces sus ráfagas intensas (de lo que siento) me estremecen tanto que debo correr y estar a solas, gritarle al mar mis sentimientos, para que estos no se desborden y nadie lo pueda comprender.

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Las montañas son paso obligado para el que quiere llegar a su cúspide, usadas para tomar hasta un descanso en el largo camino, parte del escenario, pero a lo mejor no el destino anhelado, ni el lugar para que tú habites con todo lo que traes. En ese sentido, también guardamos algún parecido. Mis manos siempre están extendidas por si las necesitas para llegar o hacer lo que tú corazón desee, quizás mi compañía te haga descansar por un rato o eleve tu ánimo cuando lo necesites, lo más probable es que te “acostumbres” a verme como parte de tu paisaje, pero simplemente no es a mi a donde quieres llegar.

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Hay montañas que son tepuyes, enormes inigualables,  imponentes, como el Roraima en la Gran Sabana o también podría pensar en montañas que circundan como El Ávila en la capital…  que mientras uno esté en su zona, no hay donde esconderse, y te observan donde vayas. Quizás también soy así, aunque no omnipresente, ni con capacidad para verte y que me veas desde cualquier sitio,  mi ejercicio de buscarte me ha permitido verte desde cualquiera de las esquinas donde dejas que me asome.

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La montaña aunque de roca, también siente gran dolor
Y ser tocada en su centro con algo que llaman amor
Sólo mírala y si quieres, a su colina llegar
Por favor cuida tus pasos, que la puedes lastimar.

#EE

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