Urgencias…

A veces uno tiene urgencias…

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Urgencias de esas que hacen que el corazón corra como un potro loco, desbocado,  queriendo llegar a ningún lado o mejor dicho queriendo llegar a “ese lado”… y resulta que esa orilla se hace cada vez más y más lejos.

Urgencia por escuchar a alguien que rezaga sus palabras y las hace silentes, al menos para el mundo en el que de mis urgencias se habla… y quizás produzcas mucho ruido para el resto del mundo, en ese que me es ajeno,  pero hay urgencias que necesitan dos o tres palabras tuyas y no hay forma de que las digas… no hay forma de que yo las reciba y me pregunto ¿por qué? aunque quizás ya sepa la respuesta.

Urgencias de uno de esos roces que expresan: ¡no me aguanté y te toqué…! fugaz, imperceptible,  profundo y a la vez loco. De esas urgencias que en un segundo podrían hacerte tocar el cielo sin siquiera poner un pie en alto, de esas que me hacen imaginarte aunque no me pienses.

Urgencia de gritar un nombre, ese del que hablan los sentidos… en un grito mudo lleno de sentimiento y placeres que no me son entregados… urgencia de decirlo, de sentirlo, de que salga de adentro, de lo profundo donde te encuentras.  Y me pregunto,  si tal vez así, podría liberarme un poco de ti y de la urgencia que me provocas.

Urgencia de hacer esto… de detener el suicidio de las letras, para que no se sientan morir por no tener quien las lea, esas que son mías pero que hablan de ti en todo tiempo y que a lo mejor tú no recuerdas.

Tengo urgencia de la espera… esa a la que me has condenado,  esa que no se cuenta en tiempo de horas y hasta años,  sino de una que me habla de hechos que sueño contigo, quizás antes de que existieras en mi vida, quizás antes que mi espera en ti se detuviera.

Urgencia de que despiertes, ¡si que despiertes! Si es que duermes sin buscarme, o urgencia de que duermas y que me encuentres en tus sueños y que ya no distingas el estar dormido o despierto, pero en los míos,  en mis sueños.

En fin, esto de tener urgencias no es fácil, sobre todo cuando el camino va lento y solo hay unas pocas señales que conducen hasta ti, sin que se precise distancia o tiempo para alcanzarte… y sobre todo porque a veces, como hoy en medio de estas urgencias,  no se si realmente yo te importe…

Estas urgencias se vuelven mis verdugos, y tú, eres lo único que logro distinguir entre la hoz y sus manos…

Tengo urgencia de ti y estás ausente!

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